Probablemente con más carbón para algunos, y quizás también con los sacos de regalos algo mermados respecto de otros años, pero todo parece indicar que como manda la tradición Sus Majestades los Reyes de Oriente vuelven a visitarnos en breve…
Como a cualquier zagalico de ahora, la Noche de Reyes me mantenía en vela ilusionado por recibir mis regalos, y recuerdo vivídamente de algunos años el momento concreto en que los abría con el corazón en vilo hasta comprobar que los reyes de nuevo se habían portado bien conmigo.
Es ahora cuando pongo la vista atrás, y siento un agradecimiento infinito a Sus Majestades, que durante años se preocuparon de que no me faltara de nada pero que a la vez no me dedicara a ir por la vida almacenando objetos sin apenas usarlos, además de por mí, por los otros niños que por muy diferentes causas no tenían la oportunidad de visitar…
Aunque evidentemente el carácter también influye en ello, la verdad es que lo aprendido aquellos años me ha hecho tener mucho desapego por acumular pertenencias.
Así que en general si preveo que voy a usar poco algo directamente evito adquirirlo, con independencia de que posteriormente me guste acumular cacharros y recuerdos de una manera casi enfermiza…
Como aplicación práctica de esta forma de entender el consumo, por ejemplo, de pequeñico combinaba mi afición a los tebeos con la optimizar mi inversión en los mísmos dedicándome a cambiar los que ya había leído por otros usados sin leer en un quiosquilo de la feria de Los Alcázares muy cercano a nuestra casa de veraneo.
Y es que el estoico quiosquero (Paco creo recordar que se llamaba) era capaz de aguantar hasta casi media hora repasando tebeos de páginas amarillentas y quebradizas a chavales como yo por unas tarifas que iban desde los dos duros para los comics de pequeño formato, como el Don Miki por ejemplo, hasta los cinco duros ( de los de la Colección Olé ), pasando por los tres duros de los de la Marvel.
Y es que el estoico quiosquero (Paco creo recordar que se llamaba) era capaz de aguantar hasta casi media hora repasando tebeos de páginas amarillentas y quebradizas a chavales como yo por unas tarifas que iban desde los dos duros para los comics de pequeño formato, como el Don Miki por ejemplo, hasta los cinco duros ( de los de la Colección Olé ), pasando por los tres duros de los de la Marvel.
No sabría decir cuántos tebeos me leí de esta manera, pero todavía quedarán en la casa de la playa un par de docenas, y la verdad es que no recuerdo que nunca me diera pena desprenderme de alguno de ellos.
Años más tarde y ya de adulto, aprendería también que reflejamos lo que somos en todo lo que hacemos, y que los comics no son una excepción a ésto. Como contrapartida a una mayoría de superhéroes americanos fuertes, inteligentes e intrépidos, salvo honrosas excepciones en los tebeos nacionales de mi infancia predominaban los torpes, pícaros y en general tristes perdedores. La verdad es que da que pensar….
Así que cuando oigo de iniciativas como la excelente bookcrossing, le deseo de corazón toda la suerte del mundo en nuestro país.
Casi tanta como la que le desearía al optimista emprendedor que establezca un sistema de venta de prensa como el de otros países en el que coges libremente tu periódico y voluntariamente lo pagas en un cacharico destinado a tal efecto. ¿O no?
Un abrazo y espero que los reyes se porten bien con vosotros.
Santi.



