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lunes, 9 de diciembre de 2013

'A la vuelta de la esquina...'


Aún lejos de los cuarenta y me estoy haciendo un batallitas insufrible, lo sé. No quiero ni pensar cómo voy a ser de viejo si llego, pero es que me encanta daros la tabarra con los miles de temas, aficiones o inquietudes que rondan mi cabeza, en fin….

Esta entrada la llevo en mente hace semanas, sin un momento de sosiego para escribirla como a mí me gusta, o sea, sin prisa, con fanta zero (mi genial profe de relatos dice que no es bueno drogarse ni beber para escribir) y mi lista de favoritos de Spotify puesta.

Así que hoy quisiera compartir con vosotros los mejores deberes que he tenido que hacer en los últimos años. Concretamente hace un par de ellos, estudiando estrategia aplicada al mundo empresarial me mandaron resumir las ideas que prefiriera de un fantástico documento que se llama ‘La lista de HBR Ideas innovadoras para 2006.’ Evidentemente la mayoría de ellas eran fundamentalmente relacionadas sólo con el mundo de los negocios, pero otras, en mi opinión las más valiosas también eran extrapolables a nuestra vida personal.

La primera que me gustaría comentar es que según algún premio Nobel el rasgo personal más valioso para el siglo XXI es la capacidad de sintetizar (*). Aunque muchos sabéis que la información generada por la acción humana crece exponencialmente, enfrascados en nuestras vidas diarias, no somos realmente conscientes de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, y sólo podemos sentir vértigo si nos informamos aunque sea un poco sobre el tema. Para que os hagáis una idea, existen muy diversas estimaciones por la red, y a modo de ejemplo algunas ilustran que si consideramos como base la cantidad de información generada por la totalidad de la humanidad hasta 2003, en 2011 esa cantidad se generaba….: ¡Cada dos días!

En definitiva, en el artículo se cita como fundamental saber decidir adecuadamente los criterios bajo los cuales se debe discriminar la información considerada esencial de la que será descartada. Y en resumen, afirma que los líderes serán aquellos que sepan  sintetizar percibiendo relaciones y anomalías que no siempre serán obvias, teniendo por tanto mayor probabilidad de tener ideas y enfoques imaginativos e innovadores.

La segunda y última, se titulaba ‘Riesgo, incertidumbre y duda.’, y desarrollaba estos puntos cruciales en la toma de decisiones, ordenados por dificultad creciente al abordarlos.

El riesgo, explicaba el artículo, se refiere al aspecto expresable en términos probabilísticos de la gestión de lo que desconocemos. Se me ocurren infinidad de ejemplos en nuestra vida diaria, como pueden ser los juegos de azar; a su vez, en el mundo empresarial hay departamentos enteros en grandes bancos y multinacionales dedicadas a los aspectos calculables de análisis de sus futuras inversiones.

La incertidumbre por el contrario, es sencillamente incalculable, y no hay base científica que permita hacerlo, por lo que las relaciones causa-efecto son cada vez más difíciles de descubrir. Actualmente vivimos en un entorno de creciente incertidumbre, entre otras cosas porque el comportamiento de los agentes económicos en un mundo cada vez más globalizado dista mucho de ser racional, siendo predominantemente emocional. Sobre incertidumbre sobran los ejemplos, pero pensad en los efectos en vuestras vidas de lo que hagáis mañana.

Finalmente, la duda también nos espera a la vuelta de la esquina y aparece cuando no existe ningún resultado adecuado, cuando inevitablemente hay que escoger entre dos soluciones malas, o entre diversas opciones que aun siendo buenas acarrean todas ellas desagradables efectos. A modo de ejemplo muy ilustrativo imaginad a un padre aguantando a sus dos hijos en un precipicio con ambos brazos, siendo consciente de que sólo tiene fuerza para salvar a uno. A nivel global la duda está presente en el crecimiento sin control de internet, en la modificación genética de los seres humanos o la tan vigente drástica elección de los estados entre seguridad colectiva y libertad individual.

Y es que amigos, aun sin planteárnoslo la mayoría de nosotros vivimos marcados en mayor o menor medida por la aversión al riesgo y la incertidumbre. No me podréis negar que muchos queremos por ejemplo practicar deportes de riesgo sin riesgo, siendo esto una forma más de autoengaño. La duda, a su vez implica aceptar las diferencias entre los valores en base a los cuales tomamos las decisiones. En este sentido, no tener claros nuestros valores en las decisiones trascendentes de nuestra vida nos aboca a un fracaso casi seguro.

Saber lidiar con todos, implica aceptar las consecuencias de nuestras decisiones y, en definitiva, tomar las riendas de nuestra vida.
(*) Si no me creéis, probad sólo a leer lo escrito en negrita.

lunes, 20 de febrero de 2012

'De raticos frente al espejo y la atención que no me prestas.'

‘‘Buenas tardes, soy Santiago Paredes, y como le ha adelantado mi compañera B. les voy a desarrollar el aspecto blablá de nuestro proyecto blablá…….
Como pueden ver ese porcentaje bla  va aumentando bla …..
Bla…. Bla…..
Ya finalizando, en base a todo lo explicado bla bla…..
Muchas gracias.’’
            Afortunadamente para mí, el espejo de mi salón no bosteza, porque me tocó ensayar la exposición de mi proyecto fin de máster alguna que otra vez.
            Lo primero que perseguí además de atemperar el miedo escénico, era la coherencia de la exposición, para posteriormente intentar que entrara en el tiempo marcado para cada una de las intervenciones tanto mía como de mis compañeros.     
            No sería hasta entonces, casi treinta años después de mi escolarización, cuando al hacer estos estudios de postgrado me daría cuenta de que había invertido dos décadas de mi vida en formarme bajo un sistema educativo que, si bien tenía una importante carga de contenidos, apenas se había ocupado de formarme para transmitirlos de una manera sintética, ordenada y entendible.
            Resulta que la gente tiene la ‘mala costumbre’ de recibir de tí la información que previamente le hayas transmitido, o mejor dicho, de la que hayas transmitido, la que le parezca además de entendible, medianamente más interesante que echar una cabezadita, o pensar en la lista de la compra que tiene que hacer cuando termines.
Por todo esto que os comento, me faltó aplaudir ayer cuando recién desayunado salí por la playa a dar mi habitual paseo dominical con el programa de la Gemio en la radio.
Estaba la famosa locutora entrevistando a Manuel Campo Vidal con motivo de su último libro, que se titulaba precisamente “¿Por qué los españoles comunicamos tan mal?”, ocasión que el veterano periodista aprovechaba para desgranar una a una cantidad de interesantes ideas que suscribo en su conjunto, como que en general es tan importante o más saber vender que lo que vendemos, haciendo alusión directa al título de su obra. Algo que por otra parte se antoja fundamental para los tiempos venideros de creciente internacionalización de trabajadores y empresas españolas en el marco de la actual crisis.
Me despido con la esperanza en la improbable incorporación a todos los niveles educativos de unos contenidos mínimos de oratoria.
Entretanto, los gerentes de los bares de copas se frotan las manos…


Un abrazo.
Santi.

viernes, 9 de diciembre de 2011

'Recetas, recuerdos y trenes que que se perdieron.'

Le encanta gruñir por todo y de todos como seña de identidad.
Hace tiempo que frecuento su pequeño local.
No se puede decir que a diario, pero es rara la semana que no aparezco a tomar el primer café de la mañana, o alguna tapa rápida a unas horas más próximas a las de merienda que a las de la comida cuando las fechas de la entrega de alguna presentación de proyecto me apremian.
Esta forma de ser tan suya, me genera cierta simpatía, pues pienso que en general los gruñones y antipáticos, a peor no van a ir y en su mayoría son gente con buen fondo de armario moral.
En cualquier caso, sumando a mi timidez galopante muy pocas ganas de polemizar, la verdad es que apenas intercambio palabras con él, y una vez allí (suelo ir solo) me dedico al periódico o a hacer como que miro la tele.
Por todo ello cuando me dijo aquel día estando los dos solos que aquella tapa que me ofrecía para comer le gustaba mucho a un ser querido que ya no estaba, no pude articular palabra.
-- o –
Aunque acabábamos de comenzar las clases particulares de inglés y apenas nos conocíamos, no había motivo para no ir caminando juntos hasta el metro, pues íbamos a tomar la misma línea.
Aquella chica tenía mi edad, y era universitaria como yo en aquella época.
Hace ahora una década y no recuerdo cómo empezó la conversación, pero sería informal hasta llegar a la parada de metro, se iría haciendo más íntima al bajar las diferentes escaleras mecánicas, y para cuando nos sentáramos a esperar el tren en un banco de la estación, sus ojos se tornarían vidriosos y no podría hablar sin dejar de emocionarse.
Me estuvo contando sus difíciles circunstancias familiares y personales hasta que se serenó. Me imagino que además de escucharla, lo que le pudiera decir le sirvió de alivio.
No recuerdo cuantos trenes pasaron delante nuestro …
-- o –

Aquel fin de semana en el máster se impartía el módulo de ‘Inteligencia emocional.’.
Recuerdo haber leído embelesado el libro del mismo nombre en mi época de estudiante. Con él desarrollé incluso la típica habilidad madrileña de caminar leyendo en los trasbordos de las diferentes paradas de metro.
Como en cualquier otro, es posible que este módulo no nos importara a todos por igual…
El profesor, un importante ex-directivo jubilado agitaba conciencias deliberadamente con preguntas  políticamente incorrectas, haciendo de la ironía una herramienta pedagógica más.
En un momento de la clase pregunta:
- ¿Alguien tiene alguna habilidad, algo que haga bien?
- Sí. (risas).
- Y además.. ¿Nos la podrías decir?
- Ah, sí. Genero confianza.
- Mmmm Bueno.


domingo, 4 de diciembre de 2011

'De ranitas y leñadores: Mi MBA'

-       ¿La parte filosófica?

-       Sí, la parte filosófica, en el máster, además de las herramientas administración financieras me enseñaron muchos principios  de gestión válidos tanto para la vida profesional como para la personal, sobre todo en la parte de estrategia y recursos humanos…

Supongo que esta respuesta me ha tocado darla últimamente  con cierta frecuencia, a todos aquellos que os habéis interesado por el máster  de administración y dirección de empresas (MBA) que acabé este verano con no pocos esfuerzos, pero eso sí, con muchas más satisfacciones…
Tras pasar la entrevista inicial en Julio del año pasado y comenzarlo en Octubre de aquel año, hasta finalizarlo en Julio de este año, han sido unos meses intensísimos de muchas horas de clase, todo tipo de trabajos tanto para entregar como para presentar en clase. Y lo último y más importante: conocer a una treintena de excelentes compañeros a los que ahora considero amigos, con los que pasé muchas más horas que con mi propia familia, compartiendo además de tantas y variadas tareas, muchos buenos ratos tanto en el campus de Espinardo como por el centro de Murcia, viviendo de alguna manera un año casi universitario, en mi caso, una década después del último años de carrera…
Acabado el curso y con cierta nostalgia… ¿Qué me queda de la filosofía que os comento? Brevemente os resumo algunas ideas de ciertos módulos por si os fueran de utilidad,  en vuestra vida tanto profesional como personal..
  • Estrategia: Las empresas tienen alma en forma de objetivos (visión), planteamiento de la forma de conseguirlos (misión), y unos valores que mantener por el camino. Deben definirse con precisión para que todos los esfuerzos vayan en la dirección de conseguirlo… (*)
  • RR.HH: No importa tanto lo que haces (aptitud) sino cómo lo haces (actitud), qué valor aportas a tu puesto que no aportarían otros…
  • D.Financiera: ‘Si te escondes del riesgo, también te escondes de las oportunidades’ (J.P. Morgan).
  • Marketing: La regla nemotécnica MICASO para recordar con facilidad las motivaciones de compra y que se traduce en Moda, Interés, Comodidad, Afecto, Seguridad y Orgullo.
  • Habilidades Directivas: “… Si tuviera 8 horas para cortar un árbol, 6 de ellas me las pasaría afilando mi hacha.” (Abraham Lincoln), sobre la preparación. Y finalmente la excelente historia de la ranita en agua hirviendo sobre la importancia de no posponer decisiones, dejándonos llevar por una realidad cotidiana que nos a priori nos resultáis, aunque incómoda, soportable….
Espero no haberos aburrido mucho.
Un abrazo.
Santi.
(*) Por si tenéis más curiosidad, aquí os dejo como ejemplo los enlaces a la misión, visión y valores  de algunas conocidas marcas comerciales:

domingo, 9 de octubre de 2011

Zumo de pomelo

(Publicado en facebook 3/04/2011)

¿No os pasa a veces que os llama la atención algo de manera recurrente?

        Si me dijerais ésto tomando cervecitas, os diría que es pura estadística, que como al cabo del día nos pasan y pensamos cantidad de cosas, no es nada raro que algo se repita. También os pondría el famoso ejemplo de cuando estás pensando en alguien y te llama en ese instante, y piensas que es algo maravilloso, casi místico. Ante eso, yo os diría:

''-Sí, vale, pero cuántas veces al cabo del día piensas en alguien y no te llama. La probabilidad de que pienses en alguien y te llame es muy pequeña, pero como todos los días pensamos en muchas personas, no es raro que más tarde o más temprano ocurra.''

         Bueno, pues como últimamente me ha dado por pensar que ser coherente está sobrevalorado, y más desde que leí un texto de la Posadas, en el que explicaba que las personas reaccionamos de manera cambiante ante un entorno cambiante y no hay que darle muchas más vueltas intentando encasillar a la gente que vamos conociendo (la llamaba la ‘teoría de Julio Iglesias’) os diré que a mí últimamente, los zumos me persiguen, y cito los siguientes hechos:

  • Mi madre me regaló la semana pasada un bolsa de pomelos estupenda, y con mucho gusto los voy convirtiendo en zumo los días que me levanto con tiempo.

  • Esta semana comentaba con los compañeros de proyecto del máster que estoy cursando  si era conveniente incluir a las empresas que hacen zumos en nuestro estudio de un producto asociado al sector hortofrutícola.

  • También una noche de esta semana, me llamo la atención lo que me comentaba una amiga, y es que su padre madrugaba y le hacía zumo entre semana y se lo dejaba en su mesilla de noche para que lo bebiera nada más despertarse.

  • Ayer por la mañana nos tocó también en el máster hablar de los aspectos innovadores que aportó a sus zumos una empresa regional, al ser la primera que los elaboró sin usar concentrados y los comenzó a comercializar refrigerados.

  • Por la tarde me eché en el sofá y en una serie, una chica le comenta a un chico que podía haber sido su pareja, que las familias y, en general la gente que se quiere, se preparan zumos unos a otros (me puse tierno, no lo voy a negar).
         
          Ya para acabar, esta mañana de domingo estaba tranquilamente preparándome mi zumo de pomelo para el desayuno mientras escuchaba a la Gemio en la radio, y me ha dado por pensar, que aparte de dejar esta fruta un olor fantástico en la cocina, y tener su zumo un sabor floral excelente (bueno, aun cuando sale muy ácido te despierta antes que el café), no es un cítrico de consumo masivo como pueda ser la naranja o la mandarina.Y como mi cabecica no para (y menos en vacaciones), me ha dado por pensar en la cantidad de cosas buenas que tenemos al lado y no disfrutamos, bien por desconocimiento, a veces por prejuicios, y otras simplemente porque no le dimos tiempo para que nos gustaran………

Un abrazo.

Santi.