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viernes, 10 de abril de 2020

'Rara avis.'

      Se atribuye la expresión latina ‘‘rara avis in terris nigroque simillima cygno’’ a Juvenal, poeta romano del siglo I, que se traduce en castellano como ‘‘un ave rara en la tierra, y muy parecida a un cisne negro’’. En el s. XVII era una frase común en Londres como ejemplo de imposibilidad o inexistencia, basaba en el hecho de la ausencia de observaciones de dicha ave hasta la fecha. Sin embargo, tras su descubrimiento en Australia por parte de una expedición holandesa en 1697, su significado se asoció a la posible refutación de una imposibilidad percibida a priori.

      Con estas premisas, el filósofo Nassim Nicholas Taleb se serviría de dicha metáfora para titular su ensayo de 2007 ‘‘El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable.’’, en el cual analiza los rasgos comunes de una serie de sucesos que tienen las siguientes características: son sorpresivos para quien los observa, tienen un profundo impacto socioeconomico, y debido a su impredicibilidad sólo pueden racionalizarse de manera retrospectiva. Cumpliendo estos requisitos, ejemplos recientes de sucesos cisne negro son la primera guerra mundial, internet, o los atentados del 11-S, los cuales, como consecuencia de su alto impacto, tienen un papel relevante en la historia.

      Sin embargo, el autor considera que la actual pandemia de coronavirus no encaja en su definición, pues entiende que sí podía preverse, circunstancia que encuentro  discutible sin negar la evidencia científica de su predicibilidad, pues su definición incluye la perspectiva del observador (en su libro pone como ejemplo que los atentados del 11-S eran impredecibles para la mayoría, pero no para los terroristas suicidas), de manera que podría deducirse que, tras analizar el comportamiento de los distintos estados ante la crisis, para unos podría serlo, y para otros no.

      En cualquier caso, Nassim Taleb no pretende en su libro aportar ideas para predecirlos, sino que recomienda planificar robustez para afrontar sus consecuencias negativas y aprovechar las positivas cuando sucedan. Asumiendo entonces que, por estar inmersos en él, de este suceso sólo nos queda padecerlo, el conjunto de ensayos que he ido leyendo los últimos años, más mis propias reflexiones, me inclinan a pensar que la crisis generada por la pandemia va a ser prolongada en el tiempo, y profunda en sus consecuencias.

     En relación con su desarrollo temporal, me baso en mi definición favorita de crisis, según la cual éstas ocurren cuando lo viejo no termina de irse, y lo nuevo no termina de llegar (la frase original del filósofo italiano Gramsci, bastante más tenebrosa, sería: ‘‘El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos’’). Y dado que creo con firmeza que los cambios que van a suceder van a ser numerosos, afectando a un elevado número de personas, estados y empresas, con intereses en muchos casos contrapuestos, no preveo un proceso de cambio rápido a la nueva realidad pospandémica. 

      Sobre su profundidad, leía a Yuval Harari hace días en un artículo en el Financial Times plantear una doble dicotomía para los próximos años: la primera sería la elección de los estados entre vigilancia totalitaria basada en la tecnología (con un serio menoscabo de las libertades individuales), o empoderamiento ciudadano, basado en la confianza en comportamientos responsables; la segunda a su vez consistiría en la decisión entre aislamiento nacionalista de los estados, o cooperacion internacional. Desconozco qué va a ocurrir, pero intuyo que, en los próximos años los estados, mediante una mayor intervención en sus economías, recuperarán cuota de poder frente a las grandes empresas de ámbito mundial.

     Tras el análisis del contexto global, en la esfera de lo personal, como gran parte de la sociedad, asisto a los acontecimientos diarios, además de sobrecogido por la tragedia de tantas pérdidas personales, con la fascinación de quien sabe que está viviendo algo trascendente, y soy consciente de que vendrán tiempos muy difíciles, porque una de las principales ideas que hace años se me grabaron de la lectura de ‘‘El cisne negro.’’ es el error de confirmación, que viene a consistir en el autoconvencimiento de que algo no puede ocurrir mañana, por deducción de que no ocurriera ayer o anteayer. En este sentido intento, además de no perder la capacidad de sorprenderme, no preocuparme demasiado, siguiendo el consejo de uno de mis vídeos favoritos (‘‘Sunscreen.’’): ‘‘Don't worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum.’’. Como la mayoría de vosotros, en los próximos meses o años, tal vez tenga que afrontar la duda, entendida como la necesidad de toma de decisiones cuando inevitablemente hay que escoger entre dos soluciones malas, o entre diversas opciones que, aun siendo buenas, acarrean todas ellas desagradables efectos. Afrontar algo así, que con toda certeza implicará renuncia, me requerirá en su momento una revisión profunda de mi escala de valores.

     A nivel sociológico, una de las primeras cosas que me planteé desde los primeros días de confinamiento, era cómo afectaría esta crisis a ese colectivo creciente que integramos los que vivimos solos en general, y a los mayores o desfavorecidos en particular. Es demasiado prematuro obtener conclusiones, pero quiero ser optimista, y apelando a nuestra particular idiosincrasia patria, me gustaría pensar que se están extendiendo las redes sociales de ayuda hacia los más necesitados, entre los que se incluyen estas personas.

      En el ámbito cultural, tampoco está exento de cierta gracia lo malos que fuimos visualizando futuros apocalípticos (en general somos nefastos imaginando cualquier futuro, como bien se explica en el libro ‘‘Tropezar con la felicidad.’’), quizás contaminados por libros o películas con tramas mucho más emocionantes (para la población en general, de la que exceptúo a todos los héroes que se juegan la vida a diario para que estemos sanos, seguros y abastecidos, a los que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos), en las que a priori nos hubiera parecido inverosímil la extraña fijación de las masas por el papel higiénico, la levadura, o por ponerse a hacer ejercicios, o recuperar costumbres que en su puñetera vida habían practicado. En todas aquellas producciones culturales, el foco estaba en el contexto, siendo la pandemia en sí la protagonista absoluta de las tramas. En cambio, a partir de ahora, en los próximos años, a buen seguro surgirá una explosión de pintura, literatura, cine o teatro pospandémicos, donde la epidemia pasará a ser contexto, como un decorado más, frente a lo esencial, que serán los acontecimientos en las vidas de los personajes intervinientes. 

      Por aquello tan importante de no perder nunca el humor, tan esencial por su naturaleza catártica, finalizo comentando que me enorgullece formar parte de un país en el que su población se organiza para aplaudir o improvisar música, frente a otros en los que se disparan las ventas de armas. Los tiempos que viene no serán fáciles, pero con vuestra compañía, se harán más llevaderos.

      Besos y abrazos virtuales para todos.
      Cuidaos mucho.


Fuente: Wikipedia: Cygnus Atratus Singapore.jpg. 
Img by Calvin Teo 





viernes, 16 de diciembre de 2016

'De noticias mágicas y arruguicas en la frente.'

En un mundo marcado por avances tan frenéticos, me gusta leer frases de eminentes pensadores que se pueden considerar atemporales, permitiéndome tomar algo de perspectiva que me ayuda a entender e interpretar la época en la que me ha tocado vivir. Así por ejemplo, la tercera ley sobre el avance científico formulada por el escritor británico de ciencia ficción Arthur C. Clarke dice así:


‘‘Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.’’


Cuando supe de ella hace años ya me pareció fascinante, y al menos en mi caso, mi primera imagen mental es prospectiva, es decir, me imagino una especie de ‘Regreso al futuro.’ con personas de nuestro presente avanzando en el tiempo, pero con unos avances tecnológicos que superan ampliamente a los de la película. Otra posibilidad que también me sugiere la ley es un escenario retrospectivo, como el que se escenifica en la comedia de los noventa ‘Los visitantes no nacieron ayer.’, en el que habitantes de una época medieval aparecen en el presente. Si bien, en definitiva, me queda claro que el concepto de ‘magia’ al que se refiere la ley tiene mucho que ver con el contexto del observador.  


Sin embargo, lo que creo que hace especial nuestro presente es que estamos viviendo una aceleración de los avances científicos y tecnológicos sin precedentes en la historia de la humanidad, de manera que, en pocas décadas el salto temporal necesario para que lo que hoy consideraríamos magia sea una tecnología consolidada puede ser cada vez más pequeño, y las consecuencias sociológicas y filosóficas que esto implicará me hacen especular en toda una suerte de distopías a cada cual más variopinta, en especial porque pienso que, llegarán tarde las medidas necesarias que deberán tomar unas élites políticas que están cada vez más alejadas de la realidad (con mención especial para nuestro viejo continente).


Mientras que se aproximan todos estos sucesos que espero en un futuro cada vez más próximo, disfruto leyendo artículos sobre el tema, a la vez que me distraigo con novelas distópicas (la última que he terminado, ‘Ready player one.’ os la recomiendo con fervor), y visionando series como la maravillosa ‘Black Mirror’ . Y por supuesto, también intento identificar entre los artículos de ciencia que se publican a diario en los medios de información, el germen de los avances que, podría considerar ‘magia’ en un futuro no muy lejano.


A modo de ejemplo de esto último, en este 2016 que ahora acaba me han llamado particularmente la atención dos noticias:


  • El motor EmDrive (que parece violar las leyes de la física) aparentemente genera impulso en el vacío,sin combustible ni partes móviles.




En base a primera no me cuesta imaginar un salto cualitativo en la potencialidad de los viajes estelares; pero la segunda me provoca un aluvión de suposiciones de diversa índole, que se solapan y aumentan mi habitual desapego de la realidad, que tantos despistes cotidianos me cuesta.


A nivel sanitario considero que la posibilidad de revertir el envejecimiento en un futuro próximo supondrá un hito crucial en la historia de la medicina, como en su día pudiera ser la asepsia quirúgica. A nivel filosófico, más pronto que tarde, este avance, junto con otros relacionados con la ingeniería genética, nos supondrán conflictos relacionados con la bioética por afectar a nuestra naturaleza mortal, de la que hasta ahora formaba parte el envejecimiento. Y finalmente, como los tratamientos en humanos que de esta técnica se deriven, serán en principio accesibles sólo para las élites económicas, tiendo a pensar que en un mundo en el que los ricos no envejecen se acelerarán las desigualdades muy por encima de los niveles actuales, ya de por sí insostenibles.


En cualquier caso, mientras llega el tratamiento, conservaré mis arrugas en las frente, como recuerdo de tantas veces que soñé despierto….


arrugas.jpg
Retrato cortesía de mi sobrina de cinco añicos, 
que me quiere con mis arrugas y todo.

martes, 5 de mayo de 2015

'Explorando la despensa.'


          Entre los muchos motivos que puede tener cualquier persona para considerarse afortunada, no suele faltar sentirse querida por buenos amigos. Si además, como es mi caso, pertenecen a ámbitos muy diferentes, las ventajas se multiplican por permitir asomarse a otras realidades y formas de pensar diferentes a la nuestra.



Las aficiones no son una excepción a esto, y cuando coincido con algún amigo que me explica con pasión algún hobby que me es ajeno, a veces me siento como un niño que en la cocina, de puntillas, levanta la vista hacia una despensa abierta, buscando con la mirada entre frascos y latas de variados colores algún pequeño tesoro como pueda ser una chocolatina, quizás alguna galleta apetecible, o un bote de crema de cacao.


En mi caso, os puedo comentar que me encanta que me hablen de  deportes que aún no he practicado, o géneros literarios a los que me he acercado poco o nada. De los últimos por ejemplo, uno de los que apenas he frecuentado (salvo varias novelas distópicas como puedan ser ‘1984.’, ‘Un mundo feliz.’ o ‘Fahrenheit 451.’) es el de la ciencia ficción. Aunque en el cine no me pierdo película fantástica alguna, tengo que reconocer que leer las obras maestras del género es una de mis asignaturas pendientes. Ayudado entonces por la riqueza de detalles de las explicaciones de mis amigos, imagino que serán del tipo de novelas que, una vez liberadas de muchos condicionantes de tipo histórico o cotidiano, permiten desarrollar tramas en las que se abordan cuestiones existenciales de primer orden, muchas veces en forma de grandes retos del futuro.


Como no puede ser de otra manera, uno de los temas centrales que aparecen en estas novelas, es la existencia de vida extraterrestre, su grado de evolución y por supuesto, su actitud para con nosotros. Me inclino a pensar, que en caso de que apareciera alguna especie visitante, por el hecho de habernos encontrado estaría en posesión de un avance tecnológico muy superior al nuestro, y probablemente no fuera muy amigable, por resultarles insignificantes como especie. En definitiva, no nos tratarían mucho mejor que nosotros lo hacemos con gran parte del reino animal y vegetal. Imagino que la clave de que pudieran sentir algo de empatía que les generara compasión, estaría directamente relacionada con la capacidad de comunicación entre ambas especies. Me vienen a la mente entonces un par de los variados conceptos acuñados por el autor del conjunto de novelas de  ‘La saga de Ender.’, en particular ‘ Ramen ‘ que serían miembros especies de otros mundos con los que es posible la comunicación y al menos potencialmente, la coexistencia pacífica, y ‘Varelse’, que sería también especies de otros mundos, con los que con independencia de su inteligencia, no es posible la comunicación, por lo que sería justificable una guerra en defensa propia. Pero lo verdaderamente valioso es que se trata de conceptos que dependen totalmente del punto de vista del juicio y madurez del que los establece, de manera que una misma especie podría ser considerada como ramen o varelse en función de la especie que la juzgue.


Bajando a cuestiones más terrenales, y como ocurre con tantas reflexiones inducidas por el género, no resulta muy difícil encontrar analogías con el mundo en el que nos ha tocado vivir, en el que tenemos acceso inmediato a verdaderas atrocidades en tiempo real con independencia del lugar en que se produzcan. No sorprenden entonces al leer sobre la naturaleza violenta humana ejemplos como la cárcel simulada por alumnos de la Universidad de Stanford repartiéndose los roles de prisioneros o guardias. En aquel experimento los maltratos reales que se produjeron hacia los encarcelados, comenzaron por comenzar los carceleros a reclasificarlos como ‘no personas’. Por el contrario, podemos encontrar curiosos ejemplos para la esperanza como el que se cita en ‘La tabla rasa.’ acerca de la participación de George Orwell en la guerra Civil española, que vio a un hombre corriendo por su vida medio desnudo sujetándose los pantalones con las manos, ‘Me reprimí de dispararle- escribía Orwell-. No disparé en parte por ese detalle de los pantalones. había venido a matar fascista; pero un hombre que trata de que no se le caigan los pantalones no es un fascista; evidentemente es una criatura amiga, un semejante.’ La clave en ambos casos está en incluir o expulsar a los extraños de nuestro círculo moral, con independencia de que seamos conscientes o no de ello.    


Así que supongo por todas estas cosas que  la empatía, además de facilitarnos buenos ratos entre amigos, sería deseable que llegará ser unos de los pilares de cualquier sistema educativo que forme personas.


Bueno, os dejo, voy a buscar algo a la cocina.

martes, 10 de marzo de 2015

80 / 20



Son muchos los motivos por los que me apasiona un taller de escritura de relatos al que asisto desde hace unos meses y que pronto finalizará.


Entre otras cosas, me ha permitido leer una bibliografía selecta escogida con excelente criterio por mi polifacética profe. También coincidir con buenos compañeros con los que analizarla  y, por supuesto, intentar escribir algún relato decente que compartir con ellos a la vez que vamos leyendo los suyos, que están resultando ser magníficos e inspiradores, todo un ejemplo para esforzarme en mejorar.


Además, si hay algo que le agradezco es asignarme fecha, obligándome a poner literalmente el culo en la silla para preparar algo que leer en clase, volviendo a comprobar empíricamente una vez más el ‘Principio de Pareto’, algo que ya había aplicado para orientar esfuerzos en otros ámbitos de mi vida, especialmente el profesional.


Para los que no la conocéis, fue planteada por el sociólogo, filósofo y economista italiano en términos de porcentajes de distribución de la pertenencia del poder y riqueza en la sociedad (afirma que un 20%  ostenta la posesión del 80%). Sin embargo, de forma más amplia, también se puede resumir de manera coloquial en que el 20% de las causas de algo es el responsable del 80% de los efectos.


Así, con la premisa de que conocemos ese reducido grupo de acciones que origina la mayoría de las consecuencias, podemos obtener un rápido rendimiento en cualquier tarea o proyecto que nos propongamos, ya sea profesional o personal.


Si os parece demasiado abstracto, pensad por ejemplo en lo fácil que es perder los primeros kilos siguiendo un régimen alimenticio  adecuado, dejar de fumar la primera semana, o con el conveniente entrenamiento, mejorar los primeros tiempos cuando se empieza a correr….


Una vez que tenemos una mejora rápida obtenida con un rendimiento excelente en base a un esfuerzo correctamente orientado, nos invade la duda propia de cualquier jugador de casino que ha tenido una buena noche:


¿Cuando paramos?


Salvo que seamos unos optimistas irredentos embaucados por la ingente bibliografía de la psicología positiva (que en muchos casos tanto daño ha hecho), conscientes de que tenemos tiempo y talento limitados, comenzaremos a intuir que el camino que nos queda es mucho más complicado y requiere unas ingentes cantidades de esfuerzo.


Entre otras muchas opciones, algo razonable podría ser quedarse en el tramo inicial de casi todo lo que comenzamos obteniendo éxitos moderados a un coste muy razonable, porque así nos sobrará tiempo para encontrar nuestras verdaderas pasiones, aquello por lo que merezca la pena dejarse la piel por el camino para llegar a lo máximo a lo que podamos aspirar.
 
También habrá quien se machaque por igual en todas y cada una de sus metas, sin valorar demasiado los recursos que va consumiendo por el camino, ni la prioridad relativa de sus potenciales logros.


Me imagino que, tarde o temprano, cada persona encontrará su receta.


¿Y tú, la encontraste?
 







martes, 10 de febrero de 2015

'La distancia.'

A pesar de saber con anterioridad de su existencia, creo que sería unas semanas antes de navidades mirando en unos grandes almacenes varios modelos de portátiles, cuando prácticamente me topé por primera vez con una televisión en alta definición con pantalla curva.
No pude evitar pararme para comprobar si había habido con estos nuevos aparatos un salto cualitativo considerable en la calidad de la imagen. Supongo que así era, y el hecho de que además para su diseño se hubiera decidido curvar la pantalla con el propósito (intuyo) de generar una sensación envolvente del visionado, me hizo pensar que no está tan lejos el día en que su imagen se logre hacer indistinguible de la realidad.
Seguramente en la batalla tecnológica por lograr entornos artificiales hiperrealistas, irán siempre por delante de la televisión los sistemas de realidad virtual, o los generadores de hologramas, pero con independencia de que la finalidad próxima de cada una de las empresas desarrolladoras de estas tecnologías sea aumentar sus ventas ( y en definitiva sus beneficios), no me queda tan clara la finalidad última de este progreso tecnológico en particular.
Puedo llegar a entender que estas futuras simulaciones nos permitirán infinidad de aplicaciones que incluso ahora nos costaría imaginar, pero a la vez me preocupa que el creciente interés de interaccionar on line (en detrimento de las relaciones sociales convencionales), nos haga preocuparnos más por lo lejano, generando distancias insalvables  con quienes tenemos más cerca.
Si alguna vez os habéis sentido solos, aislados por un muro invisible, en alguna reunión social en la que los asistentes estaban más pendientes de sus smartphone que de vosotros, sabéis a lo que me refiero.   
Ya nadie duda de que fenómenos surgidos en entornos virtuales como las redes sociales están cambiando progresiva e irreversiblemente la forma de relacionarnos. Actualmente podemos comunicarnos en tiempo real con personas en cualquier parte del planeta, y por supuesto, reducir distancias emocionales al hacerlo con nuestros seres queridos. En definitiva emitir cualquier información por buena, mala trascendental o irrelevante que sea. También acceder a cantidades ingentes de documentos de una manera con la que no hubiéramos soñado hace no tantos años.
A pesar de todas estas fantásticas ventajas tecnológicas, intento pensar que es lo que en última instancia hace más apetecible estar permanentemente conectado frente a no hacerlo. Elegir lo virtual frente a lo real.
Me viene a la mente  tal vez que en primer lugar en los entornos virtuales prima la cantidad de información frente a la calidad, ya sea  acerca de nuestras relaciones sociales, de lugares por visitar, o de noticias sobre el mundo que nos rodea. La mayoría de veces no tenemos tiempo de contrastar nada, y lo que es peor, realmente no queremos.
Seguidamente la facilidad de acceso (entendida como comodidad), algo muy importante en la actualidad, porque la cultura del esfuerzo no pasa por sus mejores momentos. Siempre costará menos ver un documental de alpinismo que subir a una montaña. De relaciones sentimentales ni hablamos.
En relación con la facilidad cobra importancia la rapidez, y con esta última la superficialidad campa a sus anchas para que finalmente aparezca la impunidad, entendida como la capacidad de observar sin ser visto, y en algunos casos, de sentir que las consecuencias negativas de nuestras acciones van a ser en muchos casos sensiblemente inferiores a las que cabrían esperar en el mundo real, cuando no inexistentes. Pensad por un momento que si de niños habéis fantaseado por momentos por ser invisibles, no sería para nada bueno.
Y si esa invisibilidad puede ser muy atractiva para muchos, no lo es menos la posibilidad de alimentar la vanidad a la vez que se proyecta una imagen personal algo distorsionada de la realidad. Personalmente pienso que el autoengaño es uno de los peores posibles, pero contemplo este fenómeno de una manera lo más aséptica posible, como también lo hago con el concepto de extimidad.
Me imagino que con esta apasionante combinación de ventajas y desventajas, la potencialidad que tienen las nuevas tecnologías ( incluso sin nombrar otras áreas como la inteligencia artificial) para cambiarnos es inmensa.  
Esperemos que sepamos aprovecharlo.



miércoles, 15 de octubre de 2014

''Eligiendo los yogures.''

           Desde pequeño siempre me encantaron las revistas y los libros de divulgación científica, sobre todo los artículos que hablaban de lo extraordinariamente grande como planetas y galaxias, o de lo increíblemente pequeño como átomos y quarks.

De esto último, la física cuántica, intentaba extrapolar algunos fenómenos a la escala de mi mundo y además de sufrir vértigo mental, ocurrían cosas muy extrañas como en el de Alicia en el País de las Maravillas. A pesar de ello había ideas que me parecían muy interesantes como la de que por el simple hecho de contemplar la realidad, alteramos su estado.

Sin ánimo de confundiros con ejemplos que os puedan parecer exóticos de lo que comento, hay uno que me gusta desde hace años: imaginad que tenéis que medir la temperatura del agua de una piscina con un termómetro convencional. En sentido estricto, lo que vais a poder medir es una especie de media ponderada entre la temperatura inicial del termómetro y la del agua. Pensaréis que siendo la masa de agua muy superior a la del termómetro la diferencia va a ser insignificante y así es, pero imaginad por un momento  que el termómetro es muy grande, hay poca agua, siendo además las diferencias de temperaturas iniciales considerables. Las cosas comienzan entonces a distorsionarse más de lo aceptable quizás.

Os comento todo este rollo introductorio porque en la compleja época que nos está tocando vivir, por primera vez en la historia tenemos acceso en tiempo real a noticias ocurridas en cualquier parte del planeta, lo cual presenta no pocas ventajas e inconvenientes difíciles de digerir con la misma rapidez que se ponen de manifiesto.

Así, uno de los aspectos positivos de la tecnología es la posibilidad de denunciar injusticias sociales, religiosas, políticas o económicas allí dónde suceden, haciendo que algunos de los colectivos responsables, iluminados por un repentino interés por la ética y la transparencia hagan acto de contrición y se autoimpongan severos reglamentos para evitar que determinadas conductas reprobables vuelvan a repetirse.

Sin embargo entiendo también que al igual que cualquier poder conlleva una responsabilidad, siendo termómetro virtual de todo cuanto ocurre, los ciudadanos como opinión pública también tenemos cierta obligación de hacer un ejercicio responsable al dejar constancia de nuestras opiniones sobre la actualidad, cualesquiera que sean los medios. Más que nada para evitar una espiral retroalimentada de desinformación, confusión y caos que en la mayoría de los casos a nadie beneficia por hacer indistinguible la temperatura de los hechos con la de las opiniones en muchos casos irreflexivas, destructivas y condenatorias del tipo que sean.

En particular, me refiero a que asumiendo que la actualidad sucede a un ritmo vertiginoso con una velocidad muy superior a nuestra capacidad para formarnos una opinión propia de casi cualquier tema, al menos con ciertos sucesos sensibles deberíamos darnos  al menos un par de días para analizar lo que ocurre. Me incomoda bastante cuando se da un suceso improbable de alto impacto, contemplar por ejemplo en redes sociales un número ingente de documentos de opinión claramente sesgados, que no han sido reflexionados (ni en muchos casos leídos) por quien los comparte. Y es que en el mundo en el que vivimos resulta infinitamente más fácil suscribir la opinión de un tercero (con independencia de su rigor) que formarnos la nuestra.

No deberíamos subcontratar nuestro pensamiento en paquetes completos sesgados como quien se tiene que llevar los yogures de plátano junto con los de fresa por ser packs indivisibles en el estante del supermercado.

Pensemos por ejemplo antes de compartir la información de un tercero sobre algo de rabiosa actualidad (suponiéndola veraz), si podríamos mantener nuestra opinión dentro de un periodo de tiempo razonable (por ejemplo un año) con independencia de los hechos que vengan después y que a buen seguro la pondrán a prueba.

También si en una imaginaria ‘cata ciega’ de opinión, la mantendríamos o atacaríamos sin saber antes de qué organización económica, política o religiosa proviene.

O si  es suficiente para validarla que se sostenga una postura parecida en otro país, aunque sea el mismo al que recurrimos para invalidar otras cuando nos conviene.

Y finalmente si una persona concreta, o incluso un hecho que implique a muchas, son suficientes para invalidar una idea.


Fuente Wikipedia


“Las grandes mentes discuten ideas. Las mentes promedio discuten eventos. Las mentes pequeñas discuten personas” – Eleonor Roosevelt

domingo, 21 de septiembre de 2014

'¿Sólo un juego?'

     Aún con menos tiempo disponible del que me gustaría, llevo un par de años simultaneando la lectura de novelas con la de  ensayos que me ayuden a entender en mundo en el que vivo.

    No sabría concretaros exactamente la temática de algunos, creo más bien que son multidisciplinares, si bien todos suelen incluir entremezcladas ideas filosóficas, sociológicas, antropológicas, económicas y también relacionadas con la psicología e incluso con el marketing.

       El último de los libros de esta temática tan variada con el que estoy es la ‘La tabla rasa.’ (S. Pinker). Debido a su profundidad y extensión, y al escaso tiempo que le dedico, voy más lento de los que me gustaría, pero habiendo pasado  la mitad de sus más de seiscientas páginas os puedo asegurar que es una obra magistral sobre la naturaleza humana, pues recopila, analiza y en algunos casos desmitifica los múltiples puntos de vista que a lo largo de los siglos hasta la actualidad han ido aportando filósofos, antropólogos, economistas, políticos, neurocientíficos e incluso hasta dictadores genocidas.

      Esta mañana leía unas páginas de esta obra sobre el altruismo y me ha llamado la atención como explicaba a través de los estudios de algunos economistas conductuales, algo que muchos de nosotros intuimos y es que la inmensa mayoría de las personas ni somos los egoístas inmorales que comportándose en base a intereses individuales hacen funcionar el mercado estrictamente según oferta y demanda, ni tampoco en el otro extremo encajamos bien en un modelo comunista en el que todo es de todos.

      Lo explicaba con cuatro juegos desarrollados para estos estudios en los que os animo a participar a través de vuestros comentarios:

  1. El juego del Ultimátum: Consigues una gran suma de dinero que debes repartir con otro participante. Puedes repartir a tu criterio pero si el otro rechaza su parte, los dos os quedáis sin nada. ¿Cuánto le darías?
  2. El juego del Dictador: Igual al anterior, pero el otro jugador nada puede hacer ante lo que reciba. ¿Cuánto le darías?
  3.  El juego del Doble ciego del Dictador: Igual que el anterior, pero se esconden las propuestas de muchos jugadores, y ni los organizadores del experimento ni los que reciben saben cuánto ofreció cada uno de ellos ni de quién han de recibir. ¿Cuánto darías?
  4. Finalmente, está el juego del Bien Público: todos los jugadores hacen una aportación anónima y voluntaria a un bote de dinero común; en este caso quien realiza el experimento lo dobla y el bote se reparte a partes iguales entre los participantes, cualquiera que haya sido su aportación. ¿Cuánto aportarías?

 Espero que os hayan parecido interesantes esto juegos, y en función de vuestro interés, en unos días desarrollaría tanto el comportamiento de los participantes en de estos estudios como las  conclusiones académicas a las que se llegaron y las implicaciones sociológicas y políticas que tienen.




EDITADO: Los tres primeros juegos conductuales se podría decir que estudian comportamientos individuales para determinar aspectos concretos en relación con el altruismo a nivel individual.

Así, en el primero de ellos la mayoría de las personas ofrece una cantidad inferior a la mitad, que sería la cantidad que tiene unas posibilidades muy altas de ser aceptada por el contrario. De esa cantidad que ofrece una parte está relacionada con el miedo a ser rechazada por el contrario como represalia por recibir una cantidad sensiblemente  inferior a la que recibió el participante.
Si se descuenta el miedo a la represalia entramos en el segundo juego, en el que el posible receptor no tiene capacidad de decisión alguna y por tanto el jugador tiene control total sobre las consecuencias de su decisión. En este caso y como es de esperar, la cantidad media que se ofrece es  inferior a la primera. De esa parte que se ofrece hay una parte que está relacionada con la imagen que puedan tener de nosotros tanto el entrevistador como el posible receptor.

Finalmente, y ya bajo el anonimato, como es de esperar, se comprueba en los experimentos que las cantidades se reducen drásticamente de media.

Los que separa a esas cantidades de ser cero  está relacionado con nuestro altruismo  podríamos decir ‘natural’o intrínseco.

El último de los juegos tiene una naturaleza algo distinta y tiene que ver con nuestro altruismo pero en relación con la organización social a la que pertenecemos. En este juego la estrategia colectiva óptima es aportar todo lo que tenemos, pues si todos los participantes se comportan igual, se dobla la totalidad de los bienes del conjunto de los participantes.

Sin embargo la estrategia individual óptima es no dar nada y esperar recibir nuestra parte una vez que se doblen las aportaciones de los demás, circunstancia que bajo el anonimato es fácil que se dé. Adicionalmente, la decisión de aportar muy poco sobre lo que se tiene o nada puede obedecer también  a otro enfoque particular en el caso de una persona que posee mucho más dinero que las demás, si lo aporta todo, aun cuando los demás hicieran lo mismo, al recibir su parte de repartir a partes iguales lo doblado entre todos podría recibir menos de lo aportado. Ambas circunstancias podrían explicar por qué en organizaciones sociales incluso con economías muy intervenidas en lo que se refiere a políticas redistributivas de riqueza, las personas ( en su ‘holgazanería social’ según la denominan los psicólogos sociales) no se esfuerzan al máximo (en el juego de la cuerda tiran menos de lo que lo harían individualmente, o ante una ovación pública aplauden con menos gana) con independencia de que tengan mucho o poco.




domingo, 31 de agosto de 2014

'Agárrate que vienen curvas.'

             Con el paso de los años, nunca terminas de estar seguro de si esta actitud vital de vivir analizándolo todo es un premio o un castigo, pero al final terminas dándote cuenta de que es inútil imaginarte sin hacerlo porque con la pérdida de algo tan íntimo,  serías entonces otra persona.
           
En mi época de estudiante, esta forma de ser tenía sus ventajas, por ser mucho más fácil asimilar algo que has entendido aunque fuera incluso bibliografía técnica. Me viene a la memoria por ejemplo, que en la normativa para el diseño de carreteras te limitaban la longitud máxima de las rectas a intercalar entre las inevitables curvas, y también la relación entre los radios consecutivos de éstas últimas. Me resultaba entonces mucho más fácil para memorizar que se debían evitar las rectas largas para que el conductor no redujera su nivel de atención ante la conducción y que, intercalar después de forma súbita una curva cerrada (de pequeño radio) sin antes pasar por una más amplia, como si de un garrote de caramelo se tratase, podía aumentar sensiblemente la accidentalidad creando un punto negro.
           
Viviendo en un permanente (y muchas veces involuntario) escrutinio de todo lo que te rodea resulta difícil aburrirte, pero si incluso la apasionante y a la vez dramática época de cambio que nos toca vivir no resulta suficiente, siempre está ahí el eterno comodín de la especulación sobre el futuro, cuestión muy interesante además de para reflexionar sobre ella, también para compartir unas cervezas.
           
Normalmente lo que ocurre al tratar este tema con amigos soñadores como los lectores de este blog, surge una tormenta de ideas aparentemente inconexas o contrapuestas, que en medio de una animada charla no siempre es fácil conectar o reconducir, algo que sin embargo resulta más fácil por escrito.
           
Al hablar el progreso, la cuestión estrella, hay un consenso generalizado acerca de que estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad, por tener acceso a productos y servicios (sanitarios, educacionales o asistenciales), que han hecho que se haya duplicado la esperanza de vida en el último siglo y que siga aumentando a un ritmo de dos años y medio por década. También en contra de la intuición, parece ser que estamos viviendo la época con los índices de violencia en mínimos absolutos. Puede parecer un contrasentido esto que afirmo, no ya por la inevitable comparación entre países desarrollados y el resto, sino incluso en nuestro propio país, donde parece que día a día  aumentan las desigualdades sociales; y sin embargo no son en absoluto hechos incompatibles.
           
Imaginad a dos coches recorriendo una carretera diseñada con las pautas generales que os he comentado antes, con rectas no demasiado largas, y curvas de diversos radios que aumentan o disminuyen gradualmente; el primero de ellos es relativamente nuevo y potente, además de ir cargado de combustible, mientras que el segundo es viejo, de prestaciones convencionales y además no va sobrado de combustible. A priori, ambos coches avanzan en una marcha a distintas velocidades, por lo que inevitablemente la distancia entre ellos es variable,  y aumenta especialmente en las curvas, donde al motor del segundo por su menor potencia y carga de combustible le cuesta más obtener potencia extra para salir de la curva; por el contrario en alguna de las rectas, algunas veces el segundo vehículo puede recuperar algo de la distancia perdida frente al primero. No cuesta demasiado extrapolar el primer coche a las naciones o colectivos ricos y desarrollados, el segundo al resto de colectivos, las rectas a los periodos de paz y crecimiento económico, y  finalmente las curvas a las crisis.
           
Incluso con una visión tan simplificada del progreso, es inevitable pensar en qué se basa, lo que conduce indefectiblemente a pensar en materias primas procedentes de la minería, en las áreas cultivables a nivel mundial, las destinadas a la ganadería, y en última instancia, al consumo de energía global. Es entonces cuando a nadie se le escapa que no se puede sostener un crecimiento indefinido basado en recursos claramente finitos. No pretendo escribir aquí una entrada apocalíptica, pero al menos sí sembrar la duda acerca de si el modelo capitalista basado en un consumismo desaforado es sostenible. Los defensores del modelo actual argumentan que siempre habrá un salto tecnológico que aumente increíblemente la eficiencia en el uso de los recursos, pero aunque no me cabe duda de que la tecnología conseguirá logros increíbles a día de hoy en las próximas décadas en campos como la nanotecnología, la ingeniería genética y la inteligencia artificial, tal vez alguno de ellos llegue tarde, de manera que antes de llegar a disfrutar de la increíble calidad de vida que nos proporcionarán, muchos coches como el segundo del ejemplo se quedan tirados en unas imaginarias curvas cada vez más cerradas.
           
Continuando con mis especulaciones, también me planteo cuestiones como que incluso sin conocer los límites del planeta, si la población mundial se ha duplicado desde 1970 hasta ahora, dudo que fuera sostenible sea posible que lo volviera a hacer en los próximos cuarenta años. En este sentido, soy consciente de que la evolución demográfica mundial es la agregación de las de los distintos continentes, que son absolutamente dispares en este sentido, pues nada tiene que ver una cada vez más envejecida Europa con Latinoamérica ó África, así como de existen países con grandes tasa de crecimiento y otros como China con una política demográfica muy estricta. No obstante, la tendencia actual, aun con cierto ralentizamiento, es de continuar creciendo.

Por todo esto que os comento, no me cuesta imaginarme un futuro próximo con aumento de presión migratoria (con el consiguiente mestizaje) tanto entre distintos continentes como entre países cercanos debida a esta crisis actual que parece que vaya a hacerse endémica, causando muchas tensiones sociales y xenofobia debidas a las dispares interpretaciones  de diversos colectivos en cada país sobre el aumento de las desigualdades, con el consiguiente surgimiento de partidos políticos en ambos extremos del espectro político. Esto tal vez ocasione entre otras cosas, que ante el dilema moral de los gobernantes entre seguridad colectiva y libertad individual, termine ganando la primera, con las inevitables consecuencias sociológicas que ello tendrá, entre ellas reforzando la actual tendencia de que la forma de relacionarnos se base cada vez más en la tecnología frente a los encuentros reales. Tampoco me cuesta imaginar el aumento de las crisis entre las relaciones de los países del primer mundo por el control de las fuentes de energía, aunque la versión oficial para los medios sea que las causas de estas crisis siempre sean cuestiones éticas apelando a la solidaridad entre los pueblos. Visto así, hasta futuras grandes guerras no parecen descartables como un motor más (junto a las catástrofes naturales, la obsolescencia programada, o hacer creer a los consumidores que tienen necesidades materiales muy por encima de las que realmente tienen)  de un sistema capitalista que necesita destruir bienes prácticamente a la misma velocidad que los crea, para seguir vendiendo otros nuevos que los sustituyan.

Así, siempre termino elucubrando si el futuro que nos espera será como las carreteras que me enseñaron a diseñar, o  si por el contrario, tras la última recta larga de más, la próxima curva será muy cerrada como aquel garrote de caramelo, que esta vez sería de todo menos dulce. 


           





miércoles, 19 de marzo de 2014

'De hormigas falsas'


        A pesar de espaciar cada vez más mis publicaciones, me gustaría a lo largo del año llegar a la interesante cifra de ciento cuatro publicaciones (*). Mientras tanto, y dirigiéndome hacia los tres años de blog a veces pienso en algunas de las entradas que quise escribir y a pesar de tenerlas mucho tiempo en mente, por muy diferentes motivos, no me decidí a publicar. Así que, si este blog fuera una película, éstas bien podrían ser algunas de sus ‘tomas falsas’:

‘Desde la Luna no se ve el tablero de Risk’: Uno de los aspectos que más me cuesta entender del mundo en el que vivo es la tremenda obsesión por las fronteras. Bajo la firme convicción de que ningún ser humano es ilegal en ninguna parte, a la que se suma el hecho de que considero algo coyuntural para cada persona el sitio en el que nace, prefiero de momento no escribir más sobre este polémico tema.

‘Felipe II no tenía un Megane verde.’: En contra de la intuición cotidiana, estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad bajo la mayor parte de los puntos de vista sobre los que se observe, ya sea en términos económicos, sanitarios e incluso de índices de violencia. Cualquier ciudadano medio del primer mundo vive mejor y tiene más comodidades en general que los hombres más poderosos del planeta de hace unos cuantos siglos. No obstante, no he profundizado sobre este tema porque con más de cinco millones de parados en nuestro país, a pesar de poder aportar datos objetivos, puede parecer insensible e incluso hasta frívolo.

‘Anunciando teles en la tele.’: Nunca he conseguido entender del todo el sentido que le quieren dar los fabricantes de televisiones, a los anuncios de sus productos de última generación que tienen que ser visualizados con aparatos de prestaciones convencionales. En este sentido, a veces me he planteado hablar de altas capacidades intelectuales por ser un tema que me apasiona, pero que entiendo que no es del interés general salvo en el caso que algún lector se sintiera identificado con las teorías actuales sobre el tema, o quizás tuviera algún hijo con dichas capacidades. Si bien, en este último caso carezco del criterio suficiente para hablar de un tema tan serio.

‘Del big bang, a las amebas y los registradores de la propiedad.’ (*)2: Razonando yo solito acerca de que todo tiene un origen, desde el universo, a los organismos pluricelulares como los registradores de la propiedad, pasando por los unicelulares como las amebas, me interesa muchísimo el origen de la propiedad del suelo en particular. Publicaré algo si consigo leer historia y sociología previamente para documentarme un mínimo aceptable.

‘Los barcos de mis amigos.’: Poco antes de iniciar el blog, bastante interesado en la sociología, encontré en el área de libros de unos grandes almacenes la 5ª edición de la obra ‘Sociología.’ del premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Anthony Giddens. Me costó bastante dinero por ser un tomo de más de mil páginas en tapa dura que cubre todos los temas centrales de la materia (bueno salvo las redes sociales, por haber sido escrito en  2006), pero a cambio y según indicaba el autor, pude ir leyendo separadamente los capítulos y sus resúmenes en función de mis intereses. Incluso a pesar de no haberlos leído todos, uno de los que más me interesó fue (cómo no) el de ‘Estratificación y clase.’, que hacía referencia a las posiciones desiguales que ocupan los individuos en la sociedad ya sea por edad, género, riqueza, propiedades y el acceso a los bienes materiales y a los productos culturales. Hablaba también de interesantes conceptos como la movilidad social (ascenso o descenso de clase social), ya fuera intrageneracional (a lo largo de la vida de un individuo), o intergeneracional (los descendientes de una familia se desplazan a una clase social diferente a la de su familia de origen). Finalmente, la idea que daba el título a esta publicación fallida se refería al concepto de ‘estilo de vida’, según el cual dentro de una misma clase social, factores culturales como hábitos de consumo o estilo de vida están desplazando a los tradicionales factores económicos como tipo de empleo y nivel de ingresos en la formación de las identidades grupales de los individuos. O si os queréis quedar con la anécdota del título, bajo determinadas condiciones, tener amigos con barco o piscina hoy en día a nivel social puede suponer prácticamente lo mismo que poseerlos. Escribiré más sobre esto cuando pase la crisis.



 (*) Un hipotético lector que comenzara a leerme con frecuencia semanal desde el principio, podría hacerlo dos años seguidos incluso si no volviera a publicar en ese periodo. ;)
(*)2 Estaréis de acuerdo que este título es bueno y hasta un comodín. Pensad por ejemplo en ‘Del big bang, a las amebas y las monarquías.’, o ‘Del big bang, a las amebas y los tertulianos de la tele.’. Un verdadero filón. ;)