Mostrando entradas con la etiqueta ilusión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ilusión. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de marzo de 2016

'Al otro lado.'

Como en la canción de Los Secretos hoy la vi.


Caminaba apresurado con el tiempo justo por un bulevar de Murcia, cuando por no ser capaz de resistirme a frenar unos instantes para curiosear por los puestos de libros ambulantes, me pareció ver a punto de cruzarse conmigo a la que hace casi dos décadas fue una gran amiga.


La combinación de incredulidad, prisas, y recuerdos adormecidos luchando por salir, hizo que la certeza de que era ella llegara a dos metros tras cruzarme. No sé si me vio, pero en décimas de segundo recordé cómo demasiados años atrás formó parte esencial de una historia que sucedería entre otra de sus amigas del alma y yo. El tiempo quiso que las perdiera a las dos de golpe.


Iba con carricoche, así que me alegré y al volver a mirar, pude reconocer a la chica que iba a su lado, en paralelo con otro carricoche. Reconocí la melena y entonces, aunque alejándose de espalda, la vi.


Y aunque desde mi juventud siempre me he preguntado si el lenguaje de los sentimientos nos cambia, por permitirnos actuar en un ejercicio de autoconsciencia sobre lo que sentimos, hoy no tuve palabras para describir el extraño vacío que, en algún punto indeterminado entre una alegría pálida y una tristeza sofocada por el paso de los años, me invadió.


Siempre pensé que en un juego imaginario de pañuelos de sentimientos, los melancólicos que conocieran la palabra se lo llevarían siempre ante la mirada incrédula de quienes, por no tener esa suerte, lo perderían pese a haberlo rozado entre los dedos.


Hoy perdí mi pañuelo, hoy estuve al otro lado….



martes, 10 de marzo de 2015

80 / 20



Son muchos los motivos por los que me apasiona un taller de escritura de relatos al que asisto desde hace unos meses y que pronto finalizará.


Entre otras cosas, me ha permitido leer una bibliografía selecta escogida con excelente criterio por mi polifacética profe. También coincidir con buenos compañeros con los que analizarla  y, por supuesto, intentar escribir algún relato decente que compartir con ellos a la vez que vamos leyendo los suyos, que están resultando ser magníficos e inspiradores, todo un ejemplo para esforzarme en mejorar.


Además, si hay algo que le agradezco es asignarme fecha, obligándome a poner literalmente el culo en la silla para preparar algo que leer en clase, volviendo a comprobar empíricamente una vez más el ‘Principio de Pareto’, algo que ya había aplicado para orientar esfuerzos en otros ámbitos de mi vida, especialmente el profesional.


Para los que no la conocéis, fue planteada por el sociólogo, filósofo y economista italiano en términos de porcentajes de distribución de la pertenencia del poder y riqueza en la sociedad (afirma que un 20%  ostenta la posesión del 80%). Sin embargo, de forma más amplia, también se puede resumir de manera coloquial en que el 20% de las causas de algo es el responsable del 80% de los efectos.


Así, con la premisa de que conocemos ese reducido grupo de acciones que origina la mayoría de las consecuencias, podemos obtener un rápido rendimiento en cualquier tarea o proyecto que nos propongamos, ya sea profesional o personal.


Si os parece demasiado abstracto, pensad por ejemplo en lo fácil que es perder los primeros kilos siguiendo un régimen alimenticio  adecuado, dejar de fumar la primera semana, o con el conveniente entrenamiento, mejorar los primeros tiempos cuando se empieza a correr….


Una vez que tenemos una mejora rápida obtenida con un rendimiento excelente en base a un esfuerzo correctamente orientado, nos invade la duda propia de cualquier jugador de casino que ha tenido una buena noche:


¿Cuando paramos?


Salvo que seamos unos optimistas irredentos embaucados por la ingente bibliografía de la psicología positiva (que en muchos casos tanto daño ha hecho), conscientes de que tenemos tiempo y talento limitados, comenzaremos a intuir que el camino que nos queda es mucho más complicado y requiere unas ingentes cantidades de esfuerzo.


Entre otras muchas opciones, algo razonable podría ser quedarse en el tramo inicial de casi todo lo que comenzamos obteniendo éxitos moderados a un coste muy razonable, porque así nos sobrará tiempo para encontrar nuestras verdaderas pasiones, aquello por lo que merezca la pena dejarse la piel por el camino para llegar a lo máximo a lo que podamos aspirar.
 
También habrá quien se machaque por igual en todas y cada una de sus metas, sin valorar demasiado los recursos que va consumiendo por el camino, ni la prioridad relativa de sus potenciales logros.


Me imagino que, tarde o temprano, cada persona encontrará su receta.


¿Y tú, la encontraste?
 







domingo, 2 de noviembre de 2014

'Con otra luz.'


Vivir bajo la influencia de un tremendo despiste nos genera a los que los que lo sufrimos bastantes inconvenientes tanto propios como para los nuestros.  

No son pocos los momentos del día en los que tu cabeza por alguna extraña programación neurológica que se me hace inescrutable, desconecta durante un instante y como si de un ordenador se tratara ‘reinicia’ tu ‘sistema operativo’.

Intentando ser algo más poético a esos momentos prefiero llamarles ‘soñar despierto’.

Afortunadamente esas exóticas ausencias también tienen su lado bueno por, al menos en mi caso, percibir con gran riqueza de detalles todo lo que me rodea, pero sobre todo percibir siempre como si fuera la primera vez la belleza de cualquier cosa o lugar aun siendo muy cotidiano.

Supongo que cualquier amante de la fotografía, pintura o poesía sabrá a lo que me refiero.

Esta noche por ejemplo a la vuelta de un paseo nocturno por un paseo marítimo de Los Narejos casi desierto he vuelto a vivir por una de las avenidas principales la extraña sensación de estar inmerso en una fotografía. Fantaseando con el hecho de que sin nadie que observe no hay tiempo que transcurra o suceso que se dé, me encanta disfrutar de esos momentos tan míos.

Pero sin embargo hoy había algo diferente que alteraba sustancialmente la experiencia de deambular por ese instante congelado imaginario.

No he tardado en darme cuenta que han cambiado las luminarias de toda la avenida. Incluso conservando los antiguos báculos, la nueva iluminación LED imprime a todo el vial una luz fría que contrasta con la antigua y cálida iluminación amarilla de todo el paseo.

Como si fuera forastero en mi tierra, tendré que acostumbrarme hasta la primavera…

domingo, 6 de abril de 2014

'Hablemos de poesía.'


         No es ningún secreto para los que llevéis tiempo leyendo este blog que tengo escasos (por no decir nulos) conocimientos de técnica narrativa. Si por el contrario sois neófitos, en unas pocas líneas lo comprobaréis enseguida.

          Será porque en esta cultura tan de siempre de los yanquis de fracasar repetidamente soy alumno aventajado en todos los campos en los que he podido emplearme, que a los variados fracasos profesionales, sentimentales, y personales en general, últimamente también estoy añadiendo los literarios.

En este sentido y ya más cerca de los cuarenta que de los treinta, no sólo no me molesta, sino que como complemento a aprender de quienes (tanto empresas como personas)  lo hacen bien en base a sus ‘FCE’ (‘factores clave del éxito’), también me interesan los ‘FCF’ (‘factores clave del fracaso’) de quienes no lo hacen tan bien, porque me parece esencial algo que estudié hace años en mi escuela de ingeniería para los materiales, la resiliencia, desconociendo en aquel momento que también se aplica a las personas, como la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas.

       Decidido también a continuar con mi resiliencia literaria, a base de presentarme con mucha moral pero sin ningún éxito hasta la fecha a unos cuantos concursos de relatos, me gustaría compartir con vosotros un reciente descubrimiento interesante que he hecho entre el penúltimo y el último fracaso: el verdadero sentido de la poesía.

           Echando una ojeada a esta ventana al mundo que es internet en busca de la receta mágica para escribir microrrelatos (con la osadía de no haber leído antes), encontré entre los variados blogs de escritores, uno que se despachaba en trece jugosos consejos bastante interesantes en general, de los cuales el segundo me maravilló:

‘2. Acción, acción, acción. Sólo los genios conciben micros eficaces empleando la inmovilidad. Si no eres un escritor de genio, y no puedeshttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png resistirte a la inmovilidad, dedícate a la poesía, la pintura o la fotografía; o a construir edificios, que es más rentable.’(*)
            Con la lección aprendida de mi anterior fracaso a partir de de los consejos de una excelente escritora murciana, acerca del delicado equilibrio entre el tiempo narrativo y la extensión del relato, con estas anteriores frases que he transcrito literalmente descubrí algo casi mágico: si escribes no puedes pretender encorsetar un tiempo narrativo muy extenso propio de una novela dentro de un relato, ni por el contrario resulta adecuado escribir escasas líneas sobre un breve instante en el que no hay apenas acción, lo que en definitiva es… poesía.
          
             Continuando con el amable consejo nº2 y obviando el simpático hecho de que ya me he probado construyendo edificios, haciendo fotografías o pintando cuadros, me apasiona el concepto que tiene el autor de las anteriores líneas. Si para él, la poesía es la descripción breve de la inmovilidad, queridos amigos lectores tengo el gusto de deciros que la podemos encontrar por todas partes.
               
              Así, en este excelente domingo que ahora acaba y que he disfrutado con buenos amigos, he encontrado poesía en  tener que guiñar los ojos ante un sol de justicia y una incipiente brisa marina, en la escarcha de las jarras de cerveza helada, en las sonrisas sinceras de quien se alegra al verme, en el profundo carmesí del buen vino compartido….

             Y a vosotros….
¿Os gusta la poesía?        
            

(*)Fuente;  ‘Trece consejos para escribir microrrelatos’, Blog de Orlando Romano: ‘La nave de los locos.’.

domingo, 2 de marzo de 2014

'Como los músicos del Titanic (otra historia de un fracaso).'


             El pasado miércoles había sido un día difícil.

Aunque los que trabajamos por proyectos convivimos a diario con el fracaso, aun intentando ser lo más asépticos posible, siempre hay algunos trabajos con los que tienes una mayor vinculación emocional, aquellos en los que durante las semanas de preparación no escatimas en horas extras, reuniones de coordinación, infinidad de revisiones de la documentación a presentar, mucha proactividad y por supuesto, grandes dosis de ilusión.

Es por ello que, aun formando parte de las reglas del juego tener que fracasar muchas veces para conseguir varios contratos al cabo del año como el que encuentra una pepita tras remover abnegadamente toneladas de arena y grava, al igual que ocurre en el ámbito personal, no todos los proyectos que se frustran te afectan igual.

La no consecución de uno de esos últimos me había fastidiado la jornada laboral, por lo que intenté no alargarla demasiado y permitirme nadar por la noche unos largos en mi piscina municipal, como una forma de despejarme. Sin embargo y a pesar de existir un consenso más o menos generalizado sobre su consideración como uno de los deportes más completos, si hay algo en lo que al menos para mí no destaca la natación es en conseguir hacerte desconectar mentalmente.

Así que por esta extraña forma mía de pensar entre imágenes y analogías, repasando mi último fracaso, perdía la cuenta de los largos que llevaba al darme por pensar de manera focalizada en aquellos músicos del Titanic entre brazada y brazada. Como la mayoría de vosotros conoceréis y según se supo por los supervivientes de la catástrofe, estos abnegados profesionales, no dejaron de interpretar variadas piezas hasta su muerte tras el fatídico hundimiento del trasatlántico más famoso de la historia.

Aún sin saber entonces cuantos eran, intentaba meterme en las mentes de algunos de ellos y con la absoluta certeza de que cada uno interpretó la tragedia que se les avecinaba a su manera, la mayoría, o quizás todos decidieron continuar haciendo lo que mejor sabían, que en definitiva era lo que les apasionaba.

Pensé que algún músico pensaría de forma completamente desinteresada y con una valentía excepcional, que con su música aportaría aunque fuera un mínimo ápice de serenidad al resto de la tripulación, para poder salir de forma ligeramente más ordenada. Otro intérprete quizás pensaría por el contrario, que (tal vez erróneamente) como para bien o para mal, nada de lo que hicieran iba a tener relevancia alguna, no había motivo para dejar de hacerlo. Seguramente un tercer integrante, petrificado por el miedo, simplemente se sentiría más seguro siguiendo perteneciendo a un colectivo, en este caso su banda. El caso es que entre estos y otros variados razonamientos, también me parece fascinante el hecho de que para cada uno de ellos debió de haber un punto de inflexión no necesariamente coincidente en el tiempo, en el cual se hicieron conscientes de una muerte segura, y a partir del que volvieron a decidir individualmente continuar con su música.

Ya en casa, duchado y relajado no me pude resistir a investigar un poco sobre la vida de estas personas. La orquesta, compuesta por ocho músicos se llamaba la Wallace Hartley Band,  y tomaba su nombre del líder, un violinista inglés llamado Wallace Henry Hartley, y como os he adelantado todos perecieron en el naufragio. Por no formar parte de la tripulación, viajaban como pasajeros de segunda clase, y la única vez que tocaron juntos los ocho fue durante la fatal colisión con el iceberg, pues en anteriores ocasiones habían tocado separadamente en distintas zonas de primera clase del barco, como un quinteto y un terceto. De hecho, aquella noche del 14 de Abril de 1912 no había baile y la orquesta había terminado su jornada, así que como auténticos héroes legendarios fueron los primeros en actuar tras el choque (que se produjo a las 23:40), reuniéndose y comenzando a tocar para calmar a los pasajeros que comenzaban a ponerse nerviosos.

Titanic Band.jpg Fuente: Wikipedia

Fue por ello que aquella fatídica noche, y parece ser que en gran parte por el sólido liderazgo de su director así como de su gran sentimiento grupal, durante dos horas tocaron ininterrumpidamente la música de moda del momento, temas ligeros y festivos (valses y ragtimes) a pesar de que a partir de las 1:15 el barco dio un bandazo que aumentó la inclinación de la cubierta hasta hacerla prácticamente inestable.  En medio de un progresivo giro acompañando al hundimiento, se cuenta también que a las 2:10 su director les ‘liberó’ de la obligación de seguir tocando (si es que en algún momento lo estuvieron), y la totalidad de la orquesta decidió  continuar, quedando para la leyenda que se despidieron de la vida tal vez con el  ‘Nearer, my God, to Thee’ (‘Cerca de ti, Señor’), porque ya sin luces y con una tremenda inclinación, nadie que allí estuviera viviría para contarlo.



domingo, 3 de noviembre de 2013

'De planos coloreados y programas que no vi.'


No hace mucho emitían en una cadena una serie que nunca vi de la que sólo recuerdo su título: ‘El Noble Oficio de la Construcción’. Supongo que sabría de su existencia por algún anuncio  o quizás una breve reseña en la guía de programación del periódico.

El caso es que se refería a mi profesión, y sonaba bien en mi mente llamarla noble, porque como a quien más o a quien menos, me gusta saber que me gano la vida aportando mi pequeña contribución a la sociedad, siempre intentando dar lo mejor de mí. Además, todo hay que decirlo, me enorgullece que en nuestro sector, constructoras e ingenierías españolas estén a la vanguardia a nivel mundial, aún a pesar de lidiar en casa con una crisis sin precedentes, tanto en la edificación residencial como en el conjunto de inversiones en obras públicas.

Os adelanto todo esto porque sin incidir demasiado en los entresijos de la construcción, como os podréis imaginar, en el día a día de la profesión pese a la gran cantidad de imprevistos, contratiempos y dificultades de todo tipo (muchas veces causadas por esta peculiar idiosincrasia patria), resulta tremendamente gratificante ver crecer día a día cualquier proyecto pasando del papel a la realidad.

Recuerdo  por ello con mucho cariño cuando, como jefe de obra, te daban tus jefes un proyecto y tras una revisión preliminar rápida en la pantalla de tu ordenador, te ibas imprimiendo un juego personalizado de planos, en los que ibas anotando con una amplia gama de colores todas tus impresiones iniciales, dudas, revisiones de textos y acotaciones, consiguiendo con ello la doble tarea de hacerte una imagen mental precisa de la obra terminada y a la vez de sentir tuya  la ilusión por construirla.

Emociones similares sentías posteriormente, al realizar una programación precisa de los trabajos a realizar, obligándote a la vez con tu empresa y contigo mismo a cumplir (y si es posible mejorar) tanto los costes y plazos parciales de las distintas fases de la obra como los totales previstos.

Y es que, esto es importante, cuando a los sueños se le ponen fechas pasan a llamarse objetivos, así que de alguna manera todo lo que he aprendido en los últimos años en mi profesión sobre esta forma de trabajar por proyectos es tremendamente útil por ser extrapolable a cualquier otra actividad o faceta de nuestra vida.

Aunque eso sí, con la enorme diferencia de que en nuestra vida personal, no nos van a traer ningún proyecto, nadie va a venir a soñar por nosotros….

Fotografía  cortesía de Carmen Pizarro. ;)


 
 
 




lunes, 7 de octubre de 2013

'' Viajar soñando: Jan Mayen.''


                Como os podréis imaginar los que me leéis por aquí aunque esporádicamente, en la lista de cosas que pienso cuando no pienso en nada, suelen abundar algunas ideas que chirrían en mi cabeza produciendo una atractiva mezcla de curiosidad y desconcierto, entre las que no faltan por ejemplo, temas como la aritmética celestial (mejor no preguntéis), la idea del infinito (me gusta particularmente el teorema del mono infinito), y pensar que si no hay quien observe o sienta sus efectos, es indiferente que las cosas ocurran o no.

                 Esto último me interesa bastante, y me fascina por ejemplo, que Neptuno fuera descubierto prediciendo previamente su posición en base a los cálculos efectuados tomando como partida las perturbaciones que producía sobre la órbita del último planeta del Sistema Solar conocido hasta la época, Urano. 

Así, hoy día, de la misma manera  podemos percibir como mucho más próximos (de lo que geográficamente están)  los lugares y sucesos de los que tenemos frecuentes noticias, y por el contrario, vivir toda la vida sin tener evidencia de emplazamientos y acontecimientos, que aun siendo más cercanos,  apenas generan impacto mediático y por tanto efectos, sobre nuestras vidas.

En este sentido, además de crear un entorno colaborativo descentralizado a nivel mundial sin precedentes en la historia, esa enorme ventana al mundo que es internet nos permite acceder en un viaje virtual a la historia, geografía física, fauna, flora y variables sociológicas de casi cualquier punto del planeta, que de otra manera tal vez pasaría completamente inadvertido.

Ejemplificando este hecho, quería compartir con vosotros lo apasionante que puede ser descubrir lugares, incluso casualmente, navegando por la red. Supongo que sería porque estoy incubando una febril pasión por el mundo ártico a raíz de mi reciente visita a  Islandia, que  la semana pasada me apetecía recorrer sobre fotografías por satélite la costa groenlandesa en busca de las localizaciones para mi posible viaje en kayak el próximo verano.  En pleno jugueteo con los distintos niveles de acercamiento, encontré una manchita muy pequeña a la derecha que, tras acercar convenientemente, resultó tener denominación: Jan Mayen.
 
Situación de Jan Mayen en el océano Atlántico Norte. ( fuente: Wikipedia - Emmanuel Boutet)
 
Me encantaron la posición y el nombre, y a cuenta del excedente de tiempo que tengo en mi vida por no gustarme el fútbol, dediqué un ratico a investigar, descubriendo un lugar inesperado, que sin ser el más alejado habitado del planeta ( ya puestos descubriría minutos después que es Edimburgo de los Siete Mares, en la isla de Tristán de Acuña), ni el más frío, me pareció apasionante, casi mágico, conforme iba descubriendo más detalles.

Os resumo brevemente: la isla, descubierta (con certeza) por balleneros holandeses e ingleses en el s.XVII y perteneciente a Noruega, es volcánica y tiene 377 km² de superficie, una longitud de 53,6 kilómetros, una anchura máxima de 15,8 kilómetros, y se sitúa  en una ubicación intermedia entre Groenlandia (500 km), Islandia (550 km) y Noruega (950 km). Su punto más alto es el volcán  Beerenberg ( 2.277 m), que culmina una región de la isla cubierta  de hielo,  suponiendo un tercio de su área. Por otra parte, sus 124 km de costa, están compuestos por acantilados fundamentalmente, sin muelle o puerto alguno.
  
Topografía de Jan Mayen ( fuente: Wikipedia - Rémih )

            Actualmente tiene un población estable de 18 personas, 14 de las cuales trabajan en una base de comunicaciones de largo alcance, y las 4 restantes en una estación de servicios meteorológicos, viviendo todos juntos en el asentamiento de Olonkinbyen.  Lógicamente y como podréis imaginar suelen estar por estancias limitadas y hasta podéis ver las orlas con las fotografías y los puestos desempeñados de los enviados de los últimos años en la página oficial de la isla, y ya puestos la sala de estar, la cocina y las distintas dependencias del asentamiento.

Para los más aventureros, os diré que no hay rutas regulares para visitarla, que en cualquier caso ha de ser en barco (tiene un pequeño aeropuerto sin pavimentar, pero es de uso militar) y que si ya antes de 2010 era complicado por tener que obtener permiso expreso del gobierno noruego, con posterioridad a esta fecha lo es más aún por ser en su integridad declarada espacio natural protegido.

No obstante y como podréis intuir, lejos de ser un impedimento, esto aumenta su atractivo para los pocos aventureros que la visitan dentro de  fantásticas y emocionantes expediciones (como la que tendrá lugar en Junio de 2014 desde Islandia) pues la isla, aun sin mamíferos terrestres y con tundra por vegetación, alberga unos bellísimos parajes prácticamente inalterados cuyas magníficas fotografías han querido compartir en la red sus visitantes ( así como el Instituto Polar Noruego) y que os animo a buscar si  estáis como yo dispuestos a viajar soñando o a soñar viajando, como prefiráis.

Tan lejos, tan cerca….
               

miércoles, 18 de septiembre de 2013

‘De vivencias enlatadas y la pluma mágica de Dumbo.’


               Teniendo el tiempo como recurso escaso, intento cumplir la norma autoimpuesta de intentar en mis ratos libres hacer sólo las cosas que puedo disfrutar con la tranquilidad requerida.
                Es por ello que son bastante infrecuentes los días en los que dentro de las horas libres del mediodía abandono mi despacho con vistas al río Segura, y lo cruzo con algún buen compañero y amigo para comer relajadamente por algún lugar céntrico de Murcia y si sobra algo de tiempo ir a ver libros y discos en unos conocidos grandes almacenes.
               
                Inesperadamente hoy dentro de una incorporación posvacacional más tranquila de lo esperado ha sido uno de esos días que ocurren cada dos o tres meses. Así, tras un agradable almuerzo, me he acercado al conocido centro con un compañero a ver entre otras cosas esos paquetes que ofrecen un variado número de experiencias a elegir.
                Me han sorprendido tanto el número de marcas comerciales, como la gran cantidad de referencias de producto. No he podido dejar de imaginar a su consumidor final intentando elegir, ya fuera solo o en pareja, entre la enorme cantidad de vivencias enlatadas que incluso sólo uno de los paquetes puede ofrecer en potencia, ya fueran aventuras, experiencias gastronómicas, turísticas o de spa.
                Desconozco si se venden mucho dichos paquetes, o si las vivencias así elegidas resultan más caras que siendo reservadas de forma convencional, pero no he podido dejar de pensar que de la misma manera que con fotografías, vídeos o libros regalamos pasado, con otros muchos objetos tal vez presente, lo bonito de estos paquetes es que regalamos ilusión por tener que elegir como paso previo, y en esencia entregamos felicidad futura.
                Y sobre todo me planteo si no habrán encontrado los creadores del producto una forma de hacernos recordar una capacidad muy nuestra que nunca nos ha abandonado….
¿Nos estarán vendiendo tal vez la pluma mágica de Dumbo?

P.D. Gracias Asun por la foto.



lunes, 15 de julio de 2013

‘Petu 2.0.’


 
               Parece que fue ayer.

                Estábamos todos nerviosos, pues iba a aparecer en este mundo unos días antes, y creo que lo hizo aposta, le dio por aparecer quince minutos antes del día de su santo, como lanzando el mensaje de que podía haberlo hecho si le hubiera dado la gana.

                En el momento de nacer lloramos a la vez, aunque ella poco, es más de observar; y yo embargado por la emoción de tener un pequeño mamífero más en la familia después de tantos años.

                Pasaron los meses, y desde bien pequeña la calé enseguida, tendría tres o cuatro meses cuando ya la miraba fijamente y le decía ‘Mmmm a mi no me engañas.’, y ella me respondía con la mirada muy seria y me decía ‘Me has pillado tito.’, razón por la cual aunque apenas la veo, quizás soy de los que más le riñe cariñosamente.

                Según declaraciones textuales de su pediatra, Petu ‘va ser una líder’, porque al igual que conmigo, en los reconocimientos, no le llora, le intenta coger el instrumento de auscultación que lleve y le sostiene la mirada.

En casa no sabemos si la genética ha sido tan generosa y si llegará a tanto, pero también es verdad que como cualquier niña de su edad, tiene un potencial infinito, así que me gusta imaginármela en el futuro como si fuera una colección de muñecas: ‘Petu doctora.’, ‘Petu exploradora.’, ‘Petu cooperante.’….

También me la imagino de adolescente, y me encantaría estar cerca diciéndole que sus padres no son tan carrozas y que las discusiones que con ella tengan serán por su bien.

De momento y con dos años recién cumplidos ya va pareciendo una personica, bastante trasto y testaruda por cierto, pero a la vez nos ha ganado a todos siendo muy cariñosa y alegre. Por más que nos lo preguntamos no encontramos en las dos familias ascendiente tan travieso, y es que, desde que comenzó a caminar disfruta especialmente de llenarse la boca de agua y hacerle la fuente a cualquiera que encuentre en su radio de acción, además si es a su querido Tito Pi durmiendo la siesta, aún se ríe más fuerte.

Entretanto, la intento sobornar con chocolate y como al perro de Pávlov le he creado un estímulo condicionado, con tanto éxito que cuando le preguntan: '¿Qué te trae el tito?', responde alegre y muy expresiva: ’Bombón.’, y en general me funciona, aunque no me he librado de que algún día se haya hecho las uñas en mi cara. Serán gajes del oficio de tito primerizo.

Bueno, no babeo más de sobrinica, con Petu no he sido padre, pero ya sé lo que es no imaginarme la vida sin ver crecer una parte de ti  fuera de ti.

 
¡Felicidades Carmen!
 
 


domingo, 7 de julio de 2013

'En las nubes...'


Me da algo de pena que una de mis palabras favoritas, como es ‘pareidolia’ no esté recogida en el DRAE, y es que me parece un término interesante tanto en su escritura, como pronunciación y desde luego, por su significado.

En esencia y resumiendo, vendría a ser el fenómeno psicológico mediante el cual reconocemos formas y patrones  ante estímulos visuales vagos. Ejemplos conocidos podrían ser las formas reconocidas en nubes, tostadas, árboles, y en definitiva en un sinfín de objetos.

Antropológicamente parece ser que tenía la finalidad de protegernos de depredadores y otros peligros. Supongo que tiene su lógica, si crees reconocer la forma de un león en un matorral y te alejas, tal vez estés salvando tu vida, aunque el precio a pagar por ello sea privarte la mayoría de las veces de experiencias que lejos de ser peligrosas tal vez resultaran muy enriquecedoras. Actualmente, aun con vidas en términos generales mucho más seguras, seguimos viendo muchas formas donde no las hay, cada uno con el filtro de nuestra cultura y cómo no, de nuestras expectativas.

Incluso los que siendo algo sibaritas somos capaces de disfrutar encontrando la belleza hasta  en los más pequeños detalles (no puedo dejar de acordarme de ‘Amelie.’), además de formas, creemos o deseamos ver señales, la mayoría de las veces como resultado de una conjunción cósmica, que (ya puestos) esperamos nos sea favorable. Y es que un poco de autoengaño de vez en cuando tampoco viene mal.

En estas historias ando yo últimamente, que trato de  rebelarme ante una gran carga de trabajo, y en el intento de disfrutar intensamente el escaso tiempo libre que me queda, no dejo de recibir mensajes y señales hacia una ‘slow life.’, ya sea intercambiando impresiones con personas recién conocidas en sesiones de coaching grupales, reencontrándome casualmente con viejos amigos a los que hacía años que no veía, encontrando reseñas bibliográficas por la red como ‘Conversaciones con mi gata.' ó incluso leyendo las simpáticas camisetas de los camareros del chiringuito al que asisto casi como a una segunda residencia (*).

Desconozco si conseguiré algún día organizarme mejor la vida, de manera que tengan cabida tantas y tantas inquietudes personales como albergo, pero mientras tanto iré a reflexionar caña en mano a mi chiringuito de cabecera.

Si no nos vemos por aquí en un tiempo….. ¡Feliz verano!

 


domingo, 24 de marzo de 2013

'Relatos.'


                 Llevas dos o tres semanas ilusionado con participar en un concurso de relatos cortos.

                Te sirve para recuperar las ganas de escribir, de sentarte delante de un folio en blanco,  disfrutar dando cuerpo y vida a esas ideas extrañas que te vienen a deshoras, mezcla de recuerdos algunas veces; sólo imágenes las más.

                En ocasiones, te surge un final, y tratas llegar a un comienzo incierto, como el niño que alcanza el diez en la rayuela, y sabe que se lo juega todo en un difícil salto que incluye el giro hacia un posible retorno. Otras, sólo el contexto de una historia, pendiente de escribir, como las pinceladas del fondo de un óleo, que trazadas con emoción y acierto, pueden ser el germen, dar vida a preciosas composiciones.

                Ya has terminado, simplemente porque lo decides, siempre se puede perfeccionar, siempre hay un sinónimo que sustituir, una coma que trasladar.  Sabes que lo escrito es mejorable, pero quieres a tus líneas porque siempre hay algo de ti en ellas.

                Ahora tienes que elegir un pseudónimo, qué sensación más extraña, tratar de encontrar un ‘alter ego’ con el que sentirte cómodo, renombrarte sin perder tu esencia, que tus líneas sigan siendo tuyas. Lo encuentras en algún rincón de tu mente, ya te pertenece, pero como siempre, te pierde la curiosidad, imaginas cómo hubiera sido tu otra vida, como mínimo con otro apellido tus compañeros de clase siempre hubieran sido otros; con  otro nombre tus santos hubieran sido diferentes…

                Aunque dudas, no lo puedes evitar, asomarte a esa nueva ventana que ofrece a veces imágenes movidas  de un mundo en constante cambio. Tecleas tu nuevo nombre y rápidamente encuentras tu otra vida, fuera de ti.

   Saliste de tu país para vivir fuera, te casaste…

                No quieres saber más, ya estás casi seguro de que todo cuanto crees habrá sido vivido por otros.

Tal vez sólo sepas recordar.
 
 

 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

'De nocheviejas y nuevos trenes.'

            Aunque el año está plagado de acontecimientos anuales, los grandes ganadores de la ‘liga de la autoevaluación’ son sin duda las navidades, con su salto de año incluido, y cómo no, nuestros cumpleaños.
            Cualquiera de ellos nos puede llegar subidos a un precioso tren, fantásticamente atendidos y con unas vistas excelentes, o por el contrario, puede ser algo más incómodo, tal vez destartalado, quizás con una compañía de viaje algo ruidosa. En cualquiera de los casos, lo verdaderamente importante no es ir en el primero o en el segundo, sino si deseamos realmente bajarnos en la siguiente parada, o por el contrario, ajenos a cualquier planteamiento, preferimos dejarnos llevar incluso sin conocer el destino.
Continuando con las estaciones y sus paradas intermedias, hace ya unos años leí una explicación relativamente simple de los diversos grados de conocimiento que podemos tener sobre una materia.
Ni que decir tiene que como todos los planteamientos generalistas sobre cualquier tema, es muy cuestionable o al menos matizable, pero en cualquier caso me gustaría compartirla con vosotros, incluso con los errores u omisiones de mi a veces voluntariamente mala memoria.
Venía a afirmar que un primer grado de conocimiento sobre alguna materia podría ser entenderla, asimilarla interiormente.
Un paso adelante  podría ser saber explicarla adecuadamente a terceros, para lo cual además de entenderla se requiere un grado de interiorización superior que nos capacite para enfocarla desde diferentes perspectivas o contextos.
Si fuéramos capaces de crear algo nuevo, una aportación original, subiríamos al siguiente escalón, y finalmente son sólo unos pocos elegidos los que tienen la capacidad de iluminar al resto con obras que cambian la forma de entender el mundo.
Así que en cuatro cómodos pasos, como si de un programa de bricolaje se tratase podéis evaluar qué tal se os da cualquier cosa, desde la física cuántica a la neurología, pasando por el punto de cruz, o el manejo de la Thermomix.
En mi caso, aunque mantengo la esperanza de saltar al tercer escalón en alguna etapa de mi vida, de momento me considero afortunado por poder llegar al segundo en variadas cuestiones, algunas académicas y otras sencillamente pintorescas.
Y os cuento todo esto porque, en muchas cuestiones de la vida diaria no llego ni al primero, y no es por falta de ganas, pero me siento como ese bebé que apenas sabe gatear mirando una escalera, como el mono recién llegado al que le pegan sin saber por qué, el aborigen que ve por primera vez el mar, o que mes tras mes se queda embobado mirando la luna llena.
En mi caso,  por aquello de mi lentitud existencial, desconozco si en 2013 subiré algún primer escalón más, pero si habéis tenido la santa paciencia de leer hasta aquí, os regalo la posibilidad de  cambiarla sustituyendo mentalmente palabra ‘conocimiento’ por ‘ilusión’, y aprovecho para desearos que subáis muchos escalones con esta nueva escalera en el año venidero.
            

Un abrazo.
Santi.

domingo, 21 de octubre de 2012

'De canciones de Julio y ese aire fresco que tanto te gusta.'

Posiblemente no tenía ni los veinte cumplidos cuando ya me gustaban las pelis de treintañeros.
Y es que,  a lo largo de los años he disfrutado mucho esas tramas en las que un puñado de amigos de dicha edad iban desgranando sus miedos, ilusiones, decepciones, nostalgias e incertidumbres en general.
Me gusta citar como ejemplos del género: ‘Las razones de mis amigos.’, ‘El principio de Arquímedes.’ o ‘Marta y alrededores.’  obras siempre con el trasfondo de la pérdida de la juventud y el alejamiento de los sueños. Aquellos últimos que,  aunque aun todavía presentes en el otro extremo de una palanca imaginaria, son más difíciles de alzar debido al punto de apoyo que se nos acerca atraído por la rutina y el peso de las circunstancias cotidianas.
Sin embargo aunque ahora que he llegado a la edad de los protas de algunas de estas películas puedo por mi propia experiencia vital apreciar mejor aquellos sentimientos, lo que más noto pese a que a veces me fastidie, es el peso de lo relativo. O dicho de otra manera, ya no tengo una visión maniquea de la vida. Hace tiempo que los blancos y negros fueron dando paso a una enorme variedad de grises.
Lo explicaba magníficamente Carmen Posadas en una de sus columnas dominicales, comentando cómo una de sus amigas aplicaba en sus relaciones personales ‘la teoría de Julio Iglesias’ según la cual no hay por qué ir encasillando a las personas que vamos conociendo, pues todos reaccionamos de manera cambiante ante entornos cambiantes como en la célebre canción del cantante ‘ a veces tú, a veces yo….a veces sí, a veces no …’.
Y es que si hasta para diseñar ese aparato de tu casa que te da ese fresquico que tanto te gusta, aparentemente cuadriculados ingenieros y matemáticos aplicaron algo llamado lógica difusa, flexibilizando con ello los criterios por los que se enciende y se apaga en función del rango de temperaturas exterior, ¿no obtendríamos nosotros mismos mejores resultados en nuestros retos cotidianos  personalizando los criterios por los que aceptamos o reprobamos una gran variedad de hechos y personas?

Bueno, os dejo, voy a apagar el aire…
Santi.