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viernes, 10 de abril de 2020

'Rara avis.'

      Se atribuye la expresión latina ‘‘rara avis in terris nigroque simillima cygno’’ a Juvenal, poeta romano del siglo I, que se traduce en castellano como ‘‘un ave rara en la tierra, y muy parecida a un cisne negro’’. En el s. XVII era una frase común en Londres como ejemplo de imposibilidad o inexistencia, basaba en el hecho de la ausencia de observaciones de dicha ave hasta la fecha. Sin embargo, tras su descubrimiento en Australia por parte de una expedición holandesa en 1697, su significado se asoció a la posible refutación de una imposibilidad percibida a priori.

      Con estas premisas, el filósofo Nassim Nicholas Taleb se serviría de dicha metáfora para titular su ensayo de 2007 ‘‘El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable.’’, en el cual analiza los rasgos comunes de una serie de sucesos que tienen las siguientes características: son sorpresivos para quien los observa, tienen un profundo impacto socioeconomico, y debido a su impredicibilidad sólo pueden racionalizarse de manera retrospectiva. Cumpliendo estos requisitos, ejemplos recientes de sucesos cisne negro son la primera guerra mundial, internet, o los atentados del 11-S, los cuales, como consecuencia de su alto impacto, tienen un papel relevante en la historia.

      Sin embargo, el autor considera que la actual pandemia de coronavirus no encaja en su definición, pues entiende que sí podía preverse, circunstancia que encuentro  discutible sin negar la evidencia científica de su predicibilidad, pues su definición incluye la perspectiva del observador (en su libro pone como ejemplo que los atentados del 11-S eran impredecibles para la mayoría, pero no para los terroristas suicidas), de manera que podría deducirse que, tras analizar el comportamiento de los distintos estados ante la crisis, para unos podría serlo, y para otros no.

      En cualquier caso, Nassim Taleb no pretende en su libro aportar ideas para predecirlos, sino que recomienda planificar robustez para afrontar sus consecuencias negativas y aprovechar las positivas cuando sucedan. Asumiendo entonces que, por estar inmersos en él, de este suceso sólo nos queda padecerlo, el conjunto de ensayos que he ido leyendo los últimos años, más mis propias reflexiones, me inclinan a pensar que la crisis generada por la pandemia va a ser prolongada en el tiempo, y profunda en sus consecuencias.

     En relación con su desarrollo temporal, me baso en mi definición favorita de crisis, según la cual éstas ocurren cuando lo viejo no termina de irse, y lo nuevo no termina de llegar (la frase original del filósofo italiano Gramsci, bastante más tenebrosa, sería: ‘‘El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos’’). Y dado que creo con firmeza que los cambios que van a suceder van a ser numerosos, afectando a un elevado número de personas, estados y empresas, con intereses en muchos casos contrapuestos, no preveo un proceso de cambio rápido a la nueva realidad pospandémica. 

      Sobre su profundidad, leía a Yuval Harari hace días en un artículo en el Financial Times plantear una doble dicotomía para los próximos años: la primera sería la elección de los estados entre vigilancia totalitaria basada en la tecnología (con un serio menoscabo de las libertades individuales), o empoderamiento ciudadano, basado en la confianza en comportamientos responsables; la segunda a su vez consistiría en la decisión entre aislamiento nacionalista de los estados, o cooperacion internacional. Desconozco qué va a ocurrir, pero intuyo que, en los próximos años los estados, mediante una mayor intervención en sus economías, recuperarán cuota de poder frente a las grandes empresas de ámbito mundial.

     Tras el análisis del contexto global, en la esfera de lo personal, como gran parte de la sociedad, asisto a los acontecimientos diarios, además de sobrecogido por la tragedia de tantas pérdidas personales, con la fascinación de quien sabe que está viviendo algo trascendente, y soy consciente de que vendrán tiempos muy difíciles, porque una de las principales ideas que hace años se me grabaron de la lectura de ‘‘El cisne negro.’’ es el error de confirmación, que viene a consistir en el autoconvencimiento de que algo no puede ocurrir mañana, por deducción de que no ocurriera ayer o anteayer. En este sentido intento, además de no perder la capacidad de sorprenderme, no preocuparme demasiado, siguiendo el consejo de uno de mis vídeos favoritos (‘‘Sunscreen.’’): ‘‘Don't worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum.’’. Como la mayoría de vosotros, en los próximos meses o años, tal vez tenga que afrontar la duda, entendida como la necesidad de toma de decisiones cuando inevitablemente hay que escoger entre dos soluciones malas, o entre diversas opciones que, aun siendo buenas, acarrean todas ellas desagradables efectos. Afrontar algo así, que con toda certeza implicará renuncia, me requerirá en su momento una revisión profunda de mi escala de valores.

     A nivel sociológico, una de las primeras cosas que me planteé desde los primeros días de confinamiento, era cómo afectaría esta crisis a ese colectivo creciente que integramos los que vivimos solos en general, y a los mayores o desfavorecidos en particular. Es demasiado prematuro obtener conclusiones, pero quiero ser optimista, y apelando a nuestra particular idiosincrasia patria, me gustaría pensar que se están extendiendo las redes sociales de ayuda hacia los más necesitados, entre los que se incluyen estas personas.

      En el ámbito cultural, tampoco está exento de cierta gracia lo malos que fuimos visualizando futuros apocalípticos (en general somos nefastos imaginando cualquier futuro, como bien se explica en el libro ‘‘Tropezar con la felicidad.’’), quizás contaminados por libros o películas con tramas mucho más emocionantes (para la población en general, de la que exceptúo a todos los héroes que se juegan la vida a diario para que estemos sanos, seguros y abastecidos, a los que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos), en las que a priori nos hubiera parecido inverosímil la extraña fijación de las masas por el papel higiénico, la levadura, o por ponerse a hacer ejercicios, o recuperar costumbres que en su puñetera vida habían practicado. En todas aquellas producciones culturales, el foco estaba en el contexto, siendo la pandemia en sí la protagonista absoluta de las tramas. En cambio, a partir de ahora, en los próximos años, a buen seguro surgirá una explosión de pintura, literatura, cine o teatro pospandémicos, donde la epidemia pasará a ser contexto, como un decorado más, frente a lo esencial, que serán los acontecimientos en las vidas de los personajes intervinientes. 

      Por aquello tan importante de no perder nunca el humor, tan esencial por su naturaleza catártica, finalizo comentando que me enorgullece formar parte de un país en el que su población se organiza para aplaudir o improvisar música, frente a otros en los que se disparan las ventas de armas. Los tiempos que viene no serán fáciles, pero con vuestra compañía, se harán más llevaderos.

      Besos y abrazos virtuales para todos.
      Cuidaos mucho.


Fuente: Wikipedia: Cygnus Atratus Singapore.jpg. 
Img by Calvin Teo 





martes, 5 de mayo de 2015

'Explorando la despensa.'


          Entre los muchos motivos que puede tener cualquier persona para considerarse afortunada, no suele faltar sentirse querida por buenos amigos. Si además, como es mi caso, pertenecen a ámbitos muy diferentes, las ventajas se multiplican por permitir asomarse a otras realidades y formas de pensar diferentes a la nuestra.



Las aficiones no son una excepción a esto, y cuando coincido con algún amigo que me explica con pasión algún hobby que me es ajeno, a veces me siento como un niño que en la cocina, de puntillas, levanta la vista hacia una despensa abierta, buscando con la mirada entre frascos y latas de variados colores algún pequeño tesoro como pueda ser una chocolatina, quizás alguna galleta apetecible, o un bote de crema de cacao.


En mi caso, os puedo comentar que me encanta que me hablen de  deportes que aún no he practicado, o géneros literarios a los que me he acercado poco o nada. De los últimos por ejemplo, uno de los que apenas he frecuentado (salvo varias novelas distópicas como puedan ser ‘1984.’, ‘Un mundo feliz.’ o ‘Fahrenheit 451.’) es el de la ciencia ficción. Aunque en el cine no me pierdo película fantástica alguna, tengo que reconocer que leer las obras maestras del género es una de mis asignaturas pendientes. Ayudado entonces por la riqueza de detalles de las explicaciones de mis amigos, imagino que serán del tipo de novelas que, una vez liberadas de muchos condicionantes de tipo histórico o cotidiano, permiten desarrollar tramas en las que se abordan cuestiones existenciales de primer orden, muchas veces en forma de grandes retos del futuro.


Como no puede ser de otra manera, uno de los temas centrales que aparecen en estas novelas, es la existencia de vida extraterrestre, su grado de evolución y por supuesto, su actitud para con nosotros. Me inclino a pensar, que en caso de que apareciera alguna especie visitante, por el hecho de habernos encontrado estaría en posesión de un avance tecnológico muy superior al nuestro, y probablemente no fuera muy amigable, por resultarles insignificantes como especie. En definitiva, no nos tratarían mucho mejor que nosotros lo hacemos con gran parte del reino animal y vegetal. Imagino que la clave de que pudieran sentir algo de empatía que les generara compasión, estaría directamente relacionada con la capacidad de comunicación entre ambas especies. Me vienen a la mente entonces un par de los variados conceptos acuñados por el autor del conjunto de novelas de  ‘La saga de Ender.’, en particular ‘ Ramen ‘ que serían miembros especies de otros mundos con los que es posible la comunicación y al menos potencialmente, la coexistencia pacífica, y ‘Varelse’, que sería también especies de otros mundos, con los que con independencia de su inteligencia, no es posible la comunicación, por lo que sería justificable una guerra en defensa propia. Pero lo verdaderamente valioso es que se trata de conceptos que dependen totalmente del punto de vista del juicio y madurez del que los establece, de manera que una misma especie podría ser considerada como ramen o varelse en función de la especie que la juzgue.


Bajando a cuestiones más terrenales, y como ocurre con tantas reflexiones inducidas por el género, no resulta muy difícil encontrar analogías con el mundo en el que nos ha tocado vivir, en el que tenemos acceso inmediato a verdaderas atrocidades en tiempo real con independencia del lugar en que se produzcan. No sorprenden entonces al leer sobre la naturaleza violenta humana ejemplos como la cárcel simulada por alumnos de la Universidad de Stanford repartiéndose los roles de prisioneros o guardias. En aquel experimento los maltratos reales que se produjeron hacia los encarcelados, comenzaron por comenzar los carceleros a reclasificarlos como ‘no personas’. Por el contrario, podemos encontrar curiosos ejemplos para la esperanza como el que se cita en ‘La tabla rasa.’ acerca de la participación de George Orwell en la guerra Civil española, que vio a un hombre corriendo por su vida medio desnudo sujetándose los pantalones con las manos, ‘Me reprimí de dispararle- escribía Orwell-. No disparé en parte por ese detalle de los pantalones. había venido a matar fascista; pero un hombre que trata de que no se le caigan los pantalones no es un fascista; evidentemente es una criatura amiga, un semejante.’ La clave en ambos casos está en incluir o expulsar a los extraños de nuestro círculo moral, con independencia de que seamos conscientes o no de ello.    


Así que supongo por todas estas cosas que  la empatía, además de facilitarnos buenos ratos entre amigos, sería deseable que llegará ser unos de los pilares de cualquier sistema educativo que forme personas.


Bueno, os dejo, voy a buscar algo a la cocina.

domingo, 8 de marzo de 2015

'Sobre lo incompleto.'

   Por aquello de recordarme a ‘fanático’, nunca he querido verme como ‘fan’ de nada ni nadie. Interpretando el diccionario a mi manera, prefiero el término ‘apasionado’ para describir aquello que nos hace brillar los ojos o perder la noción del tiempo, ya sea practicándolo o describiéndolo a los sufridos incautos que se nos van cruzando por el camino.

    Muy a mi pesar, con el escritor japonés H. Murakami me estoy acercando peligrosamente a la línea del primer término, y  no me cuesta imaginarme lleno de emoción cargado con más de media docena de libros suyos, para que me los firmara en una hipotética visita suya a alguna feria del libro por nuestro territorio patrio.

    Como me queda poco ya para terminar de leer su obra completa, me raciono bastante sus publicaciones. Muchas veces me las compro y las guardo con celo durante meses para ocasiones especiales como pueda ser un viaje.

    Así, con motivo de una escapadica a San Sebastián el fin de semana pasado, aproveché para llevarme su penúltima (creo) obra, la novela ‘Los años de peregrinación del chico sin color.’. A diferencia de otras creaciones, no es muy extensa y la pude completar en el trayecto de ida y vuelta en tren desde Madrid.
   
A lo largo de sus páginas, presenta gran cantidad de elementos comunes con el resto de su obra, como pueda ser una magnífica tensión narrativa a la hora de resolver enigmas polifacéticos, tramas situadas en distintos escenarios y épocas, o un verdadero deleite hedonista  en placeres simples como la música, la comida o la bebida. Por supuesto, no falta precisión a la hora de describir lo incompleto, como pueda ser amor sin sexo y sexo sin amor.

Sin embargo, y al igual que ocurría con ‘Al Sur de la frontera, al Oeste del Sol, la fusión de lo real y lo fantástico apenas está presente, por lo que permite ponerse en el  lugar del protagonista con mayor intensidad, sentir su soledad, ilusiones, miedos y pasiones de una manera que al menos para mí resulta muy especial.

No me enrollo más, os animo a leerla y os dejo con el música que le da nombre.





 

domingo, 21 de septiembre de 2014

'¿Sólo un juego?'

     Aún con menos tiempo disponible del que me gustaría, llevo un par de años simultaneando la lectura de novelas con la de  ensayos que me ayuden a entender en mundo en el que vivo.

    No sabría concretaros exactamente la temática de algunos, creo más bien que son multidisciplinares, si bien todos suelen incluir entremezcladas ideas filosóficas, sociológicas, antropológicas, económicas y también relacionadas con la psicología e incluso con el marketing.

       El último de los libros de esta temática tan variada con el que estoy es la ‘La tabla rasa.’ (S. Pinker). Debido a su profundidad y extensión, y al escaso tiempo que le dedico, voy más lento de los que me gustaría, pero habiendo pasado  la mitad de sus más de seiscientas páginas os puedo asegurar que es una obra magistral sobre la naturaleza humana, pues recopila, analiza y en algunos casos desmitifica los múltiples puntos de vista que a lo largo de los siglos hasta la actualidad han ido aportando filósofos, antropólogos, economistas, políticos, neurocientíficos e incluso hasta dictadores genocidas.

      Esta mañana leía unas páginas de esta obra sobre el altruismo y me ha llamado la atención como explicaba a través de los estudios de algunos economistas conductuales, algo que muchos de nosotros intuimos y es que la inmensa mayoría de las personas ni somos los egoístas inmorales que comportándose en base a intereses individuales hacen funcionar el mercado estrictamente según oferta y demanda, ni tampoco en el otro extremo encajamos bien en un modelo comunista en el que todo es de todos.

      Lo explicaba con cuatro juegos desarrollados para estos estudios en los que os animo a participar a través de vuestros comentarios:

  1. El juego del Ultimátum: Consigues una gran suma de dinero que debes repartir con otro participante. Puedes repartir a tu criterio pero si el otro rechaza su parte, los dos os quedáis sin nada. ¿Cuánto le darías?
  2. El juego del Dictador: Igual al anterior, pero el otro jugador nada puede hacer ante lo que reciba. ¿Cuánto le darías?
  3.  El juego del Doble ciego del Dictador: Igual que el anterior, pero se esconden las propuestas de muchos jugadores, y ni los organizadores del experimento ni los que reciben saben cuánto ofreció cada uno de ellos ni de quién han de recibir. ¿Cuánto darías?
  4. Finalmente, está el juego del Bien Público: todos los jugadores hacen una aportación anónima y voluntaria a un bote de dinero común; en este caso quien realiza el experimento lo dobla y el bote se reparte a partes iguales entre los participantes, cualquiera que haya sido su aportación. ¿Cuánto aportarías?

 Espero que os hayan parecido interesantes esto juegos, y en función de vuestro interés, en unos días desarrollaría tanto el comportamiento de los participantes en de estos estudios como las  conclusiones académicas a las que se llegaron y las implicaciones sociológicas y políticas que tienen.




EDITADO: Los tres primeros juegos conductuales se podría decir que estudian comportamientos individuales para determinar aspectos concretos en relación con el altruismo a nivel individual.

Así, en el primero de ellos la mayoría de las personas ofrece una cantidad inferior a la mitad, que sería la cantidad que tiene unas posibilidades muy altas de ser aceptada por el contrario. De esa cantidad que ofrece una parte está relacionada con el miedo a ser rechazada por el contrario como represalia por recibir una cantidad sensiblemente  inferior a la que recibió el participante.
Si se descuenta el miedo a la represalia entramos en el segundo juego, en el que el posible receptor no tiene capacidad de decisión alguna y por tanto el jugador tiene control total sobre las consecuencias de su decisión. En este caso y como es de esperar, la cantidad media que se ofrece es  inferior a la primera. De esa parte que se ofrece hay una parte que está relacionada con la imagen que puedan tener de nosotros tanto el entrevistador como el posible receptor.

Finalmente, y ya bajo el anonimato, como es de esperar, se comprueba en los experimentos que las cantidades se reducen drásticamente de media.

Los que separa a esas cantidades de ser cero  está relacionado con nuestro altruismo  podríamos decir ‘natural’o intrínseco.

El último de los juegos tiene una naturaleza algo distinta y tiene que ver con nuestro altruismo pero en relación con la organización social a la que pertenecemos. En este juego la estrategia colectiva óptima es aportar todo lo que tenemos, pues si todos los participantes se comportan igual, se dobla la totalidad de los bienes del conjunto de los participantes.

Sin embargo la estrategia individual óptima es no dar nada y esperar recibir nuestra parte una vez que se doblen las aportaciones de los demás, circunstancia que bajo el anonimato es fácil que se dé. Adicionalmente, la decisión de aportar muy poco sobre lo que se tiene o nada puede obedecer también  a otro enfoque particular en el caso de una persona que posee mucho más dinero que las demás, si lo aporta todo, aun cuando los demás hicieran lo mismo, al recibir su parte de repartir a partes iguales lo doblado entre todos podría recibir menos de lo aportado. Ambas circunstancias podrían explicar por qué en organizaciones sociales incluso con economías muy intervenidas en lo que se refiere a políticas redistributivas de riqueza, las personas ( en su ‘holgazanería social’ según la denominan los psicólogos sociales) no se esfuerzan al máximo (en el juego de la cuerda tiran menos de lo que lo harían individualmente, o ante una ovación pública aplauden con menos gana) con independencia de que tengan mucho o poco.




martes, 22 de abril de 2014

'Agua del grifo.'


                Mis escapadas de senderismo ya sean por nuestro país o por otras naciones europeas, no sólo me suponen una necesaria desconexión de la rutina. Al perderme por unos días para caminar por espectaculares paisajes compartiendo experiencias con unos cada vez recién conocidos compañeros de viaje,  tengo la extraña y a la vez  emocionante sensación de volver a comenzar.

                A pesar de siempre vivir momentos memorables durante esas jornadas de suelas desgastadas, sudor, cerveza fría, y vida contemplativa, no exento de incertidumbres previas, me gusta llevar un par de amuletos siempre conmigo. Son como el mando de eyección de los aviones caza, pues pienso que si algo se torciera, siempre me sacarán de cualquier apuro.

                Nunca los he usado para tal fin, por haber disfrutado intensamente cada uno de mis viajes, pero será porque en mi rutina habitual dedico a la lectura mucho menos tiempo del que me gustaría, que cada vez que marcho, leo con fruición, casi devoro, cada una de las páginas de los libros que me llevo, ya sea en autobús, en las escalas entre aeropuertos, o incluso tras las obligadas visitas nocturnas a los bares de los lugares que visito.

                Como un elemento más a decidir en la planificación de mis viajes, tengo mis autores y géneros preferidos para acompañarme. Entre ellos destaca últimamente Haruki Murakami, el escritor japonés contemporáneo más reconocido a nivel internacional. A punto de completar la lectura de la totalidad de su bibliografía, disfruto comprando sus obras en bolsillo y reservándolas durante meses para leerlas íntegramente en el transcurso de la próxima aventura.

                Me gustan particularmente sus obras porque sus protagonistas viven en mundos interiores muy desarrollados, y como no podía ser de otra manera, a lo largo de los años, e incluso décadas viven y sienten con gran intensidad amores apasionados, enmarcados en un realismo mágico (a veces directamente género fantástico), en los que no faltan multitud de alusiones a obras musicales de todos los géneros, recetas orientales, y obras literarias.

                Además, en el particular universo del escritor japonés basta un pequeño detalle, un guiño de la realidad, para llevar a los personajes a otros escenarios  tremendamente parecidos, casi indistinguibles, pero diferentes en esencia de aquellos en los que transcurren sus muchas veces opresivas rutinas.

                Intentando entenderle, ya que muchas veces esos mundos viven en el interior de sus personajes, me intereso cuando viajo en apreciar cada pequeño detalle de las experiencias que vivo, tanto emocionales como sensoriales. De manera que ya no se me hacen raras cosas como que el agua del grifo me sepa fenomenal, que los horarios de algunos países varíen sensiblemente, o que los motivos de mis desvelos, o mis ansias de más tiempo para mí y en definitiva, de vida, sean tremendamente frecuentes entre aquellos con quienes  por unos días comparto atardeceres.

                Y tú… ¿Lees?¿Viajas?




miércoles, 19 de marzo de 2014

'De hormigas falsas'


        A pesar de espaciar cada vez más mis publicaciones, me gustaría a lo largo del año llegar a la interesante cifra de ciento cuatro publicaciones (*). Mientras tanto, y dirigiéndome hacia los tres años de blog a veces pienso en algunas de las entradas que quise escribir y a pesar de tenerlas mucho tiempo en mente, por muy diferentes motivos, no me decidí a publicar. Así que, si este blog fuera una película, éstas bien podrían ser algunas de sus ‘tomas falsas’:

‘Desde la Luna no se ve el tablero de Risk’: Uno de los aspectos que más me cuesta entender del mundo en el que vivo es la tremenda obsesión por las fronteras. Bajo la firme convicción de que ningún ser humano es ilegal en ninguna parte, a la que se suma el hecho de que considero algo coyuntural para cada persona el sitio en el que nace, prefiero de momento no escribir más sobre este polémico tema.

‘Felipe II no tenía un Megane verde.’: En contra de la intuición cotidiana, estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad bajo la mayor parte de los puntos de vista sobre los que se observe, ya sea en términos económicos, sanitarios e incluso de índices de violencia. Cualquier ciudadano medio del primer mundo vive mejor y tiene más comodidades en general que los hombres más poderosos del planeta de hace unos cuantos siglos. No obstante, no he profundizado sobre este tema porque con más de cinco millones de parados en nuestro país, a pesar de poder aportar datos objetivos, puede parecer insensible e incluso hasta frívolo.

‘Anunciando teles en la tele.’: Nunca he conseguido entender del todo el sentido que le quieren dar los fabricantes de televisiones, a los anuncios de sus productos de última generación que tienen que ser visualizados con aparatos de prestaciones convencionales. En este sentido, a veces me he planteado hablar de altas capacidades intelectuales por ser un tema que me apasiona, pero que entiendo que no es del interés general salvo en el caso que algún lector se sintiera identificado con las teorías actuales sobre el tema, o quizás tuviera algún hijo con dichas capacidades. Si bien, en este último caso carezco del criterio suficiente para hablar de un tema tan serio.

‘Del big bang, a las amebas y los registradores de la propiedad.’ (*)2: Razonando yo solito acerca de que todo tiene un origen, desde el universo, a los organismos pluricelulares como los registradores de la propiedad, pasando por los unicelulares como las amebas, me interesa muchísimo el origen de la propiedad del suelo en particular. Publicaré algo si consigo leer historia y sociología previamente para documentarme un mínimo aceptable.

‘Los barcos de mis amigos.’: Poco antes de iniciar el blog, bastante interesado en la sociología, encontré en el área de libros de unos grandes almacenes la 5ª edición de la obra ‘Sociología.’ del premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Anthony Giddens. Me costó bastante dinero por ser un tomo de más de mil páginas en tapa dura que cubre todos los temas centrales de la materia (bueno salvo las redes sociales, por haber sido escrito en  2006), pero a cambio y según indicaba el autor, pude ir leyendo separadamente los capítulos y sus resúmenes en función de mis intereses. Incluso a pesar de no haberlos leído todos, uno de los que más me interesó fue (cómo no) el de ‘Estratificación y clase.’, que hacía referencia a las posiciones desiguales que ocupan los individuos en la sociedad ya sea por edad, género, riqueza, propiedades y el acceso a los bienes materiales y a los productos culturales. Hablaba también de interesantes conceptos como la movilidad social (ascenso o descenso de clase social), ya fuera intrageneracional (a lo largo de la vida de un individuo), o intergeneracional (los descendientes de una familia se desplazan a una clase social diferente a la de su familia de origen). Finalmente, la idea que daba el título a esta publicación fallida se refería al concepto de ‘estilo de vida’, según el cual dentro de una misma clase social, factores culturales como hábitos de consumo o estilo de vida están desplazando a los tradicionales factores económicos como tipo de empleo y nivel de ingresos en la formación de las identidades grupales de los individuos. O si os queréis quedar con la anécdota del título, bajo determinadas condiciones, tener amigos con barco o piscina hoy en día a nivel social puede suponer prácticamente lo mismo que poseerlos. Escribiré más sobre esto cuando pase la crisis.



 (*) Un hipotético lector que comenzara a leerme con frecuencia semanal desde el principio, podría hacerlo dos años seguidos incluso si no volviera a publicar en ese periodo. ;)
(*)2 Estaréis de acuerdo que este título es bueno y hasta un comodín. Pensad por ejemplo en ‘Del big bang, a las amebas y las monarquías.’, o ‘Del big bang, a las amebas y los tertulianos de la tele.’. Un verdadero filón. ;)

domingo, 12 de enero de 2014

'Compartiendo literatura: Diez obras que recordaré.'

            Ayer leía en el muro de facebook un amigo uno de estos textos en cadena en el que se etiquetaba a diez amigos y se animaba a continuar la cadena a los etiquetados.
               
Básicamente el etiquetado, sin pensarlo mucho, tenía que hacer la lista de diez obras literarias que le hubieran marcado, ya fuera por su calidad general, su argumento, trama, por el momento de su vida en que la leyó o simplemente por lo que pudieran significar algunos de sus párrafos. Por supuesto, no tenían que ser grandes obras, pero sí importantes para el etiquetado.
               
 No me pude resistir a hacer mi lista mental, y como sabéis que me encanta hablar de libros con aquellos amigos con los que comparto mi pasión por la literatura, enseguida me puse también a hacer mi lista mental de los diez de vosotros a los que iba a etiquetar, con la única intención de que alguno os animarais a compartir vuestra lista, o al menos a charlar un poco de vuestras novelas favoritas por cualquiera de los medios que internet ofrece.
               
Bien, tras pensarlo un poco prefiero no etiquetaros, entre otras cosas, porque a algunos sé que nos os gusta, y además tampoco os conocéis entre todos, pero sin embargo, no me quedo con las ganas de compartir con vosotros una lista, aun dejándome muchas,  de diez obras que por muy diversos motivos he disfrutado muchísimo:

1.    ‘1984.’ – George Orwell
2.    ‘Ensayo sobre la ceguera.’ – José Saramago
3.    ‘El camino.’ – Miguel Delibes
4.    ‘La sonrisa etrusca.’ – José Luis Sampedro
5.    ‘El juego del ángel.’ – Carlos Ruiz Zafón
6.    ‘Al sur de la frontera, al oeste del sol.’ – Haruki Murakami
7.    ‘El banquete.’ – Platón
8.    ‘El amor en los tiempos del cólera.’ – Gabriel García Márquez.
9.    ‘El último encuentro.’ – Sándor Márai
10. ‘El jugador.’ – Fiódor Dostoievski

Me encantaría que aportarais la vuestra o al menos comentarais cualquier obra que os haya apasionado.




miércoles, 18 de septiembre de 2013

‘De vivencias enlatadas y la pluma mágica de Dumbo.’


               Teniendo el tiempo como recurso escaso, intento cumplir la norma autoimpuesta de intentar en mis ratos libres hacer sólo las cosas que puedo disfrutar con la tranquilidad requerida.
                Es por ello que son bastante infrecuentes los días en los que dentro de las horas libres del mediodía abandono mi despacho con vistas al río Segura, y lo cruzo con algún buen compañero y amigo para comer relajadamente por algún lugar céntrico de Murcia y si sobra algo de tiempo ir a ver libros y discos en unos conocidos grandes almacenes.
               
                Inesperadamente hoy dentro de una incorporación posvacacional más tranquila de lo esperado ha sido uno de esos días que ocurren cada dos o tres meses. Así, tras un agradable almuerzo, me he acercado al conocido centro con un compañero a ver entre otras cosas esos paquetes que ofrecen un variado número de experiencias a elegir.
                Me han sorprendido tanto el número de marcas comerciales, como la gran cantidad de referencias de producto. No he podido dejar de imaginar a su consumidor final intentando elegir, ya fuera solo o en pareja, entre la enorme cantidad de vivencias enlatadas que incluso sólo uno de los paquetes puede ofrecer en potencia, ya fueran aventuras, experiencias gastronómicas, turísticas o de spa.
                Desconozco si se venden mucho dichos paquetes, o si las vivencias así elegidas resultan más caras que siendo reservadas de forma convencional, pero no he podido dejar de pensar que de la misma manera que con fotografías, vídeos o libros regalamos pasado, con otros muchos objetos tal vez presente, lo bonito de estos paquetes es que regalamos ilusión por tener que elegir como paso previo, y en esencia entregamos felicidad futura.
                Y sobre todo me planteo si no habrán encontrado los creadores del producto una forma de hacernos recordar una capacidad muy nuestra que nunca nos ha abandonado….
¿Nos estarán vendiendo tal vez la pluma mágica de Dumbo?

P.D. Gracias Asun por la foto.



domingo, 7 de julio de 2013

'En las nubes...'


Me da algo de pena que una de mis palabras favoritas, como es ‘pareidolia’ no esté recogida en el DRAE, y es que me parece un término interesante tanto en su escritura, como pronunciación y desde luego, por su significado.

En esencia y resumiendo, vendría a ser el fenómeno psicológico mediante el cual reconocemos formas y patrones  ante estímulos visuales vagos. Ejemplos conocidos podrían ser las formas reconocidas en nubes, tostadas, árboles, y en definitiva en un sinfín de objetos.

Antropológicamente parece ser que tenía la finalidad de protegernos de depredadores y otros peligros. Supongo que tiene su lógica, si crees reconocer la forma de un león en un matorral y te alejas, tal vez estés salvando tu vida, aunque el precio a pagar por ello sea privarte la mayoría de las veces de experiencias que lejos de ser peligrosas tal vez resultaran muy enriquecedoras. Actualmente, aun con vidas en términos generales mucho más seguras, seguimos viendo muchas formas donde no las hay, cada uno con el filtro de nuestra cultura y cómo no, de nuestras expectativas.

Incluso los que siendo algo sibaritas somos capaces de disfrutar encontrando la belleza hasta  en los más pequeños detalles (no puedo dejar de acordarme de ‘Amelie.’), además de formas, creemos o deseamos ver señales, la mayoría de las veces como resultado de una conjunción cósmica, que (ya puestos) esperamos nos sea favorable. Y es que un poco de autoengaño de vez en cuando tampoco viene mal.

En estas historias ando yo últimamente, que trato de  rebelarme ante una gran carga de trabajo, y en el intento de disfrutar intensamente el escaso tiempo libre que me queda, no dejo de recibir mensajes y señales hacia una ‘slow life.’, ya sea intercambiando impresiones con personas recién conocidas en sesiones de coaching grupales, reencontrándome casualmente con viejos amigos a los que hacía años que no veía, encontrando reseñas bibliográficas por la red como ‘Conversaciones con mi gata.' ó incluso leyendo las simpáticas camisetas de los camareros del chiringuito al que asisto casi como a una segunda residencia (*).

Desconozco si conseguiré algún día organizarme mejor la vida, de manera que tengan cabida tantas y tantas inquietudes personales como albergo, pero mientras tanto iré a reflexionar caña en mano a mi chiringuito de cabecera.

Si no nos vemos por aquí en un tiempo….. ¡Feliz verano!

 


domingo, 5 de agosto de 2012

'Buscando gafas nuevas por las librerías.'

Ahora que lamentablemente se están volviendo comunes sentimientos de rabia, impotencia, desesperación y tristeza, que a muchos nos quitan las ganas de atender a los informativos, llevo unos días en los que siento un cierto germen de esperanza a largo plazo. En definitiva, comienzo a tener de otra  perspectiva del futuro.

No os alarméis, no me he hecho seguidor de ningún discurso mesiánico, ni sectario en general, sino que se trata más bien de haber digerido supongo que con éxito la reciente lectura de una obra que ya he comentado en otras entradas: 'Un viaje optimista por el futuro'.

Para preparar su redacción el autor recorrió el planeta reuniéndose con expertos de diversas disciplinas que revolucionarán nuestra vida en las próximas décadas, como ingeniería genética, robótica, nanotecnología, aeronáutica o energías renovables, llegando a la conclusión de que los  avances serán inevitables (en base a la ‘ley de los rendimientos acelerados’ , a la importante contribución del sector privado y a una creciente e imparable interconectividad basada en una estructura descentralizada de internet) y terminarán llegando a los actuales países subdesarrollados.

En definitiva resultó ser acertado el título del libro al menos para mí, lo que me ha hecho recordar aquellos libros de cuya lectura disfruté pero que a la vez cambiaron mi forma de ver o intuir el mundo.

Aprovechando que muchos de vosotros estáis pasando en este momento de unos días de merecido descanso me gustaría compartir una breve reseña de algunos de ellos (muchos comentados ya por aquí), y estaré encantado de comentar los que hayáis leído o de despertaros la curiosidad sobre alguno:

·                    ‘1984’ (George Orwell) : Como ya he comentado por aquí en alguna ocasión  me sorprendieron a partes iguales tanto la visión en mi opinión tan lúcida y vigente que de la sociedad que tenía el autor; como lo acertado del título, pues escrita la novela en 1948, bastaba darle la vuelta a las dos últimas cifras para recrear en su momento un futuro no muy esperanzador, como en el que en la actualidad vivimos…

·                    ‘Superfuerza.’ (Paul Davies): Recopilo también esta reseña de otra entrada pues siempre he sido muy aficionado a la física, y esta obra que encontré al azar a precio de saldo en pesetas en algún mercadillo playero me parece de lo mejor que he leído de divulgación científica de física cuántica y cosmología. Si os interesa el tema ahora que está tan de moda el bosón de Higgs es muy recomendable.

·                    ‘Breve historia del tiempo.’(Stephen Hawking): También sobre cosmología aunque de lectura mucho más sencilla para los no iniciados. El autor explica al comienzo que ‘Alguien me dijo que cada ecuación que incluyera en el libro reduciría las ventas a la mitad.’ Y se lo tomó al pie de la letra con un resultado magistral, con excelente explicaciones, esquemas y dibujos.

·                    ‘Los próximos cien años.’ (George Friedman): Bastante más dramática es la visión de este autor, que explica a lo largo de sus capítulos las diversas fallas geopolíticas mundo y las predicciones para ellas durante las próximas décadas en un análisis que incluye factores geográficos, económicos dando como resultado un importante ascenso de países como Japón, Méjico, Turquia o Polonia, nuevas guerras frías y una tercera guerra mundial. Muy a mi pesar vino a reafirmar mi idea del importante papel de las guerras y las tensiones diplomáticas en el desarrollo económico y tecnológico de los países.

·                    ‘El amante lesbiano.’ (José Luis Sampedro): Hace más de una década que la leí pero aun recuerdo la exposición razonada de hasta dieciséis roles sexuales que podemos adoptar en función de nuestro género, del nos sentimos, el que nos atrae, y la forma de experimentar el sexo. Siendo por ejemplo el protagonista de la novela, hombre que se siente mujer lesbiana sumisa.

·                    ‘El príncipe’ (Nicolás Maquiavelo): El autor, diplomático italiano, escribió su obra principios del s.XVI, y basándose en el análisis histórico del desarrollo de los estados (principados), desgrana en este tratado una serie de consejos para acceder al poder y mantenerlo por parte de los gobernantes. Parece ser que no hay consenso en atribuirle las ideas que relata en su obra como propias, puede que ser limitara a escribir el resultado de sus análisis sin entrar en disquisiciones morales. En cualquier caso, hasta la fecha las grandes multinacionales siguen comportándose de acuerdo a los consejos que en la obra se desgranan. Y muy a mi pesar en la portada de mi edición impresa (también de mercadillo) aparece un directivo de empresa ascendiendo las escaleras del éxito.


Felices vacaciones.
Santi.

martes, 3 de julio de 2012

'De estampas de Cuba y miradas al futuro.'

Hace ya unos meses pero aún lo recuerdo, supongo que me acerqué como todos los días, con prisa, acompañado por mis compañeros de siempre y quizás con ganas de ojear el periódico como cualquier españolito medio que es medianamente feliz y se siente cómodo en su rutina.
Su bar lleva abierto un par de años o algo así, y la verdad es que aunque sin mucha decoración se puede decir que tiene un cierto estilo, pues en él conviven algún cuadro ambientado en una Cuba intemporal y algo de ladrillo viejo en la zona de la barra, que reluce como un espejo sin desentonar con el brillo de su vajilla, cafetera y  resto de elementos metálicos,  todos pulcramente dispuestos.
Pero aquel día algo imperceptible me chirriaba, como cuando olvidas el nombre de una persona que te acaban de presentar hace diez minutos mientras no has dejado de hablar con ella.
Minuto y medio de desconcierto y con la cara de quién no recuerda si se ha dejado las luces de casa encendidas, le pregunté a la dueña.

Bingo! Creo que lo que había cambiado de sitio eran unos botes de lata decorados y un pequeño expositor de bollería….

     Me viene este recuerdo a la mente porque esta semana de manera casual he tenido la oportunidad de leer en la red acerca de dos obras bastante relacionadas entre sí que son ‘La era de las máquinas espirituales’ y 'Un viaje optimista por el futuro', pues en un enfoque más tecnológico en la primera y también sociológico en la segunda, ambas se refieren a un futuro no muy lejano en el que con la mejora paulatina pero imparable de los seres humanos mediante el uso de la tecnología se haga cada vez más difuso el concepto de su inteligencia o conciencia, fenómeno que se conoce como transhumanismo y que como sabéis, ha sido fuente inspiradora de un gran número de obras tanto cinematográficas como literarias (*).

           Y es que lo que más me llamaba la atención de la entrevista al autor de la segunda obra, es que preguntado por el inicio y la evolución de dicho fenómeno respondía que simplemente ya está ocurriendo.

            Supongo entonces que la rutina nos dificulta  ser conscientes de este cambio inexorable que nos está tocando vivir, probablemente porque son aunque exponenciales, también graduales a la vez. Pues de la misma manera que no quedan tan lejos los días en que eran frecuentes el uso de las cabinas telefónicas, las cintas de casete o el correo ordinario, ahora son comunes profesiones desconocidas hace dos o tres décadas como puedan ser diseñador de páginas web o comercial de telefonía móvil. Así que no hay motivo para dejar de pensar que en las próximas décadas miraremos nuestro presente desde la misma perspectiva.

             ¿Y qué hay de nosotros mismos?  Cuesta mucho reconocer que además de la tecnología, la sociedad y nuestra propia personalidad está en un proceso de cambio y adaptación constante, también en una forma a la que somos ciegos sin la perspectiva de los años, y en sentido literal hay científicos que afirman que en un preciso instante cada uno de nosotros no contenemos molécula alguna que formara parte nuestra hace nueve años.

             La duda entonces quedará en saber si como dice algunos estamos  una época de cambio o en un cambio de época.


Saludos.
Santi.
(*)P.D. Aprovecho para recomendaros 'Lagrimas en la lluvia.', de Rosa Montero.