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viernes, 10 de abril de 2020

'Rara avis.'

      Se atribuye la expresión latina ‘‘rara avis in terris nigroque simillima cygno’’ a Juvenal, poeta romano del siglo I, que se traduce en castellano como ‘‘un ave rara en la tierra, y muy parecida a un cisne negro’’. En el s. XVII era una frase común en Londres como ejemplo de imposibilidad o inexistencia, basaba en el hecho de la ausencia de observaciones de dicha ave hasta la fecha. Sin embargo, tras su descubrimiento en Australia por parte de una expedición holandesa en 1697, su significado se asoció a la posible refutación de una imposibilidad percibida a priori.

      Con estas premisas, el filósofo Nassim Nicholas Taleb se serviría de dicha metáfora para titular su ensayo de 2007 ‘‘El cisne negro. El impacto de lo altamente improbable.’’, en el cual analiza los rasgos comunes de una serie de sucesos que tienen las siguientes características: son sorpresivos para quien los observa, tienen un profundo impacto socioeconomico, y debido a su impredicibilidad sólo pueden racionalizarse de manera retrospectiva. Cumpliendo estos requisitos, ejemplos recientes de sucesos cisne negro son la primera guerra mundial, internet, o los atentados del 11-S, los cuales, como consecuencia de su alto impacto, tienen un papel relevante en la historia.

      Sin embargo, el autor considera que la actual pandemia de coronavirus no encaja en su definición, pues entiende que sí podía preverse, circunstancia que encuentro  discutible sin negar la evidencia científica de su predicibilidad, pues su definición incluye la perspectiva del observador (en su libro pone como ejemplo que los atentados del 11-S eran impredecibles para la mayoría, pero no para los terroristas suicidas), de manera que podría deducirse que, tras analizar el comportamiento de los distintos estados ante la crisis, para unos podría serlo, y para otros no.

      En cualquier caso, Nassim Taleb no pretende en su libro aportar ideas para predecirlos, sino que recomienda planificar robustez para afrontar sus consecuencias negativas y aprovechar las positivas cuando sucedan. Asumiendo entonces que, por estar inmersos en él, de este suceso sólo nos queda padecerlo, el conjunto de ensayos que he ido leyendo los últimos años, más mis propias reflexiones, me inclinan a pensar que la crisis generada por la pandemia va a ser prolongada en el tiempo, y profunda en sus consecuencias.

     En relación con su desarrollo temporal, me baso en mi definición favorita de crisis, según la cual éstas ocurren cuando lo viejo no termina de irse, y lo nuevo no termina de llegar (la frase original del filósofo italiano Gramsci, bastante más tenebrosa, sería: ‘‘El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos’’). Y dado que creo con firmeza que los cambios que van a suceder van a ser numerosos, afectando a un elevado número de personas, estados y empresas, con intereses en muchos casos contrapuestos, no preveo un proceso de cambio rápido a la nueva realidad pospandémica. 

      Sobre su profundidad, leía a Yuval Harari hace días en un artículo en el Financial Times plantear una doble dicotomía para los próximos años: la primera sería la elección de los estados entre vigilancia totalitaria basada en la tecnología (con un serio menoscabo de las libertades individuales), o empoderamiento ciudadano, basado en la confianza en comportamientos responsables; la segunda a su vez consistiría en la decisión entre aislamiento nacionalista de los estados, o cooperacion internacional. Desconozco qué va a ocurrir, pero intuyo que, en los próximos años los estados, mediante una mayor intervención en sus economías, recuperarán cuota de poder frente a las grandes empresas de ámbito mundial.

     Tras el análisis del contexto global, en la esfera de lo personal, como gran parte de la sociedad, asisto a los acontecimientos diarios, además de sobrecogido por la tragedia de tantas pérdidas personales, con la fascinación de quien sabe que está viviendo algo trascendente, y soy consciente de que vendrán tiempos muy difíciles, porque una de las principales ideas que hace años se me grabaron de la lectura de ‘‘El cisne negro.’’ es el error de confirmación, que viene a consistir en el autoconvencimiento de que algo no puede ocurrir mañana, por deducción de que no ocurriera ayer o anteayer. En este sentido intento, además de no perder la capacidad de sorprenderme, no preocuparme demasiado, siguiendo el consejo de uno de mis vídeos favoritos (‘‘Sunscreen.’’): ‘‘Don't worry about the future. Or worry, but know that worrying is as effective as trying to solve an algebra equation by chewing bubble gum.’’. Como la mayoría de vosotros, en los próximos meses o años, tal vez tenga que afrontar la duda, entendida como la necesidad de toma de decisiones cuando inevitablemente hay que escoger entre dos soluciones malas, o entre diversas opciones que, aun siendo buenas, acarrean todas ellas desagradables efectos. Afrontar algo así, que con toda certeza implicará renuncia, me requerirá en su momento una revisión profunda de mi escala de valores.

     A nivel sociológico, una de las primeras cosas que me planteé desde los primeros días de confinamiento, era cómo afectaría esta crisis a ese colectivo creciente que integramos los que vivimos solos en general, y a los mayores o desfavorecidos en particular. Es demasiado prematuro obtener conclusiones, pero quiero ser optimista, y apelando a nuestra particular idiosincrasia patria, me gustaría pensar que se están extendiendo las redes sociales de ayuda hacia los más necesitados, entre los que se incluyen estas personas.

      En el ámbito cultural, tampoco está exento de cierta gracia lo malos que fuimos visualizando futuros apocalípticos (en general somos nefastos imaginando cualquier futuro, como bien se explica en el libro ‘‘Tropezar con la felicidad.’’), quizás contaminados por libros o películas con tramas mucho más emocionantes (para la población en general, de la que exceptúo a todos los héroes que se juegan la vida a diario para que estemos sanos, seguros y abastecidos, a los que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos), en las que a priori nos hubiera parecido inverosímil la extraña fijación de las masas por el papel higiénico, la levadura, o por ponerse a hacer ejercicios, o recuperar costumbres que en su puñetera vida habían practicado. En todas aquellas producciones culturales, el foco estaba en el contexto, siendo la pandemia en sí la protagonista absoluta de las tramas. En cambio, a partir de ahora, en los próximos años, a buen seguro surgirá una explosión de pintura, literatura, cine o teatro pospandémicos, donde la epidemia pasará a ser contexto, como un decorado más, frente a lo esencial, que serán los acontecimientos en las vidas de los personajes intervinientes. 

      Por aquello tan importante de no perder nunca el humor, tan esencial por su naturaleza catártica, finalizo comentando que me enorgullece formar parte de un país en el que su población se organiza para aplaudir o improvisar música, frente a otros en los que se disparan las ventas de armas. Los tiempos que viene no serán fáciles, pero con vuestra compañía, se harán más llevaderos.

      Besos y abrazos virtuales para todos.
      Cuidaos mucho.


Fuente: Wikipedia: Cygnus Atratus Singapore.jpg. 
Img by Calvin Teo 





miércoles, 15 de octubre de 2014

''Eligiendo los yogures.''

           Desde pequeño siempre me encantaron las revistas y los libros de divulgación científica, sobre todo los artículos que hablaban de lo extraordinariamente grande como planetas y galaxias, o de lo increíblemente pequeño como átomos y quarks.

De esto último, la física cuántica, intentaba extrapolar algunos fenómenos a la escala de mi mundo y además de sufrir vértigo mental, ocurrían cosas muy extrañas como en el de Alicia en el País de las Maravillas. A pesar de ello había ideas que me parecían muy interesantes como la de que por el simple hecho de contemplar la realidad, alteramos su estado.

Sin ánimo de confundiros con ejemplos que os puedan parecer exóticos de lo que comento, hay uno que me gusta desde hace años: imaginad que tenéis que medir la temperatura del agua de una piscina con un termómetro convencional. En sentido estricto, lo que vais a poder medir es una especie de media ponderada entre la temperatura inicial del termómetro y la del agua. Pensaréis que siendo la masa de agua muy superior a la del termómetro la diferencia va a ser insignificante y así es, pero imaginad por un momento  que el termómetro es muy grande, hay poca agua, siendo además las diferencias de temperaturas iniciales considerables. Las cosas comienzan entonces a distorsionarse más de lo aceptable quizás.

Os comento todo este rollo introductorio porque en la compleja época que nos está tocando vivir, por primera vez en la historia tenemos acceso en tiempo real a noticias ocurridas en cualquier parte del planeta, lo cual presenta no pocas ventajas e inconvenientes difíciles de digerir con la misma rapidez que se ponen de manifiesto.

Así, uno de los aspectos positivos de la tecnología es la posibilidad de denunciar injusticias sociales, religiosas, políticas o económicas allí dónde suceden, haciendo que algunos de los colectivos responsables, iluminados por un repentino interés por la ética y la transparencia hagan acto de contrición y se autoimpongan severos reglamentos para evitar que determinadas conductas reprobables vuelvan a repetirse.

Sin embargo entiendo también que al igual que cualquier poder conlleva una responsabilidad, siendo termómetro virtual de todo cuanto ocurre, los ciudadanos como opinión pública también tenemos cierta obligación de hacer un ejercicio responsable al dejar constancia de nuestras opiniones sobre la actualidad, cualesquiera que sean los medios. Más que nada para evitar una espiral retroalimentada de desinformación, confusión y caos que en la mayoría de los casos a nadie beneficia por hacer indistinguible la temperatura de los hechos con la de las opiniones en muchos casos irreflexivas, destructivas y condenatorias del tipo que sean.

En particular, me refiero a que asumiendo que la actualidad sucede a un ritmo vertiginoso con una velocidad muy superior a nuestra capacidad para formarnos una opinión propia de casi cualquier tema, al menos con ciertos sucesos sensibles deberíamos darnos  al menos un par de días para analizar lo que ocurre. Me incomoda bastante cuando se da un suceso improbable de alto impacto, contemplar por ejemplo en redes sociales un número ingente de documentos de opinión claramente sesgados, que no han sido reflexionados (ni en muchos casos leídos) por quien los comparte. Y es que en el mundo en el que vivimos resulta infinitamente más fácil suscribir la opinión de un tercero (con independencia de su rigor) que formarnos la nuestra.

No deberíamos subcontratar nuestro pensamiento en paquetes completos sesgados como quien se tiene que llevar los yogures de plátano junto con los de fresa por ser packs indivisibles en el estante del supermercado.

Pensemos por ejemplo antes de compartir la información de un tercero sobre algo de rabiosa actualidad (suponiéndola veraz), si podríamos mantener nuestra opinión dentro de un periodo de tiempo razonable (por ejemplo un año) con independencia de los hechos que vengan después y que a buen seguro la pondrán a prueba.

También si en una imaginaria ‘cata ciega’ de opinión, la mantendríamos o atacaríamos sin saber antes de qué organización económica, política o religiosa proviene.

O si  es suficiente para validarla que se sostenga una postura parecida en otro país, aunque sea el mismo al que recurrimos para invalidar otras cuando nos conviene.

Y finalmente si una persona concreta, o incluso un hecho que implique a muchas, son suficientes para invalidar una idea.


Fuente Wikipedia


“Las grandes mentes discuten ideas. Las mentes promedio discuten eventos. Las mentes pequeñas discuten personas” – Eleonor Roosevelt

domingo, 21 de septiembre de 2014

'¿Sólo un juego?'

     Aún con menos tiempo disponible del que me gustaría, llevo un par de años simultaneando la lectura de novelas con la de  ensayos que me ayuden a entender en mundo en el que vivo.

    No sabría concretaros exactamente la temática de algunos, creo más bien que son multidisciplinares, si bien todos suelen incluir entremezcladas ideas filosóficas, sociológicas, antropológicas, económicas y también relacionadas con la psicología e incluso con el marketing.

       El último de los libros de esta temática tan variada con el que estoy es la ‘La tabla rasa.’ (S. Pinker). Debido a su profundidad y extensión, y al escaso tiempo que le dedico, voy más lento de los que me gustaría, pero habiendo pasado  la mitad de sus más de seiscientas páginas os puedo asegurar que es una obra magistral sobre la naturaleza humana, pues recopila, analiza y en algunos casos desmitifica los múltiples puntos de vista que a lo largo de los siglos hasta la actualidad han ido aportando filósofos, antropólogos, economistas, políticos, neurocientíficos e incluso hasta dictadores genocidas.

      Esta mañana leía unas páginas de esta obra sobre el altruismo y me ha llamado la atención como explicaba a través de los estudios de algunos economistas conductuales, algo que muchos de nosotros intuimos y es que la inmensa mayoría de las personas ni somos los egoístas inmorales que comportándose en base a intereses individuales hacen funcionar el mercado estrictamente según oferta y demanda, ni tampoco en el otro extremo encajamos bien en un modelo comunista en el que todo es de todos.

      Lo explicaba con cuatro juegos desarrollados para estos estudios en los que os animo a participar a través de vuestros comentarios:

  1. El juego del Ultimátum: Consigues una gran suma de dinero que debes repartir con otro participante. Puedes repartir a tu criterio pero si el otro rechaza su parte, los dos os quedáis sin nada. ¿Cuánto le darías?
  2. El juego del Dictador: Igual al anterior, pero el otro jugador nada puede hacer ante lo que reciba. ¿Cuánto le darías?
  3.  El juego del Doble ciego del Dictador: Igual que el anterior, pero se esconden las propuestas de muchos jugadores, y ni los organizadores del experimento ni los que reciben saben cuánto ofreció cada uno de ellos ni de quién han de recibir. ¿Cuánto darías?
  4. Finalmente, está el juego del Bien Público: todos los jugadores hacen una aportación anónima y voluntaria a un bote de dinero común; en este caso quien realiza el experimento lo dobla y el bote se reparte a partes iguales entre los participantes, cualquiera que haya sido su aportación. ¿Cuánto aportarías?

 Espero que os hayan parecido interesantes esto juegos, y en función de vuestro interés, en unos días desarrollaría tanto el comportamiento de los participantes en de estos estudios como las  conclusiones académicas a las que se llegaron y las implicaciones sociológicas y políticas que tienen.




EDITADO: Los tres primeros juegos conductuales se podría decir que estudian comportamientos individuales para determinar aspectos concretos en relación con el altruismo a nivel individual.

Así, en el primero de ellos la mayoría de las personas ofrece una cantidad inferior a la mitad, que sería la cantidad que tiene unas posibilidades muy altas de ser aceptada por el contrario. De esa cantidad que ofrece una parte está relacionada con el miedo a ser rechazada por el contrario como represalia por recibir una cantidad sensiblemente  inferior a la que recibió el participante.
Si se descuenta el miedo a la represalia entramos en el segundo juego, en el que el posible receptor no tiene capacidad de decisión alguna y por tanto el jugador tiene control total sobre las consecuencias de su decisión. En este caso y como es de esperar, la cantidad media que se ofrece es  inferior a la primera. De esa parte que se ofrece hay una parte que está relacionada con la imagen que puedan tener de nosotros tanto el entrevistador como el posible receptor.

Finalmente, y ya bajo el anonimato, como es de esperar, se comprueba en los experimentos que las cantidades se reducen drásticamente de media.

Los que separa a esas cantidades de ser cero  está relacionado con nuestro altruismo  podríamos decir ‘natural’o intrínseco.

El último de los juegos tiene una naturaleza algo distinta y tiene que ver con nuestro altruismo pero en relación con la organización social a la que pertenecemos. En este juego la estrategia colectiva óptima es aportar todo lo que tenemos, pues si todos los participantes se comportan igual, se dobla la totalidad de los bienes del conjunto de los participantes.

Sin embargo la estrategia individual óptima es no dar nada y esperar recibir nuestra parte una vez que se doblen las aportaciones de los demás, circunstancia que bajo el anonimato es fácil que se dé. Adicionalmente, la decisión de aportar muy poco sobre lo que se tiene o nada puede obedecer también  a otro enfoque particular en el caso de una persona que posee mucho más dinero que las demás, si lo aporta todo, aun cuando los demás hicieran lo mismo, al recibir su parte de repartir a partes iguales lo doblado entre todos podría recibir menos de lo aportado. Ambas circunstancias podrían explicar por qué en organizaciones sociales incluso con economías muy intervenidas en lo que se refiere a políticas redistributivas de riqueza, las personas ( en su ‘holgazanería social’ según la denominan los psicólogos sociales) no se esfuerzan al máximo (en el juego de la cuerda tiran menos de lo que lo harían individualmente, o ante una ovación pública aplauden con menos gana) con independencia de que tengan mucho o poco.




lunes, 18 de noviembre de 2013

'De grifos abiertos y patadas a la piedra.'


                A menos que esté fuera de la Región, tras una intensa semana laboral en Murcia, los fines de semana me gusta salir a pasear por la playa con la compañía de algún programa de radio.

Hace unos días, por ejemplo, sintonizaba ‘Te doy mi palabra.’ de Isabel Gemio en Onda Cero, cuando a mitad de entrevista a José Luis Garci (con motivo de la publicación de su último libro sobre cine descubriría después), y en un determinado momento afirmaba algo así como ‘Las crisis ocurren cuando lo viejo no termina de irse y lo nuevo no termina de llegar.’

Hablando también de crisis, hace un par de semanas, esta vez en televisión, en el programa ‘Salvados.’, Arturo Pérez Reverte con cierta resignación afirmaba ante Jordi Évole que ‘lo más triste es que deseamos que pase esta crisis para volver a hacer lo mismo que la causó’.

Me parecieron interesantes ambas afirmaciones, especialmente la segunda que remarcaba el carácter cíclico de los vaivenes de la economía (como conjunto de decisiones de la sociedad). Así vivimos en el contexto de una economía siempre en constante cambio, y que si alguna vez parece estar equilibrada lo es por el equilibrio puntual e inestable del comportamiento macroeconómico de las variables más importantes (PIB de un país y sus componentes, tasa de empleo, inflación, tipos de interés, etc) , como el de un lavabo en el que se deja un grifo abierto y por el sumidero desagua exactamente las misma cantidad  de agua que la del chorro que pretende hacerlo rebosar.

Precisamente esta analogía entre comportamiento de una economía y un circuito hidráulico sirvió de base para que el economista neozelandés William Phillips inventara en 1949 un ordenador hidráulico (MONIAC), que en definitiva consistía en un entramado de tuberías y vasos transparentes por el que el agua, que representaba el dinero, debía circular. El circuito comenzaba con la emisión de dinero del Tesoro, y a lo largo de una red de bifurcaciones, con otros depósitos y válvulas y bombas, se iban simulando los efectos de importaciones, exportaciones, impuestos, inversiones ahorro, superávit, déficit etc. Se pretendía conocer con anticipación cualquier efecto en la economía de la alteración de alguna de las variables citadas, intentando evitar que el sistema se secase o encharcase. Con independencia de que la economía tiene un comportamiento de una complejidad muy superior a la que dicho ordenador conseguía representar, hay que reconocer que el invento resultaba tremendamente ingenioso y pedagógico, por lo que me encantó poder contemplar en su momento una de los escasas máquinas  fabricadas en el Museo de la Ciencia de Londres.
Máquina MONIAC exhibida en el
Reserve Bank of New Zealand (Fuente: Wikipedia.)

Así que pensando en los flujos económicos como caudales de líquidos que llenan recipientes, se me hace extraño entender una economía como la nuestra, en la que se da por sobreentendido que (representada por el PIB como variable fundamental) tiene que crecer indefinidamente para que las cosas vayan razonablemente bien, siendo por ejemplo ahora mismo una de las mayores preocupaciones sobre la economía de nuestro país discernir cuánto tiene que crecer para generar empleo: que si un 1,5%, o tal vez un 2,5%,…; quién sabe.

En primer lugar, para crecer constantemente de manera indefinida ( en un mundo en el que además cada vez somos más) , se intuye que como poco (a igualdad de precios), hay que consumir (destruir) al menos a la misma velocidad que se crea. Aquí entrarían en juego la obsolescencia programada de infinidad de bienes producidos, el marketing para estimular las motivaciones de compra de muchos productos que en sentido estricto o no necesitamos o vienen a sustituir a otros aun útiles y en última instancia, la capacidad destructiva de los siempre indeseables desastres naturales y las temidas guerras.

En segundo lugar, nunca hay que olvidar que no se cuenta con recursos ilimitados que respalden indefinidamente dicho crecimiento, en particular el (tan estrechamente ligado al PIB) consumo de energía, y otros factores limitantes como la capacidad del planeta para absorber la contaminación generada por la actividad económica humana, o la superficie cultivable, entre otros…

Bajo esta premisa de razonamiento que cuestionaba la posibilidad de un crecimiento ilimitado basado en recursos limitados, en 1968 se fundó el Club de Roma en dicha ciudad, una asociación de tipo ONG integrada por políticos y científicos. Esta asociación prácticamente desde sus orígenes es mundialmente conocida por haber encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) el célebre informe ‘Los límites al crecimiento.’ publicado por primera vez en 1972, y que desde entonces ha sido motivo de revisiones aproximadamente decenales. Para elaborarlo se utilizó una técnica llamada Dinámica de Sistemas, que a través de un programa informático específico (World3) realizó diversas simulaciones, obteniendo la siguiente conclusión principal:

              ‘Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años.’ (Fuente: Wikipedia).

                Como os podréis imaginar, algunos de los escenarios que contempla no son muy atractivos, pues habla de agotamiento de recursos naturales, seguido de un colapso de producción agrícola e industrial y un brusco decrecimiento de la población humana. Lógicamente desde su publicación han generado no pocas controversias, siendo las principales críticas que no tiene en cuenta los efectos favorables de nuevas tecnologías que puedan aparecer hasta entonces. También se les acusa de haber manipulado datos para obtener tan catastrófico resultados. En cualquier caso no se puede negar que más allá de la precisión de sus terribles predicciones, tratan de alertar sobre peligros relativamente inminentes, y aportan posibles soluciones constructivas en la búsqueda de un futuro mejor a largo plazo.

                En mi opinión (a nivel de barra de bar), qué duda cabe de que en las próximas décadas se van a desarrollar espectaculares avances tecnológicos en las áreas de ingeniería genética, nanotecnología e inteligencia artificial, que van a alterar sustancialmente la forma de  alimentarnos, sanarnos, educarnos y relacionarnos. También llegarán la fusión nuclear como fuente de energía y se desarrollarán muchísimo las renovables: la cuestión es si estos avances llegarán a tiempo como la mano amiga que salva del precipicio al escalador protagonista de la película en el último minuto.

                Mientras  tanto, en vez de esperar a esos desarrollos, y seguir con el mismo modelo económico como el que paseando se encuentra una piedra y le da una patada  a sabiendas de que se la volverá a encontrar unos metros más adelante… 

¿No sería mejor comenzar a plantearnos modelos económicos alternativos, más austeros y sostenibles?

domingo, 20 de octubre de 2013

'' De miradas limpias y palabras intraducibles.''


               Sería al insertar la nueva imagen de fondo del blog enviada con todo el cariño por mi  gran amigo Juan Miguel  cuando me daría cuenta esta semana que hace ya dos años que me aventuré a iniciar este blog.

                Como ya podría intuir desde el comienzo, el contenido y la frecuencia de publicación han sido cuando menos variopintos y aprovecho para agradeceros la buena acogida que ha tenido a pesar de ello. Aun siendo mis cifras de lectura muy modestas, me hace verdadera ilusión cuando algunos de vosotros a los que apenas os veo, me decís que me seguís por este medio y me animáis a continuar.
 
                Aunque en general hay temas que aun apasionándome prefiero no comentar en este blog, siendo de la opinión de que reflejamos lo que somos en todo los que hacemos, finamente de una manera directa o indirecta, termino hablando de todo un poco.

Así, a pesar de apasionarme la política, no es uno de los temas prefiera tratar a través de este medio, pero igual que los del sudeste del Congo recurren a la difícilmente traducible palabra ‘Ilunga’  para referirse a “La persona capaz de perdonar un abuso u ofensa por primera vez, de tolerarlo una segunda vez, pero nunca una tercera.” la lectura en prensa hace unos días del dato de que (aunque pueda ser puntual según los expertos, y desmentido por Eurostat) la esperanza de vida desciende ligeramente en nuestro país, me indignó más si cabe con las causas de la situación actual que sufrimos y aumentó lamentablemente mi desafectación de la clase política, a la vez que me hizo decidirme a escribir algo.

No voy a analizar cómo se ha llegado hasta la lamentable situación en que vivimos, en la que peligra el sistema de bienestar social que tantas décadas ha costado construir, pero sí me gustaría aportar mi visión de qué se podría hacer, algunas reformas urgentes que fueran caldo de cultivo de una recuperación socioeconómica que tan lejos se ve ahora. Lo intentaré hacer con la mirada limpia de prejuicios, como si fuera un extranjero que lleva unos meses aquí, y que a la vez nos desea lo mejor de una manera constructiva.

Lo primero que me planteo, es la completa separación de poderes, de manera real y efectiva, en particular del poder judicial respecto del resto. No parece razonable de algunos de los puestos más relevantes de la judicatura sean designados por políticos, en especial si se pretende acabar con la corrupción política. En esta misma línea, la potestad de conceder indultos debería recaer exclusivamente en el poder judicial.

En referencia al poder legislativo, aunque a nivel nacional tengo dudas de cómo funcionaría un sistema de listas abiertas, sí tengo claro que es necesario reformar la ley electoral en lo que se refiere a la consideración de una circunscripción electoral única (la ley D´Hont me parece correcta), por dos motivos fundamentalmente: creo que debe de haber proporcionalidad entre votos y escaños, así como creo que el cociente entre diputados a elegir por cada ciudadano debe ser idéntico para todo el territorio nacional. También entiendo que una vez elegidos, los diputados debieran tener libertad para votar en conciencia, aunque a veces implique votar contra su propio partido.

Continuando con los partidos políticos me remito a que debieran cumplir la Constitución (Art 6. ‘Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos.’) así como también entiendo que la infinidad de nombramientos ‘digitales’ (o sea, a dedo) que realizan deberían recaer en el Estado. En particular no termino de asimilar cómo pueden nombrar un número indeterminado de asesores para realizar tareas que bien pudieran ser realizadas por técnicos del Estado que (dicho sea de paso) han demostrado su aptitud en oposiciones objetivas. Tampoco entiendo por qué se han creado en las últimas décadas, un ingente número de empresas públicas, también con consejos de administración ‘digitales’, cuando si se quiere preservar la titularidad pública del fin para que el que se constituyen, debieran ser dirigidas también por los lamentablemente tan denostados funcionarios de carrera.

Continuando con la concepción de Estado, y la descentralización territorial y de competencias, en términos generales opino que el modelo a adoptar, sea el que sea, debe estar regido por los principios de voluntariedad (expresada en referéndum), solidaridad y eficiencia.

A modo de ejemplo, creo que haber descentralizado la Sanidad no es intrínsecamente malo si el nuevo modelo es capaz de ofrecer idéntica calidad del servicio (al conjunto de los ciudadanos) que el modelo centralizado, a un coste igual o inferior; o de ofrecer a igualdad de coste un mejor servicio. Me inclino a pensar que no lo es, pero no tengo ningún inconveniente en dejarme convencer de lo contrario si se me justifica adecuadamente.

Con la Educación me hago reflexiones similares, y en general me planteo  para las grandes cuestiones de Estado como puedan ser además de Sanidad y Educación, la Política Energética, de Investigación y Ciencia, y Relaciones Internacionales, debieran de haber amplios consensos en el congreso, de manera que los planes estratégicos aprobados, no estuvieran marcados por el cortoplacismo y el calendario electoral. Tal vez se requiriera para ello un cuerpo superior de estadistas, que a día de hoy tanta falta nos hacen.

Otra reforma urgente que entiendo que hay que abordar es simplificar la Administración, para aumentar su eficiencia, tanto en una mejor calidad de servicio al ciudadano como reduciendo sus costes. Se debe legislar en términos generales para simplificar trámites administrativos, aumentar la movilidad funcional de los cuerpos técnicos funcionariales, unificar en la medida de lo posible normativas autonómicas y reducir el uso del papel, con la progresiva adopción de tecnologías basadas en portafirmas digitales, facturación electrónica y licitaciones electrónicas. También se deben adoptar sistemas objetivos y contrastables de la gestión del desempeño de los empleados públicos, implantando sistemas de retribución variable efectivos que premien el esfuerzo.

En definitiva y ya que no hicimos los deberes del todo en época de bonanza, a la vez que entre todos intentamos vencer esta tremenda crisis en la que nos hayamos inmersos, se debiera intentar adoptar medidas de calado consensuadas por una amplia mayoría parlamentaria, orientadas a lograr una ‘meritocracia’ basada en la igualdad de oportunidades. Pues, lamentablemente creo que a día de hoy de ‘mediocricracia’ no pasamos, dándose entre la clase política un  porcentaje muy por encima del deseable de ciudadanos sin profesión (la política en ningún caso lo es), ni experiencia laboral alguna más allá del cargo que ostentan y por el que son capaces de anteponer sus intereses particulares muy por encima del interés general de los ciudadanos a los que en teoría debieran servir.

jueves, 16 de agosto de 2012

'Los recortes del barbero.'

Con la reciente incorporación del término friki a la última revisión del Diccionario de la R.A.E. me puedo dar el gusto de usarlo para definirme correctamente como tal por ejemplo por, entre otras cosas, mi pasada afición de mi época de estudiante a repasar con mucha curiosidad los libros de texto ó colecciones de apuntes de las diferentes asignaturas nada más adquirirlos curso tras curso.
Ya en la universidad, uno de los que más me llamó la atención fueron los apuntes encuadernados de ‘Algebra Lineal.’ del profesor Mateos, fundamentalmente porque al tratarse de un libro de matemáticas pretendía encontrarme muchos números en  ejemplos o ejercicios, y la verdad es que haciendo memoria creo que no aparecerían hasta casi las lecciones finales del texto.
Y  como os podéis imaginar las clases siguieron la misma pauta, ante un grupo numeroso de ilusionados alumnos de primer curso, se presentaba  a las primeras horas de la tarde el ya mayor y muy delgado profesor perfectamente trajeado a explicarnos  de manera casi paternal, y con buen humor a la vez cosas como:
‘Hoy vamos a hablar acerca del concepto de relación, por ejemplo la relación ‘ser antepasado de’. Podemos afirmar que los antepasados de nuestros antepasados son también nuestros antepasados, a diferencia de lo que ocurre en otras relaciones como la de ‘ser hijo de’….’
Según fueron pasando las semanas y los meses, ya superado el desconcierto inicial, reconozco que mi afición por las matemáticas siguió intacta y hasta hoy me sigue gustando leer sobre su historia y la de sus grandes genios.
Uno de ellos, Kurt Gödel, apenas conocido fuera de su ámbito, es reconocido como uno de los pensadores más influyentes del s.XX tanto en el campo científico como filosófico, porque de alguna manera puso límites al conocimiento con sus teoremas de la incompletitud , que en esencia y de manera muy grosera (pido perdón a algún matemático que me pueda leer) demuestra que hay sistemas sobre los cuales al hacerse afirmaciones muy fuertes, aparecen aspectos que no pueden decidirse, de manera que nunca podernos tener la información completa sobre dichos sistemas.
Hay ejemplos sencillos para ilustrar la tremenda complejidad que ello entraña, siendo uno de los más célebres la paradoja del barbero (B. Russell), que se puede enunciar de esta forma:
‘‘En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

-- En mi pueblo soy el único barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo, ¡que soy yo!, ya que si lo hago, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto ¡no debería afeitarme! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero debería afeitarme, ¡pero yo soy el único barbero de allí!
El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz’’.

Me resulta inevitable acordarme de esta historia estos días por la imagen mental del barbero que asocio a recortes, y a la vez a que la causa de los mismos es debida en gran parte a haber mantenido como verdades inmutables posturas políticas que probablemente deberían haber sido cuestionadas a tiempo.
Seguramente afirmaciones tan tajantes como que había que descentralizar en cualquier caso y lugar casi todas las competencias fundamentales del Estado, o que había que conceder o denegar ayudas y subvenciones haciendo tabla rasa, nos puede costar perder nuestra soberanía nacional como consecuencia inmediata de perder el control sobre nuestra política económica al ser intervenidos.
Discriminar casuísticas con independencia de las ideologías, exige en primer lugar mucho esfuerzo en la búsqueda de la equidad, valentía para adoptar las decisiones tomadas, y pedagogía para explicarlas…

¿Llegaremos a tiempo?
¿Tendremos el final feliz del barbero?
No perdamos la ilusión.
Un abrazo.
Santi.