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viernes, 29 de junio de 2018

Intento recordarme


INTENTO RECORDARME


Entre atardeceres luminosos de esperanza,
intento recordarme.
Entre sueños sin nombre,
y noches sin fin.


Desando mi camino
hacia el desvío en el que un día me perdí
buscando la palabra perfecta,
el momento oportuno,
la vida imaginaria que me secuestró.


Quisiera encontrar la mirada valiente,
el paso decidido de quien aún ha de caerse,
la carcajada de quien a nada teme.


Entre el hálito tranquilo a ojos cerrados,
intento recordarme.
Entre las pupilas de quien siempre me quiso,
y las de quien me querrá.

viernes, 16 de diciembre de 2016

'De noticias mágicas y arruguicas en la frente.'

En un mundo marcado por avances tan frenéticos, me gusta leer frases de eminentes pensadores que se pueden considerar atemporales, permitiéndome tomar algo de perspectiva que me ayuda a entender e interpretar la época en la que me ha tocado vivir. Así por ejemplo, la tercera ley sobre el avance científico formulada por el escritor británico de ciencia ficción Arthur C. Clarke dice así:


‘‘Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.’’


Cuando supe de ella hace años ya me pareció fascinante, y al menos en mi caso, mi primera imagen mental es prospectiva, es decir, me imagino una especie de ‘Regreso al futuro.’ con personas de nuestro presente avanzando en el tiempo, pero con unos avances tecnológicos que superan ampliamente a los de la película. Otra posibilidad que también me sugiere la ley es un escenario retrospectivo, como el que se escenifica en la comedia de los noventa ‘Los visitantes no nacieron ayer.’, en el que habitantes de una época medieval aparecen en el presente. Si bien, en definitiva, me queda claro que el concepto de ‘magia’ al que se refiere la ley tiene mucho que ver con el contexto del observador.  


Sin embargo, lo que creo que hace especial nuestro presente es que estamos viviendo una aceleración de los avances científicos y tecnológicos sin precedentes en la historia de la humanidad, de manera que, en pocas décadas el salto temporal necesario para que lo que hoy consideraríamos magia sea una tecnología consolidada puede ser cada vez más pequeño, y las consecuencias sociológicas y filosóficas que esto implicará me hacen especular en toda una suerte de distopías a cada cual más variopinta, en especial porque pienso que, llegarán tarde las medidas necesarias que deberán tomar unas élites políticas que están cada vez más alejadas de la realidad (con mención especial para nuestro viejo continente).


Mientras que se aproximan todos estos sucesos que espero en un futuro cada vez más próximo, disfruto leyendo artículos sobre el tema, a la vez que me distraigo con novelas distópicas (la última que he terminado, ‘Ready player one.’ os la recomiendo con fervor), y visionando series como la maravillosa ‘Black Mirror’ . Y por supuesto, también intento identificar entre los artículos de ciencia que se publican a diario en los medios de información, el germen de los avances que, podría considerar ‘magia’ en un futuro no muy lejano.


A modo de ejemplo de esto último, en este 2016 que ahora acaba me han llamado particularmente la atención dos noticias:


  • El motor EmDrive (que parece violar las leyes de la física) aparentemente genera impulso en el vacío,sin combustible ni partes móviles.




En base a primera no me cuesta imaginar un salto cualitativo en la potencialidad de los viajes estelares; pero la segunda me provoca un aluvión de suposiciones de diversa índole, que se solapan y aumentan mi habitual desapego de la realidad, que tantos despistes cotidianos me cuesta.


A nivel sanitario considero que la posibilidad de revertir el envejecimiento en un futuro próximo supondrá un hito crucial en la historia de la medicina, como en su día pudiera ser la asepsia quirúgica. A nivel filosófico, más pronto que tarde, este avance, junto con otros relacionados con la ingeniería genética, nos supondrán conflictos relacionados con la bioética por afectar a nuestra naturaleza mortal, de la que hasta ahora formaba parte el envejecimiento. Y finalmente, como los tratamientos en humanos que de esta técnica se deriven, serán en principio accesibles sólo para las élites económicas, tiendo a pensar que en un mundo en el que los ricos no envejecen se acelerarán las desigualdades muy por encima de los niveles actuales, ya de por sí insostenibles.


En cualquier caso, mientras llega el tratamiento, conservaré mis arrugas en las frente, como recuerdo de tantas veces que soñé despierto….


arrugas.jpg
Retrato cortesía de mi sobrina de cinco añicos, 
que me quiere con mis arrugas y todo.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

''A dieta.''


‘Oye chica que me he puesto un mes a dieta de adjetivos y me está sentando fenomenal’

                O algo así nos dijo bromeando una conocida escritora en un taller literario de fin de semana al que asistí la pasada primavera. Intentaba transmitirnos importancia de ser muy comedidos con ellos en nuestros relatos.   

La verdad es que nunca me lo había planteado y además de atender a sus explicaciones intenté documentarme por internet. No encontré grandes argumentos acerca de la cuestión más allá de que con la reducción de adjetivos la narrativa gana en precisión, y en definitiva, en calidad. Así, si el sentido de una frase no se altera sustancialmente al suprimir alguno o la totalidad de ellos, mejor hacerlo.

Sin embargo, a mi entender, este estilo de escritura más pulcro, de alguna manera exige mayor esfuerzo tanto para el escritor como para el lector. El primero tendrá que, a través de su mirada singular condensar su mensaje en sustantivos y verbos. Suprimir ‘triste’ por ejemplo de una frase, le supondrá tener que transmitir la tristeza a través de los propios personajes y aquello que les ocurre. El lector a su vez tendrá que leer (tal vez en más de una ocasión) e interpretar razonadamente el cuerpo del mensaje, obteniendo como premio una opinión propia.

En definitiva, creo entender que con la literatura ocurre como con otras tantas aficiones, en las que se puede acceder a un mayor disfrute, pero que requieren dedicarles tiempo y sosiego, estando ambas cosas en contraposición con la sociedad de consumo rápido en la que nos ha tocado vivir.

Así que lo mejor que se me ocurre para este 2016 que está a punto de comenzar, es desearos que, aunque no seáis aficionados a la escritura,  incluso en vuestra vida diaria, os pongáis también dieta de adjetivos intentando no juzgar demasiado a los demás, y sobre todo, que en caso de hacerlo, los juicios sean propios  en vez de heredados de terceros.

Pero sobre todo, que hagáis pocas cosas y con la calma que necesiten.

Os deseo un feliz 2016 cargado de éxitos personales y profesionales.

Un abrazo.

 
Santi.


domingo, 27 de septiembre de 2015

'Se vende Mi ilusión, nº 6.'




    Tras mi habitual lectura de la prensa dominical en el chiringuito regresaba para comer caminando a casa por la avenida del Marqués de Rozalejo, personaje histórico del que (todavía) no sé nada pero sobre el cual comienzo a sentir curiosidad. Tal como la podéis imaginar, se trata de la típica calle amplia de urbanización playera, en este caso perpendicular a la costa, con mediana central, palmeras a ambos lados y un carril bici que va pasando de uno a otro, del cual estoy muy agradecido por facilitar la experiencia de mimetizarme con la mayoría de extranjeros residentes cuando me desplazo sobre dos ruedas.


    Pero por mucho que me guste sentir el viento en la cara a la vez que pedaleo y me cambio de acera acompañando al carril bici, las cosas interesantes ocurren casi siempre a menor velocidad, concretamente a la de mis pies. Es entonces cuando se me aparecen detalles desconocidos en fachadas de colores y jardines de la multitud de dúplex y apartamentos diseñados en su momento sin ningún tipo de orden ni concierto con respecto a los preexistentes.


    No suele ser extraño encontrar cualquier tipo de cartelería con variopintos mensajes, multitud de nombres de villa descoloridos por el sol, e incluso alguna muestra de algo a caballo entre arte urbano, un espantapájaros contemporáneo, o (quién sabe) el pasatiempo de unos chavales que decidieron adornar su jardín con una vieja bici de paseo puesta del revés de la que colgaron adornos multicolores y alguna botella de agua sobre la  que se reflejan los mismos rayos de luz que hacen guiñar los ojos en las fachadas blancas.

   La casualidad hizo que a mitad de mi paseo acabara mi penúltimo sueño despierto delante de una vivienda de dos (quizás tres) plantas llamada 'Mi ilusión', y que al levantar la vista encontrara en la planta de arriba un cartel informando de su venta.

    No he podido evitar volver a casa pensando en el vendedor, los motivos por lo que quería desprenderse de su ilusión, si pudo dar allí al menos parte de los besos y abrazos con los que soñó, si disfrutó mucho (como yo) de los atardeceres del Mar Menor, o si tuvo con quien compartir una taza de café caliente alguna tarde de lluvia....


domingo, 6 de abril de 2014

'Hablemos de poesía.'


         No es ningún secreto para los que llevéis tiempo leyendo este blog que tengo escasos (por no decir nulos) conocimientos de técnica narrativa. Si por el contrario sois neófitos, en unas pocas líneas lo comprobaréis enseguida.

          Será porque en esta cultura tan de siempre de los yanquis de fracasar repetidamente soy alumno aventajado en todos los campos en los que he podido emplearme, que a los variados fracasos profesionales, sentimentales, y personales en general, últimamente también estoy añadiendo los literarios.

En este sentido y ya más cerca de los cuarenta que de los treinta, no sólo no me molesta, sino que como complemento a aprender de quienes (tanto empresas como personas)  lo hacen bien en base a sus ‘FCE’ (‘factores clave del éxito’), también me interesan los ‘FCF’ (‘factores clave del fracaso’) de quienes no lo hacen tan bien, porque me parece esencial algo que estudié hace años en mi escuela de ingeniería para los materiales, la resiliencia, desconociendo en aquel momento que también se aplica a las personas, como la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas.

       Decidido también a continuar con mi resiliencia literaria, a base de presentarme con mucha moral pero sin ningún éxito hasta la fecha a unos cuantos concursos de relatos, me gustaría compartir con vosotros un reciente descubrimiento interesante que he hecho entre el penúltimo y el último fracaso: el verdadero sentido de la poesía.

           Echando una ojeada a esta ventana al mundo que es internet en busca de la receta mágica para escribir microrrelatos (con la osadía de no haber leído antes), encontré entre los variados blogs de escritores, uno que se despachaba en trece jugosos consejos bastante interesantes en general, de los cuales el segundo me maravilló:

‘2. Acción, acción, acción. Sólo los genios conciben micros eficaces empleando la inmovilidad. Si no eres un escritor de genio, y no puedeshttp://cdncache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png resistirte a la inmovilidad, dedícate a la poesía, la pintura o la fotografía; o a construir edificios, que es más rentable.’(*)
            Con la lección aprendida de mi anterior fracaso a partir de de los consejos de una excelente escritora murciana, acerca del delicado equilibrio entre el tiempo narrativo y la extensión del relato, con estas anteriores frases que he transcrito literalmente descubrí algo casi mágico: si escribes no puedes pretender encorsetar un tiempo narrativo muy extenso propio de una novela dentro de un relato, ni por el contrario resulta adecuado escribir escasas líneas sobre un breve instante en el que no hay apenas acción, lo que en definitiva es… poesía.
          
             Continuando con el amable consejo nº2 y obviando el simpático hecho de que ya me he probado construyendo edificios, haciendo fotografías o pintando cuadros, me apasiona el concepto que tiene el autor de las anteriores líneas. Si para él, la poesía es la descripción breve de la inmovilidad, queridos amigos lectores tengo el gusto de deciros que la podemos encontrar por todas partes.
               
              Así, en este excelente domingo que ahora acaba y que he disfrutado con buenos amigos, he encontrado poesía en  tener que guiñar los ojos ante un sol de justicia y una incipiente brisa marina, en la escarcha de las jarras de cerveza helada, en las sonrisas sinceras de quien se alegra al verme, en el profundo carmesí del buen vino compartido….

             Y a vosotros….
¿Os gusta la poesía?        
            

(*)Fuente;  ‘Trece consejos para escribir microrrelatos’, Blog de Orlando Romano: ‘La nave de los locos.’.

miércoles, 19 de marzo de 2014

'De hormigas falsas'


        A pesar de espaciar cada vez más mis publicaciones, me gustaría a lo largo del año llegar a la interesante cifra de ciento cuatro publicaciones (*). Mientras tanto, y dirigiéndome hacia los tres años de blog a veces pienso en algunas de las entradas que quise escribir y a pesar de tenerlas mucho tiempo en mente, por muy diferentes motivos, no me decidí a publicar. Así que, si este blog fuera una película, éstas bien podrían ser algunas de sus ‘tomas falsas’:

‘Desde la Luna no se ve el tablero de Risk’: Uno de los aspectos que más me cuesta entender del mundo en el que vivo es la tremenda obsesión por las fronteras. Bajo la firme convicción de que ningún ser humano es ilegal en ninguna parte, a la que se suma el hecho de que considero algo coyuntural para cada persona el sitio en el que nace, prefiero de momento no escribir más sobre este polémico tema.

‘Felipe II no tenía un Megane verde.’: En contra de la intuición cotidiana, estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad bajo la mayor parte de los puntos de vista sobre los que se observe, ya sea en términos económicos, sanitarios e incluso de índices de violencia. Cualquier ciudadano medio del primer mundo vive mejor y tiene más comodidades en general que los hombres más poderosos del planeta de hace unos cuantos siglos. No obstante, no he profundizado sobre este tema porque con más de cinco millones de parados en nuestro país, a pesar de poder aportar datos objetivos, puede parecer insensible e incluso hasta frívolo.

‘Anunciando teles en la tele.’: Nunca he conseguido entender del todo el sentido que le quieren dar los fabricantes de televisiones, a los anuncios de sus productos de última generación que tienen que ser visualizados con aparatos de prestaciones convencionales. En este sentido, a veces me he planteado hablar de altas capacidades intelectuales por ser un tema que me apasiona, pero que entiendo que no es del interés general salvo en el caso que algún lector se sintiera identificado con las teorías actuales sobre el tema, o quizás tuviera algún hijo con dichas capacidades. Si bien, en este último caso carezco del criterio suficiente para hablar de un tema tan serio.

‘Del big bang, a las amebas y los registradores de la propiedad.’ (*)2: Razonando yo solito acerca de que todo tiene un origen, desde el universo, a los organismos pluricelulares como los registradores de la propiedad, pasando por los unicelulares como las amebas, me interesa muchísimo el origen de la propiedad del suelo en particular. Publicaré algo si consigo leer historia y sociología previamente para documentarme un mínimo aceptable.

‘Los barcos de mis amigos.’: Poco antes de iniciar el blog, bastante interesado en la sociología, encontré en el área de libros de unos grandes almacenes la 5ª edición de la obra ‘Sociología.’ del premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Anthony Giddens. Me costó bastante dinero por ser un tomo de más de mil páginas en tapa dura que cubre todos los temas centrales de la materia (bueno salvo las redes sociales, por haber sido escrito en  2006), pero a cambio y según indicaba el autor, pude ir leyendo separadamente los capítulos y sus resúmenes en función de mis intereses. Incluso a pesar de no haberlos leído todos, uno de los que más me interesó fue (cómo no) el de ‘Estratificación y clase.’, que hacía referencia a las posiciones desiguales que ocupan los individuos en la sociedad ya sea por edad, género, riqueza, propiedades y el acceso a los bienes materiales y a los productos culturales. Hablaba también de interesantes conceptos como la movilidad social (ascenso o descenso de clase social), ya fuera intrageneracional (a lo largo de la vida de un individuo), o intergeneracional (los descendientes de una familia se desplazan a una clase social diferente a la de su familia de origen). Finalmente, la idea que daba el título a esta publicación fallida se refería al concepto de ‘estilo de vida’, según el cual dentro de una misma clase social, factores culturales como hábitos de consumo o estilo de vida están desplazando a los tradicionales factores económicos como tipo de empleo y nivel de ingresos en la formación de las identidades grupales de los individuos. O si os queréis quedar con la anécdota del título, bajo determinadas condiciones, tener amigos con barco o piscina hoy en día a nivel social puede suponer prácticamente lo mismo que poseerlos. Escribiré más sobre esto cuando pase la crisis.



 (*) Un hipotético lector que comenzara a leerme con frecuencia semanal desde el principio, podría hacerlo dos años seguidos incluso si no volviera a publicar en ese periodo. ;)
(*)2 Estaréis de acuerdo que este título es bueno y hasta un comodín. Pensad por ejemplo en ‘Del big bang, a las amebas y las monarquías.’, o ‘Del big bang, a las amebas y los tertulianos de la tele.’. Un verdadero filón. ;)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

‘De vivencias enlatadas y la pluma mágica de Dumbo.’


               Teniendo el tiempo como recurso escaso, intento cumplir la norma autoimpuesta de intentar en mis ratos libres hacer sólo las cosas que puedo disfrutar con la tranquilidad requerida.
                Es por ello que son bastante infrecuentes los días en los que dentro de las horas libres del mediodía abandono mi despacho con vistas al río Segura, y lo cruzo con algún buen compañero y amigo para comer relajadamente por algún lugar céntrico de Murcia y si sobra algo de tiempo ir a ver libros y discos en unos conocidos grandes almacenes.
               
                Inesperadamente hoy dentro de una incorporación posvacacional más tranquila de lo esperado ha sido uno de esos días que ocurren cada dos o tres meses. Así, tras un agradable almuerzo, me he acercado al conocido centro con un compañero a ver entre otras cosas esos paquetes que ofrecen un variado número de experiencias a elegir.
                Me han sorprendido tanto el número de marcas comerciales, como la gran cantidad de referencias de producto. No he podido dejar de imaginar a su consumidor final intentando elegir, ya fuera solo o en pareja, entre la enorme cantidad de vivencias enlatadas que incluso sólo uno de los paquetes puede ofrecer en potencia, ya fueran aventuras, experiencias gastronómicas, turísticas o de spa.
                Desconozco si se venden mucho dichos paquetes, o si las vivencias así elegidas resultan más caras que siendo reservadas de forma convencional, pero no he podido dejar de pensar que de la misma manera que con fotografías, vídeos o libros regalamos pasado, con otros muchos objetos tal vez presente, lo bonito de estos paquetes es que regalamos ilusión por tener que elegir como paso previo, y en esencia entregamos felicidad futura.
                Y sobre todo me planteo si no habrán encontrado los creadores del producto una forma de hacernos recordar una capacidad muy nuestra que nunca nos ha abandonado….
¿Nos estarán vendiendo tal vez la pluma mágica de Dumbo?

P.D. Gracias Asun por la foto.



domingo, 1 de septiembre de 2013

'Dúctiles.'


                En el bien entendido de que al nombrar las cosas les robamos parte de su esencia, y por tanto establecemos vínculos con ellas, a nadie se le escapa hoy día la importancia de la elección de un buen nombre para cualquier nueva creación, ya sea intelectual o producto de consumo.

En este sentido, me despiertan particular interés los nombres cortos, con cierta musicalidad en su pronunciación e incluso con múltiples significados o acepciones, y de la misma manera que, por ejemplo, alguna vez he comprado vino sólo por una etiqueta bonita; otras lo he podido hacer también por su nombre.

Con cine y televisión me ocurre un poco lo mismo, y le doy una oportunidad a cualquier película o serie con un título sugerente, aunque son bastante pocas la verdad, si bien en el caso de obras extranjeras cierto grado de excusa tienen pues algunos traductores merecen cuando menos la excomunión. Aunque veo poca televisión, de series, me gusta el título de la que emiten actualmente y protagonizada por mi homónimo Santi Millán: ‘Frágiles.’.

No voy a entrar en su a veces quizás excesiva carga dramática, rozando el melodrama, o la tal vez surrealista forma de ejercer la profesión de fisioterapeuta que tiene el protagonista con sus clientes, con los que en muchos casos termina teniendo una fuerte vinculación emocional que continúa episodio tras episodio. Consiguiendo abstraerme de todo ello, reconozco que la serie me gusta, y en lo que a su título se refiere me parece muy acertado por poder aplicarse tanto a huesos como a personas, en ambos casos sin salirse de su contexto argumental.

Y es que todos tenemos muy clara la idea del significado de ‘frágil’ en ambos casos; en materiales, se trata de aquellos que experimentan muy poca deformación antes de romperse, y en personas, diga lo que diga el DRAE (‘Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad.’), entendemos que se trata de individuos vencidos por los acontecimientos. Sin embargo, desconozco si más allá del contexto de ciencia de materiales, es generalizado el significado de su opuesto, ‘dúctil’, del que estudié en su momento que se trata de la propiedad que tienen ciertos materiales de experimentar grandes deformaciones antes de romperse.

Reflexionando sobre cómo se aplicaría este concepto de ductilidad a personas, entiendo que de la misma manera que es preferible frente a la fragilidad en muchos casos para los materiales, por presentar los cuerpos dúctiles la enorme ventaja de avisar con mucha antelación antes de romper, como inconveniente recuerdo también que existe un punto para estos últimos en que aun desaparecida la causa de las tensiones que han soportado, parte de las deformaciones experimentadas como respuesta se hacen en mayor o menor grado, permanentes, y que de aplicarse a personas pasarían a formar parte de la mochila imaginaria portadora de nuestros recuerdos, vivencias y emociones pasadas.

Me gustaría preguntaros una vez hubierais hecho una visión retrospectiva de vuestra vida, cómo sois, o mejor dicho cómo habéis respondido en general ante grandes presiones. Tal vez, ojalá,  no seáis pocos los que desconocéis la respuesta porque aun no habéis sido puestos a prueba.

Pero supongo que como me ocurre a mí mismo, la experiencia vital va transformando en dúctil lo que era frágil si alguna vez lo fue, o simplemente, de la misma manera que las personas tenemos estilos de aprendizaje variados (unos aprendemos intuyendo, otros reflexionando, observando, experimentando…) como he comentado alguna vez por aquí, en general reaccionamos de manera cambiante en un entorno cambiante. Así que la pregunta más interesante sería:

¿Cómo quieres que sea tu mochila dentro de diez, veinte años tal vez?
 
 
 
Un abrazo.
Santi.

domingo, 7 de julio de 2013

'En las nubes...'


Me da algo de pena que una de mis palabras favoritas, como es ‘pareidolia’ no esté recogida en el DRAE, y es que me parece un término interesante tanto en su escritura, como pronunciación y desde luego, por su significado.

En esencia y resumiendo, vendría a ser el fenómeno psicológico mediante el cual reconocemos formas y patrones  ante estímulos visuales vagos. Ejemplos conocidos podrían ser las formas reconocidas en nubes, tostadas, árboles, y en definitiva en un sinfín de objetos.

Antropológicamente parece ser que tenía la finalidad de protegernos de depredadores y otros peligros. Supongo que tiene su lógica, si crees reconocer la forma de un león en un matorral y te alejas, tal vez estés salvando tu vida, aunque el precio a pagar por ello sea privarte la mayoría de las veces de experiencias que lejos de ser peligrosas tal vez resultaran muy enriquecedoras. Actualmente, aun con vidas en términos generales mucho más seguras, seguimos viendo muchas formas donde no las hay, cada uno con el filtro de nuestra cultura y cómo no, de nuestras expectativas.

Incluso los que siendo algo sibaritas somos capaces de disfrutar encontrando la belleza hasta  en los más pequeños detalles (no puedo dejar de acordarme de ‘Amelie.’), además de formas, creemos o deseamos ver señales, la mayoría de las veces como resultado de una conjunción cósmica, que (ya puestos) esperamos nos sea favorable. Y es que un poco de autoengaño de vez en cuando tampoco viene mal.

En estas historias ando yo últimamente, que trato de  rebelarme ante una gran carga de trabajo, y en el intento de disfrutar intensamente el escaso tiempo libre que me queda, no dejo de recibir mensajes y señales hacia una ‘slow life.’, ya sea intercambiando impresiones con personas recién conocidas en sesiones de coaching grupales, reencontrándome casualmente con viejos amigos a los que hacía años que no veía, encontrando reseñas bibliográficas por la red como ‘Conversaciones con mi gata.' ó incluso leyendo las simpáticas camisetas de los camareros del chiringuito al que asisto casi como a una segunda residencia (*).

Desconozco si conseguiré algún día organizarme mejor la vida, de manera que tengan cabida tantas y tantas inquietudes personales como albergo, pero mientras tanto iré a reflexionar caña en mano a mi chiringuito de cabecera.

Si no nos vemos por aquí en un tiempo….. ¡Feliz verano!

 


domingo, 24 de marzo de 2013

'Relatos.'


                 Llevas dos o tres semanas ilusionado con participar en un concurso de relatos cortos.

                Te sirve para recuperar las ganas de escribir, de sentarte delante de un folio en blanco,  disfrutar dando cuerpo y vida a esas ideas extrañas que te vienen a deshoras, mezcla de recuerdos algunas veces; sólo imágenes las más.

                En ocasiones, te surge un final, y tratas llegar a un comienzo incierto, como el niño que alcanza el diez en la rayuela, y sabe que se lo juega todo en un difícil salto que incluye el giro hacia un posible retorno. Otras, sólo el contexto de una historia, pendiente de escribir, como las pinceladas del fondo de un óleo, que trazadas con emoción y acierto, pueden ser el germen, dar vida a preciosas composiciones.

                Ya has terminado, simplemente porque lo decides, siempre se puede perfeccionar, siempre hay un sinónimo que sustituir, una coma que trasladar.  Sabes que lo escrito es mejorable, pero quieres a tus líneas porque siempre hay algo de ti en ellas.

                Ahora tienes que elegir un pseudónimo, qué sensación más extraña, tratar de encontrar un ‘alter ego’ con el que sentirte cómodo, renombrarte sin perder tu esencia, que tus líneas sigan siendo tuyas. Lo encuentras en algún rincón de tu mente, ya te pertenece, pero como siempre, te pierde la curiosidad, imaginas cómo hubiera sido tu otra vida, como mínimo con otro apellido tus compañeros de clase siempre hubieran sido otros; con  otro nombre tus santos hubieran sido diferentes…

                Aunque dudas, no lo puedes evitar, asomarte a esa nueva ventana que ofrece a veces imágenes movidas  de un mundo en constante cambio. Tecleas tu nuevo nombre y rápidamente encuentras tu otra vida, fuera de ti.

   Saliste de tu país para vivir fuera, te casaste…

                No quieres saber más, ya estás casi seguro de que todo cuanto crees habrá sido vivido por otros.

Tal vez sólo sepas recordar.
 
 

 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

'De nocheviejas y nuevos trenes.'

            Aunque el año está plagado de acontecimientos anuales, los grandes ganadores de la ‘liga de la autoevaluación’ son sin duda las navidades, con su salto de año incluido, y cómo no, nuestros cumpleaños.
            Cualquiera de ellos nos puede llegar subidos a un precioso tren, fantásticamente atendidos y con unas vistas excelentes, o por el contrario, puede ser algo más incómodo, tal vez destartalado, quizás con una compañía de viaje algo ruidosa. En cualquiera de los casos, lo verdaderamente importante no es ir en el primero o en el segundo, sino si deseamos realmente bajarnos en la siguiente parada, o por el contrario, ajenos a cualquier planteamiento, preferimos dejarnos llevar incluso sin conocer el destino.
Continuando con las estaciones y sus paradas intermedias, hace ya unos años leí una explicación relativamente simple de los diversos grados de conocimiento que podemos tener sobre una materia.
Ni que decir tiene que como todos los planteamientos generalistas sobre cualquier tema, es muy cuestionable o al menos matizable, pero en cualquier caso me gustaría compartirla con vosotros, incluso con los errores u omisiones de mi a veces voluntariamente mala memoria.
Venía a afirmar que un primer grado de conocimiento sobre alguna materia podría ser entenderla, asimilarla interiormente.
Un paso adelante  podría ser saber explicarla adecuadamente a terceros, para lo cual además de entenderla se requiere un grado de interiorización superior que nos capacite para enfocarla desde diferentes perspectivas o contextos.
Si fuéramos capaces de crear algo nuevo, una aportación original, subiríamos al siguiente escalón, y finalmente son sólo unos pocos elegidos los que tienen la capacidad de iluminar al resto con obras que cambian la forma de entender el mundo.
Así que en cuatro cómodos pasos, como si de un programa de bricolaje se tratase podéis evaluar qué tal se os da cualquier cosa, desde la física cuántica a la neurología, pasando por el punto de cruz, o el manejo de la Thermomix.
En mi caso, aunque mantengo la esperanza de saltar al tercer escalón en alguna etapa de mi vida, de momento me considero afortunado por poder llegar al segundo en variadas cuestiones, algunas académicas y otras sencillamente pintorescas.
Y os cuento todo esto porque, en muchas cuestiones de la vida diaria no llego ni al primero, y no es por falta de ganas, pero me siento como ese bebé que apenas sabe gatear mirando una escalera, como el mono recién llegado al que le pegan sin saber por qué, el aborigen que ve por primera vez el mar, o que mes tras mes se queda embobado mirando la luna llena.
En mi caso,  por aquello de mi lentitud existencial, desconozco si en 2013 subiré algún primer escalón más, pero si habéis tenido la santa paciencia de leer hasta aquí, os regalo la posibilidad de  cambiarla sustituyendo mentalmente palabra ‘conocimiento’ por ‘ilusión’, y aprovecho para desearos que subáis muchos escalones con esta nueva escalera en el año venidero.
            

Un abrazo.
Santi.

domingo, 16 de diciembre de 2012

'Desde el tablero.'

Tras mucho insistir, El Jefe, no sin pocas advertencias, cedió esa vez. En aquel momento no quedaba muy lejos la última trifulca familiar entre los de Arriba, que por ser especialmente grave, acabó con algunos exiliados a Más Abajo, aunque ésa era otra historia.
Accedió ante la perseverancia en los deseos de bajar a Abajo de algunos, pero el precio sería muy alto, puede que incluso superior al del pecado original: si querían ayudar a los de Abajo perderían su condición de seres de Arriba, olvidarían todo, se harían carne y no se reconocerían entre ellos, aunque eso sí, como los seres de Abajo, dispondrían de libre albedrío.
Al principio muchos desistieron ante la dureza de las condiciones, pero El Jefe les vino a decir que si querían jugar al monopoly, no podían seguir siendo banca a la vez. Así que tan contundente ejemplo hizo que los más osados y con ganas de ayudar a los de Abajo, bajaran a vivir al menos una vida.
Y así ha sido hasta ahora, los de Arriba se han mezclado entre nosotros, sin ni siquiera saberlo ellos mísmos, algunos triunfando en sus vidas, con trabajos de chaqueta y corbata que les proporcionaban muchas más posibilidades de ayudar; otros no con tanta suerte, bien por nacer en países subdesarrollados, o simplemente por mala fortuna, acababan viviendo en la calle una vida de penurias.
Pero en todos los casos, aun si poder alterar sustancialmente las reglas de El Juego por deseo expreso de El Jefe, al menos generaban buenas sensaciones, y en muchos casos consuelo y esperanza en el resto de los de Abajo. Bueno, en casi todos, pues algunos sin saberlo eran manipulados por los de Más Abajo, que a diferencia de los de Arriba no quisieron hacerse carne, pero tampoco renunciaron a incordiar a distancia.
Por aquello de que el bien es infinitamente menos ruidoso que el mal, en Abajo había bastantes más seres provenientes de Arriba que personas manipuladas por los de Más Abajo, y aunque muchas veces parecía que los últimos iban a ganar la partida por lo llamativo de las consecuencias de sus acciones, incluso en las peores situaciones, los primeros con su respuesta firme y coordinada restablecían siempre el equilibrio.
Así que si alguna vez un desconocido te ayuda de manera desinteresada, y te saca de un gran apuro, o incluso con tan sólo una sonrisa amable o una palmada en el hombro es capaz de alegrarte el día, tal vez se cansara de ser banca ….
Pero si además, tenga la edad y condición que tenga, sientes nada más conocerle una conexión extraña y especial que no sabes explicar, tal vez os cansasteis los dos ….


jueves, 6 de diciembre de 2012

'Siete veces siete.'

Hay quienes sostienen que tu nombre te marca.
Kotrolo no sabía nada de eso. Ni falta que le hacía.
Sin embargo, su peculiar forma de ser no desmerecería aquel extraño nombre heredado de un precioso cuento literario, pues tuvo un carácter muy marcado en el que la viveza y la arrogancia de los primeros años irían mutando a una mirada cansada e inteligente, aunque sin perder nunca ese aire canalla que le acompañaría toda su vida.
Kotrolo, Kotro, de puro malo que era, nos dio disgustos casi desde el primer día, mordiendo sin ladrar antes a medio vecindario de nuestro pueblo, y parte del de la comarca. No fueron pocas las veces que tuvimos que enseñar su calendario de vacunas.
Y sin embargo, su extrema inteligencia y  graciosa desobediencia (venía cuando él quería) nos ganaron desde el principio.
Por ello, disfrutaría en casa una vida perruna llena de comodidades, que incluiría veraneos en la casa de la playa, y una dieta variada en la que no le faltarían desde pizzas a huevos fritos con patatas y salchichas, pasando cómo no, por el guiso casero de lentejas, su preferido.
Su única obligación durante los años que compartió con nosotros fue acatar la obligación paterna de tener que comerse diariamente una galleta María a las ocho y poco de la mañana, muchos días sin ganas e incluso con un ojo medio cerrado por el sueño.
Aquel chucho pequeño, fruto del desliz de una madre pequinesa con cualquier pero callejero de Vicálvaro, llegó a casa siendo un feo cachorro negro y paticorto rondando yo los ocho o nueve años.
Desde el primer día nos tuvimos una extraña mezcla de admiración y respeto en parte basado en el miedo, pues no tardaría en morderme en nuestros primeros juegos, a lo que yo respondería enseguida con un mordisco similar en su pata demostrándole con ello que le tenía aprecio sincero como a un igual.
Por aquella época había oído yo en algún corrillo, que los años perrunos eran como siete de los nuestros, así que durante todos los que nos acompañó haría en multitud de ocasiones la conversión para saber ‘exactamente’ qué edad iba teniendo mi viejo amigo, adaptando con el paso del tiempo mi trato a su experiencia vital.
Ha pasado mucho tiempo desde que no nos acompaña, más de una década, tal vez casi dos, y además de no haberlo olvidado, me planteo que quizás aquella vieja historia de la conversión de los ‘años perrunos’ fuera verdad o no, fallaba en la base, al presuponer que los ‘años humanos’ son constantes para cada persona.
Si no lo fueran, en mi caso, se explicarían muchas cosas. Si, por ejemplo, mi edad vital transcurriera siete veces más lenta que la de la mayoría, esos lapsus de pocos minutos que tengo cuando sueño despierto, para mi edad, realmente supondrían segundos.
Echando también la vista atrás, bajo esta perspectiva, la carrera se me haría tan rápida por no llegar al año de duración, y de la misma manera, el tiempo trabajando transcurre tan fugazmente, por apenas haber alcanzado el año y medio trabajando.
Pero sobre todo donde más lo noto, es en mi reloj interno, el guardián de mis emociones, de mis sufrimientos, desvelos, y sobre todo, el de mis ilusiones. Vivo en un mundo siete veces más lento, camino despacio, a veces me paro, respiro, pienso, os veo vivir, correr, sufro, disfruto, siempre con preguntas, siempre a mi aire, ajeno a las prisas….
¿Debería tenerlas a punto de cumplir mis cinco?