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miércoles, 30 de diciembre de 2015

''A dieta.''


‘Oye chica que me he puesto un mes a dieta de adjetivos y me está sentando fenomenal’

                O algo así nos dijo bromeando una conocida escritora en un taller literario de fin de semana al que asistí la pasada primavera. Intentaba transmitirnos importancia de ser muy comedidos con ellos en nuestros relatos.   

La verdad es que nunca me lo había planteado y además de atender a sus explicaciones intenté documentarme por internet. No encontré grandes argumentos acerca de la cuestión más allá de que con la reducción de adjetivos la narrativa gana en precisión, y en definitiva, en calidad. Así, si el sentido de una frase no se altera sustancialmente al suprimir alguno o la totalidad de ellos, mejor hacerlo.

Sin embargo, a mi entender, este estilo de escritura más pulcro, de alguna manera exige mayor esfuerzo tanto para el escritor como para el lector. El primero tendrá que, a través de su mirada singular condensar su mensaje en sustantivos y verbos. Suprimir ‘triste’ por ejemplo de una frase, le supondrá tener que transmitir la tristeza a través de los propios personajes y aquello que les ocurre. El lector a su vez tendrá que leer (tal vez en más de una ocasión) e interpretar razonadamente el cuerpo del mensaje, obteniendo como premio una opinión propia.

En definitiva, creo entender que con la literatura ocurre como con otras tantas aficiones, en las que se puede acceder a un mayor disfrute, pero que requieren dedicarles tiempo y sosiego, estando ambas cosas en contraposición con la sociedad de consumo rápido en la que nos ha tocado vivir.

Así que lo mejor que se me ocurre para este 2016 que está a punto de comenzar, es desearos que, aunque no seáis aficionados a la escritura,  incluso en vuestra vida diaria, os pongáis también dieta de adjetivos intentando no juzgar demasiado a los demás, y sobre todo, que en caso de hacerlo, los juicios sean propios  en vez de heredados de terceros.

Pero sobre todo, que hagáis pocas cosas y con la calma que necesiten.

Os deseo un feliz 2016 cargado de éxitos personales y profesionales.

Un abrazo.

 
Santi.


miércoles, 19 de marzo de 2014

'De hormigas falsas'


        A pesar de espaciar cada vez más mis publicaciones, me gustaría a lo largo del año llegar a la interesante cifra de ciento cuatro publicaciones (*). Mientras tanto, y dirigiéndome hacia los tres años de blog a veces pienso en algunas de las entradas que quise escribir y a pesar de tenerlas mucho tiempo en mente, por muy diferentes motivos, no me decidí a publicar. Así que, si este blog fuera una película, éstas bien podrían ser algunas de sus ‘tomas falsas’:

‘Desde la Luna no se ve el tablero de Risk’: Uno de los aspectos que más me cuesta entender del mundo en el que vivo es la tremenda obsesión por las fronteras. Bajo la firme convicción de que ningún ser humano es ilegal en ninguna parte, a la que se suma el hecho de que considero algo coyuntural para cada persona el sitio en el que nace, prefiero de momento no escribir más sobre este polémico tema.

‘Felipe II no tenía un Megane verde.’: En contra de la intuición cotidiana, estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad bajo la mayor parte de los puntos de vista sobre los que se observe, ya sea en términos económicos, sanitarios e incluso de índices de violencia. Cualquier ciudadano medio del primer mundo vive mejor y tiene más comodidades en general que los hombres más poderosos del planeta de hace unos cuantos siglos. No obstante, no he profundizado sobre este tema porque con más de cinco millones de parados en nuestro país, a pesar de poder aportar datos objetivos, puede parecer insensible e incluso hasta frívolo.

‘Anunciando teles en la tele.’: Nunca he conseguido entender del todo el sentido que le quieren dar los fabricantes de televisiones, a los anuncios de sus productos de última generación que tienen que ser visualizados con aparatos de prestaciones convencionales. En este sentido, a veces me he planteado hablar de altas capacidades intelectuales por ser un tema que me apasiona, pero que entiendo que no es del interés general salvo en el caso que algún lector se sintiera identificado con las teorías actuales sobre el tema, o quizás tuviera algún hijo con dichas capacidades. Si bien, en este último caso carezco del criterio suficiente para hablar de un tema tan serio.

‘Del big bang, a las amebas y los registradores de la propiedad.’ (*)2: Razonando yo solito acerca de que todo tiene un origen, desde el universo, a los organismos pluricelulares como los registradores de la propiedad, pasando por los unicelulares como las amebas, me interesa muchísimo el origen de la propiedad del suelo en particular. Publicaré algo si consigo leer historia y sociología previamente para documentarme un mínimo aceptable.

‘Los barcos de mis amigos.’: Poco antes de iniciar el blog, bastante interesado en la sociología, encontré en el área de libros de unos grandes almacenes la 5ª edición de la obra ‘Sociología.’ del premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales Anthony Giddens. Me costó bastante dinero por ser un tomo de más de mil páginas en tapa dura que cubre todos los temas centrales de la materia (bueno salvo las redes sociales, por haber sido escrito en  2006), pero a cambio y según indicaba el autor, pude ir leyendo separadamente los capítulos y sus resúmenes en función de mis intereses. Incluso a pesar de no haberlos leído todos, uno de los que más me interesó fue (cómo no) el de ‘Estratificación y clase.’, que hacía referencia a las posiciones desiguales que ocupan los individuos en la sociedad ya sea por edad, género, riqueza, propiedades y el acceso a los bienes materiales y a los productos culturales. Hablaba también de interesantes conceptos como la movilidad social (ascenso o descenso de clase social), ya fuera intrageneracional (a lo largo de la vida de un individuo), o intergeneracional (los descendientes de una familia se desplazan a una clase social diferente a la de su familia de origen). Finalmente, la idea que daba el título a esta publicación fallida se refería al concepto de ‘estilo de vida’, según el cual dentro de una misma clase social, factores culturales como hábitos de consumo o estilo de vida están desplazando a los tradicionales factores económicos como tipo de empleo y nivel de ingresos en la formación de las identidades grupales de los individuos. O si os queréis quedar con la anécdota del título, bajo determinadas condiciones, tener amigos con barco o piscina hoy en día a nivel social puede suponer prácticamente lo mismo que poseerlos. Escribiré más sobre esto cuando pase la crisis.



 (*) Un hipotético lector que comenzara a leerme con frecuencia semanal desde el principio, podría hacerlo dos años seguidos incluso si no volviera a publicar en ese periodo. ;)
(*)2 Estaréis de acuerdo que este título es bueno y hasta un comodín. Pensad por ejemplo en ‘Del big bang, a las amebas y las monarquías.’, o ‘Del big bang, a las amebas y los tertulianos de la tele.’. Un verdadero filón. ;)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

‘De vivencias enlatadas y la pluma mágica de Dumbo.’


               Teniendo el tiempo como recurso escaso, intento cumplir la norma autoimpuesta de intentar en mis ratos libres hacer sólo las cosas que puedo disfrutar con la tranquilidad requerida.
                Es por ello que son bastante infrecuentes los días en los que dentro de las horas libres del mediodía abandono mi despacho con vistas al río Segura, y lo cruzo con algún buen compañero y amigo para comer relajadamente por algún lugar céntrico de Murcia y si sobra algo de tiempo ir a ver libros y discos en unos conocidos grandes almacenes.
               
                Inesperadamente hoy dentro de una incorporación posvacacional más tranquila de lo esperado ha sido uno de esos días que ocurren cada dos o tres meses. Así, tras un agradable almuerzo, me he acercado al conocido centro con un compañero a ver entre otras cosas esos paquetes que ofrecen un variado número de experiencias a elegir.
                Me han sorprendido tanto el número de marcas comerciales, como la gran cantidad de referencias de producto. No he podido dejar de imaginar a su consumidor final intentando elegir, ya fuera solo o en pareja, entre la enorme cantidad de vivencias enlatadas que incluso sólo uno de los paquetes puede ofrecer en potencia, ya fueran aventuras, experiencias gastronómicas, turísticas o de spa.
                Desconozco si se venden mucho dichos paquetes, o si las vivencias así elegidas resultan más caras que siendo reservadas de forma convencional, pero no he podido dejar de pensar que de la misma manera que con fotografías, vídeos o libros regalamos pasado, con otros muchos objetos tal vez presente, lo bonito de estos paquetes es que regalamos ilusión por tener que elegir como paso previo, y en esencia entregamos felicidad futura.
                Y sobre todo me planteo si no habrán encontrado los creadores del producto una forma de hacernos recordar una capacidad muy nuestra que nunca nos ha abandonado….
¿Nos estarán vendiendo tal vez la pluma mágica de Dumbo?

P.D. Gracias Asun por la foto.



domingo, 1 de septiembre de 2013

'Dúctiles.'


                En el bien entendido de que al nombrar las cosas les robamos parte de su esencia, y por tanto establecemos vínculos con ellas, a nadie se le escapa hoy día la importancia de la elección de un buen nombre para cualquier nueva creación, ya sea intelectual o producto de consumo.

En este sentido, me despiertan particular interés los nombres cortos, con cierta musicalidad en su pronunciación e incluso con múltiples significados o acepciones, y de la misma manera que, por ejemplo, alguna vez he comprado vino sólo por una etiqueta bonita; otras lo he podido hacer también por su nombre.

Con cine y televisión me ocurre un poco lo mismo, y le doy una oportunidad a cualquier película o serie con un título sugerente, aunque son bastante pocas la verdad, si bien en el caso de obras extranjeras cierto grado de excusa tienen pues algunos traductores merecen cuando menos la excomunión. Aunque veo poca televisión, de series, me gusta el título de la que emiten actualmente y protagonizada por mi homónimo Santi Millán: ‘Frágiles.’.

No voy a entrar en su a veces quizás excesiva carga dramática, rozando el melodrama, o la tal vez surrealista forma de ejercer la profesión de fisioterapeuta que tiene el protagonista con sus clientes, con los que en muchos casos termina teniendo una fuerte vinculación emocional que continúa episodio tras episodio. Consiguiendo abstraerme de todo ello, reconozco que la serie me gusta, y en lo que a su título se refiere me parece muy acertado por poder aplicarse tanto a huesos como a personas, en ambos casos sin salirse de su contexto argumental.

Y es que todos tenemos muy clara la idea del significado de ‘frágil’ en ambos casos; en materiales, se trata de aquellos que experimentan muy poca deformación antes de romperse, y en personas, diga lo que diga el DRAE (‘Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad.’), entendemos que se trata de individuos vencidos por los acontecimientos. Sin embargo, desconozco si más allá del contexto de ciencia de materiales, es generalizado el significado de su opuesto, ‘dúctil’, del que estudié en su momento que se trata de la propiedad que tienen ciertos materiales de experimentar grandes deformaciones antes de romperse.

Reflexionando sobre cómo se aplicaría este concepto de ductilidad a personas, entiendo que de la misma manera que es preferible frente a la fragilidad en muchos casos para los materiales, por presentar los cuerpos dúctiles la enorme ventaja de avisar con mucha antelación antes de romper, como inconveniente recuerdo también que existe un punto para estos últimos en que aun desaparecida la causa de las tensiones que han soportado, parte de las deformaciones experimentadas como respuesta se hacen en mayor o menor grado, permanentes, y que de aplicarse a personas pasarían a formar parte de la mochila imaginaria portadora de nuestros recuerdos, vivencias y emociones pasadas.

Me gustaría preguntaros una vez hubierais hecho una visión retrospectiva de vuestra vida, cómo sois, o mejor dicho cómo habéis respondido en general ante grandes presiones. Tal vez, ojalá,  no seáis pocos los que desconocéis la respuesta porque aun no habéis sido puestos a prueba.

Pero supongo que como me ocurre a mí mismo, la experiencia vital va transformando en dúctil lo que era frágil si alguna vez lo fue, o simplemente, de la misma manera que las personas tenemos estilos de aprendizaje variados (unos aprendemos intuyendo, otros reflexionando, observando, experimentando…) como he comentado alguna vez por aquí, en general reaccionamos de manera cambiante en un entorno cambiante. Así que la pregunta más interesante sería:

¿Cómo quieres que sea tu mochila dentro de diez, veinte años tal vez?
 
 
 
Un abrazo.
Santi.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

'De nocheviejas y nuevos trenes.'

            Aunque el año está plagado de acontecimientos anuales, los grandes ganadores de la ‘liga de la autoevaluación’ son sin duda las navidades, con su salto de año incluido, y cómo no, nuestros cumpleaños.
            Cualquiera de ellos nos puede llegar subidos a un precioso tren, fantásticamente atendidos y con unas vistas excelentes, o por el contrario, puede ser algo más incómodo, tal vez destartalado, quizás con una compañía de viaje algo ruidosa. En cualquiera de los casos, lo verdaderamente importante no es ir en el primero o en el segundo, sino si deseamos realmente bajarnos en la siguiente parada, o por el contrario, ajenos a cualquier planteamiento, preferimos dejarnos llevar incluso sin conocer el destino.
Continuando con las estaciones y sus paradas intermedias, hace ya unos años leí una explicación relativamente simple de los diversos grados de conocimiento que podemos tener sobre una materia.
Ni que decir tiene que como todos los planteamientos generalistas sobre cualquier tema, es muy cuestionable o al menos matizable, pero en cualquier caso me gustaría compartirla con vosotros, incluso con los errores u omisiones de mi a veces voluntariamente mala memoria.
Venía a afirmar que un primer grado de conocimiento sobre alguna materia podría ser entenderla, asimilarla interiormente.
Un paso adelante  podría ser saber explicarla adecuadamente a terceros, para lo cual además de entenderla se requiere un grado de interiorización superior que nos capacite para enfocarla desde diferentes perspectivas o contextos.
Si fuéramos capaces de crear algo nuevo, una aportación original, subiríamos al siguiente escalón, y finalmente son sólo unos pocos elegidos los que tienen la capacidad de iluminar al resto con obras que cambian la forma de entender el mundo.
Así que en cuatro cómodos pasos, como si de un programa de bricolaje se tratase podéis evaluar qué tal se os da cualquier cosa, desde la física cuántica a la neurología, pasando por el punto de cruz, o el manejo de la Thermomix.
En mi caso, aunque mantengo la esperanza de saltar al tercer escalón en alguna etapa de mi vida, de momento me considero afortunado por poder llegar al segundo en variadas cuestiones, algunas académicas y otras sencillamente pintorescas.
Y os cuento todo esto porque, en muchas cuestiones de la vida diaria no llego ni al primero, y no es por falta de ganas, pero me siento como ese bebé que apenas sabe gatear mirando una escalera, como el mono recién llegado al que le pegan sin saber por qué, el aborigen que ve por primera vez el mar, o que mes tras mes se queda embobado mirando la luna llena.
En mi caso,  por aquello de mi lentitud existencial, desconozco si en 2013 subiré algún primer escalón más, pero si habéis tenido la santa paciencia de leer hasta aquí, os regalo la posibilidad de  cambiarla sustituyendo mentalmente palabra ‘conocimiento’ por ‘ilusión’, y aprovecho para desearos que subáis muchos escalones con esta nueva escalera en el año venidero.
            

Un abrazo.
Santi.

jueves, 1 de noviembre de 2012

'' Por un puñado de naranjas.''

             No hubo acuerdo.
            Escenificábamos un contexto imaginario en el cuál las naranjas eran un bien muy escaso y apreciado.
            Una multinacional farmacéutica necesitaba la última gran producción a nivel mundial para producir un nuevo y revolucionario medicamento. La apreciada fruta procedía de un país tropical, y cómo no, estaba en manos de un capo con el que había que negociar.
            Pero claro, esta gran empresa no era la única interesada, pues otra gran multinacional, pero esta vez de bebidas y alimentación, también las codiciaba para elaborar multitud de productos que podría vender a un precio astronómico.
            Con un divertido argumento similar a éste comenzaba la introducción del guión de una práctica en la que teníamos que demostrar nuestros avances al final de un curso de técnicas de negociación al que hace años tuve la oportunidad de asistir.
            Como os podréis imaginar se hicieron grupos y se repartieron diversos roles tanto de directivos de cada empresa, como del capo, de manera que cada uno en su guión tenía una parte común a todos y otra específica que usar en su estrategia.
            Supongo que fue por azar que me tocó ser un espectador impasible, primero en la preparación por separado de los grupos y posteriormente los vería imparcial enzarzarse en una infructuosa negociación totalmente previsible.
            Lo más triste de todo es que según pasaban los minutos veía a ambos equipos malgastar energías desplegando todo tipo de artimañas, triquiñuelas, embustes, cuando en realidad a nadie de la farmacéutica se le ocurrió admitir honradamente que sólo necesitaban la piel, ni a los de la alimentaria la pulpa.
            Y es que cualquiera que hubiera estado atento a los detalles al asistir a las reuniones preparatorias individuales hubiera predicho con éxito el fracaso anunciado. Pues aunque pueda parecer una obviedad, la inmensa mayoría de las veces ocurre lo más probable, bastando atender a los detalles con una cierta atención y capacidad de análisis para predecir con muy poco margen de error gran parte de los acontecimientos que ocurren en nuestra vida cotidiana a aquellos con los que nos relacionamos.
            Como en mi caso atiendo a los detalles y omisiones casi de manera inconsciente (en literatura y recursos humanos se habla de la ‘teoría del iceberg’), además de adivinar el final de las pelis que tanto me gustan, no me resulta difícil acertar mis pronósticos sobre la vida cotidiana  de mi entorno a veces hasta con meses de antelación, pero, como el moderador del juego, supongo que es mejor no intervenir ni interferir, pues en esencia y lo que de algún modo se enseñaba en aquellos cursos era que los demás ‘se salieran con la mía’, no siempre siendo conscientes de ello.
            Así que en principio voy caminando por la vida sin romper las reglas del juego, interviniendo lo mínimo, incluso cuando muy de cuando en cuando se cruzan en tu camino personas con esa intuición diferente, otra chispa. Y si mientras a la mayoría las conoces por lo que dicen o por lo que escriben, a éstas últimas te llegan por lo que callan o lo que no escriben.
            Recuerdo por ejemplo, con mucho cariño, a un gran amigo con quien tuve la suerte de trabajar durante sus últimos años antes de jubilarse, y nos comunicábamos por gestos durante la construcción de una obra de la que éramos responsables. A veces una mirada por encima de sus gafas me decía más que muchos planos. También me gusta decir que alguna mujer de mi familia es ‘un poco bruja’ por esa intuición de la que os hablo.

            Y  a esas sensibilidades compartidas recién llegadas  a tu vida muchas veces te gustaría guiñarles un ojo, sonreírles y decirles ‘Anda…..; que has tardado un poquito, vieja amiga.’
            Ya para acabar  seáis intuitivos o no, me gustaría recordaros que, en el cine, ante la duda nada como el ‘test del pato.’:
"Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato."
           
           En la vida no lo sé…



           


domingo, 28 de octubre de 2012

¿Alguna idea?

            Aunque suelo ver poco la tele, reconozco que no me desagradan una serie de canales que están proliferando e incluyen una variada programación de documentales de todo tipo.
            Por esa faceta mía de cocinero (o repostero) frustrado, los que más me gustan son los de cocina, pero también hay algunos vinculados al mundo de la construcción que no están nada mal.
En estos últimos no es nada extraño contemplar tanto el desarrollo de grandes infraestructuras (en las que por cierto, las empresas españolas destacan a nivel mundial), como visitar casas de ensueño con un entorno, diseño y materiales tan sólo al alcance de unos pocos privilegiados.
Os comento esto porque estos programas (con ciertos matices, cómo no) me parecen una buen manera de acercar mi sector al gran público, a falta de esas series tan surrealistas de otras profesiones como puedan ser las de hospitales o bufetes de abogados.
Cómo os podréis imaginar si habéis visto alguno, la casuística al abordar la construcción de un proyecto singular es elevada, pues pueden aparecer todo tipo de condicionantes que se alejen de lo habitual, en tanto su diseño, los materiales o usos tengan una componente innovadora.
Fue en los años previos a la crisis cuando planificando construir uno de estos últimos comentaba con el arquitecto:
-‘La verdad es que tu diseño es genial. Qué pena no tener más presupuesto para hacerlo más espectacular.’
-‘No te creas. Muchas veces nos escudamos en el dinero como excusa. Tener dinero ilimitado no necesariamente daría los mejores proyectos. Anularía parte del ingenio, la creatividad.’
La verdad es que no me dijo nada nuevo, pero a lo largo de los meses siguientes tuve la oportunidad de participar en el proceso creativo del  aquel proyecto poniendo en práctica  esta premisa, y os puedo decir que con verdadera voluntad de colaboración, eliminando prejuicios, y perdiendo el miedo a equivocarse se pueden hacer realidad grandes proyectos tanto profesionales en esta caso particular, como también personales en general.
Y es que últimamente se  comenta en muchos ámbitos que hacen falta nuevas ideas que nos saquen de la crisis, y me apena que  a diferencia de otros países, en el nuestro apenas se forme a profesionales en la rama técnica de la creatividad, ni en la universidad ni en la empresa privada.


Y es que además del famosísimo ‘Brainstorming.’ existen multitud de técnicas de creatividad (como puedan ser SCAMPER,  la Sinéctica, Reversal, Seis Sombreros, los Mapas Mentales, etc), que pueden ser de tremenda utilidad en la generación de nuevas soluciones a nuevos problemas, cuando nuestra experiencia en resolución de problemas anteriores se nos queda escasa…
Así que, si  de la misma manera que nos parece natural que alguien que dibuja bien perfeccione su técnica en clases de pintura o estudiando bellas Artes, o que un buen cocinero pase por una escuela de hostelería...
¿Creemos que otra vez la célebre inventiva española por si sola nos sacará de ésta?

domingo, 21 de octubre de 2012

'De canciones de Julio y ese aire fresco que tanto te gusta.'

Posiblemente no tenía ni los veinte cumplidos cuando ya me gustaban las pelis de treintañeros.
Y es que,  a lo largo de los años he disfrutado mucho esas tramas en las que un puñado de amigos de dicha edad iban desgranando sus miedos, ilusiones, decepciones, nostalgias e incertidumbres en general.
Me gusta citar como ejemplos del género: ‘Las razones de mis amigos.’, ‘El principio de Arquímedes.’ o ‘Marta y alrededores.’  obras siempre con el trasfondo de la pérdida de la juventud y el alejamiento de los sueños. Aquellos últimos que,  aunque aun todavía presentes en el otro extremo de una palanca imaginaria, son más difíciles de alzar debido al punto de apoyo que se nos acerca atraído por la rutina y el peso de las circunstancias cotidianas.
Sin embargo aunque ahora que he llegado a la edad de los protas de algunas de estas películas puedo por mi propia experiencia vital apreciar mejor aquellos sentimientos, lo que más noto pese a que a veces me fastidie, es el peso de lo relativo. O dicho de otra manera, ya no tengo una visión maniquea de la vida. Hace tiempo que los blancos y negros fueron dando paso a una enorme variedad de grises.
Lo explicaba magníficamente Carmen Posadas en una de sus columnas dominicales, comentando cómo una de sus amigas aplicaba en sus relaciones personales ‘la teoría de Julio Iglesias’ según la cual no hay por qué ir encasillando a las personas que vamos conociendo, pues todos reaccionamos de manera cambiante ante entornos cambiantes como en la célebre canción del cantante ‘ a veces tú, a veces yo….a veces sí, a veces no …’.
Y es que si hasta para diseñar ese aparato de tu casa que te da ese fresquico que tanto te gusta, aparentemente cuadriculados ingenieros y matemáticos aplicaron algo llamado lógica difusa, flexibilizando con ello los criterios por los que se enciende y se apaga en función del rango de temperaturas exterior, ¿no obtendríamos nosotros mismos mejores resultados en nuestros retos cotidianos  personalizando los criterios por los que aceptamos o reprobamos una gran variedad de hechos y personas?

Bueno, os dejo, voy a apagar el aire…
Santi.

martes, 11 de septiembre de 2012

''Necesito ver atardeceres.''

Sostienen algunos no sin cierta suspicacia que, puestos a elegir entre un reloj convencional averiado y otro digital, es preferible el primero pues al menos marca correctamente la hora en dos ocasiones al cabo del día.
No puedo afirmar que en mi caso por esa razón llevo uno de los primeros con la pila agotada desde hace dos o tres meses, supongo más bien que en las últimas semanas de intenso trabajo apenas he sacado tiempo para cambiarla. Mi frenética actividad laboral de estos días se debe a la naturaleza de mi trabajo,  que debe atender a demandas punta muchas veces imprevisibles y en la mayoría de las ocasiones coinciden con vuestras vacaciones.
Mentiría si afirmara tajantemente que siempre lo llevo bien, pero cuando intento relajarme me gusta pensar que estos inconvenientes forman parte de una profesión que tanto me gusta, de la misma manera que lo hace el trabajo nocturno de la de los  panaderos.
Y es cuando vivo estas semanas recluido entre mis cálculos y mis planos cuando más reflexiono sobre nuestra percepción del paso del tiempo.
En este contexto, me vienen mucho a la mente las experiencias vividas hace unos años los pocos meses en los que tuve la suerte de formar parte del equipo técnico que construía un túnel, repartiendo mi jornada laboral entre tareas de diseño y planificación en mi despacho de las instalaciones provisionales, y las de supervisión dentro de la propia obra. No os extrañará mucho entonces el hecho de que no era nada difícil en las visitas regulares al túnel en construcción, sometido a iluminación, temperatura y humedad constantes, perder la noción del tiempo sin ser consciente de haber invertido horas en tareas pensadas para resolverse en minutos o comprobar con perplejidad que salías por la boca de túnel muy avanzada la noche habiendo entrado de día.
Supongo que la inmensa mayoría de vosotros no construye túneles, pero quizás estéis bastante más familiarizados con esa sensación al salir de unos conocidos grandes almacenes, en los que decidieron premeditadamente, una vez construidas sus fachadas (salvo la de la planta baja) sin ventanas al exterior, aclimatarnos a la ausencia de calor o frio, a una luz que no cesa, y en definitiva, privarnos de las estaciones, del día y de la noche.
Los que más me conocéis sabéis que soy un fiel defensor del esfuerzo como principal medio para lograr nuestros propósitos, y que para canalizarlo son adecuadas las rutinas, y en definitiva un orden en los horarios que rigen nuestra vida. No puedo negar que aunque a veces estresado y desbordado, soy un feliz hámster en mi rueda, pero la verdad es que necesito dejarla de lado unos días, comer cuando tenga hambre, dormir cuando tenga sueño, sentir el paso del tiempo, necesito…
Necesito ver atardeceres.

martes, 3 de julio de 2012

'De estampas de Cuba y miradas al futuro.'

Hace ya unos meses pero aún lo recuerdo, supongo que me acerqué como todos los días, con prisa, acompañado por mis compañeros de siempre y quizás con ganas de ojear el periódico como cualquier españolito medio que es medianamente feliz y se siente cómodo en su rutina.
Su bar lleva abierto un par de años o algo así, y la verdad es que aunque sin mucha decoración se puede decir que tiene un cierto estilo, pues en él conviven algún cuadro ambientado en una Cuba intemporal y algo de ladrillo viejo en la zona de la barra, que reluce como un espejo sin desentonar con el brillo de su vajilla, cafetera y  resto de elementos metálicos,  todos pulcramente dispuestos.
Pero aquel día algo imperceptible me chirriaba, como cuando olvidas el nombre de una persona que te acaban de presentar hace diez minutos mientras no has dejado de hablar con ella.
Minuto y medio de desconcierto y con la cara de quién no recuerda si se ha dejado las luces de casa encendidas, le pregunté a la dueña.

Bingo! Creo que lo que había cambiado de sitio eran unos botes de lata decorados y un pequeño expositor de bollería….

     Me viene este recuerdo a la mente porque esta semana de manera casual he tenido la oportunidad de leer en la red acerca de dos obras bastante relacionadas entre sí que son ‘La era de las máquinas espirituales’ y 'Un viaje optimista por el futuro', pues en un enfoque más tecnológico en la primera y también sociológico en la segunda, ambas se refieren a un futuro no muy lejano en el que con la mejora paulatina pero imparable de los seres humanos mediante el uso de la tecnología se haga cada vez más difuso el concepto de su inteligencia o conciencia, fenómeno que se conoce como transhumanismo y que como sabéis, ha sido fuente inspiradora de un gran número de obras tanto cinematográficas como literarias (*).

           Y es que lo que más me llamaba la atención de la entrevista al autor de la segunda obra, es que preguntado por el inicio y la evolución de dicho fenómeno respondía que simplemente ya está ocurriendo.

            Supongo entonces que la rutina nos dificulta  ser conscientes de este cambio inexorable que nos está tocando vivir, probablemente porque son aunque exponenciales, también graduales a la vez. Pues de la misma manera que no quedan tan lejos los días en que eran frecuentes el uso de las cabinas telefónicas, las cintas de casete o el correo ordinario, ahora son comunes profesiones desconocidas hace dos o tres décadas como puedan ser diseñador de páginas web o comercial de telefonía móvil. Así que no hay motivo para dejar de pensar que en las próximas décadas miraremos nuestro presente desde la misma perspectiva.

             ¿Y qué hay de nosotros mismos?  Cuesta mucho reconocer que además de la tecnología, la sociedad y nuestra propia personalidad está en un proceso de cambio y adaptación constante, también en una forma a la que somos ciegos sin la perspectiva de los años, y en sentido literal hay científicos que afirman que en un preciso instante cada uno de nosotros no contenemos molécula alguna que formara parte nuestra hace nueve años.

             La duda entonces quedará en saber si como dice algunos estamos  una época de cambio o en un cambio de época.


Saludos.
Santi.
(*)P.D. Aprovecho para recomendaros 'Lagrimas en la lluvia.', de Rosa Montero.

domingo, 6 de noviembre de 2011

'Espalda contra espalda.'

Hay libros que te enganchan más, otros quizá no tanto….
De algunos, te quedas con la idea central que interpretas quiere transmitir el autor, aunque te resulten un poco pesados de leer por su estilo narrativo.
Otros son algo más superficiales, pero tienen una redacción fresca y dinámica, que hacen que vuelen sus páginas entre tus dedos.
Muy de cuando en cuando, cae cerca de tu mesilla una obra que combina magistralmente ambas facetas, y te dedicas a sacarla del dormitorio y pasearla contigo a todas partes, aun con un elevado riesgo (en mi caso)  de perderla…
Pero lo que no me ocurre todos los años, es disfrutar de  una obra que cambie de manera importante mi visión del mundo.
La última de este tipo la leí hace unos meses: ‘Los próximos cien años.’,  de George Friedman, experto de renombre mundial en geopolítica.
El título de la obra es bastante explícito, pues a lo largo de sus párrafos el autor va desgranando en base a razonamientos históricos, geográficos y políticos, como prevé la historia década a década del presente siglo…
La verdad es que no sé qué grado de acierto podrá tener en sus predicciones, pero de lo que me quedo con el libro, es que vivimos en un mundo mucho más inseguro de lo que percibía antes de leerlo.
Mis conocimientos de historia son muy elementales, y si a eso le sumas que he nacido y me he criado en décadas de paz en la zona occidental del Viejo Continente, de alguna manera inconsciente he asimilado esa situación como inmutable…
 No obvio que aunque desde pequeño no he parado de ver guerras en los telediarios, siempre las he percibido como algo lejano de los países desarrollados, y la excepción a ésto, la Guerra Fría, me pilló en su última fase en pantalón corto subiéndome a los árboles para hacerme tirachinas…
El caso es que tras la lectura de sus párrafos, veo el mundo, países desarrollados incluidos, en una permanente tensión que a la vez lo impulsa, como aquel juego infantil que nos hacían practicar en clases de gimnasia, que consistía en juntar espaldas sentados por parejas, y combinando fuerza con habilidad, conseguir ponerse de pie empujando los dos miembros con la misma intensidad y en la misma zona….
Ni que decir tiene que esto se puede extrapolar a muchos y variados  ámbitos de la sociedad actual, pues así percibo desde hace mucho más tiempo, que se rigen muchos consejos de administración de importantes empresas y desde luego los órganos de gobierno de los partidos políticos…
Ahora bien… ¿Recordáis qué pasaba cuando tras un importante esfuerzo ambas personas estaban a punto de erguirse, y de repente una de ellas daba un empujón arrebatado cuya pareja no podía contrarrestar en ese mismo instante…?