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miércoles, 2 de marzo de 2016

'Al otro lado.'

Como en la canción de Los Secretos hoy la vi.


Caminaba apresurado con el tiempo justo por un bulevar de Murcia, cuando por no ser capaz de resistirme a frenar unos instantes para curiosear por los puestos de libros ambulantes, me pareció ver a punto de cruzarse conmigo a la que hace casi dos décadas fue una gran amiga.


La combinación de incredulidad, prisas, y recuerdos adormecidos luchando por salir, hizo que la certeza de que era ella llegara a dos metros tras cruzarme. No sé si me vio, pero en décimas de segundo recordé cómo demasiados años atrás formó parte esencial de una historia que sucedería entre otra de sus amigas del alma y yo. El tiempo quiso que las perdiera a las dos de golpe.


Iba con carricoche, así que me alegré y al volver a mirar, pude reconocer a la chica que iba a su lado, en paralelo con otro carricoche. Reconocí la melena y entonces, aunque alejándose de espalda, la vi.


Y aunque desde mi juventud siempre me he preguntado si el lenguaje de los sentimientos nos cambia, por permitirnos actuar en un ejercicio de autoconsciencia sobre lo que sentimos, hoy no tuve palabras para describir el extraño vacío que, en algún punto indeterminado entre una alegría pálida y una tristeza sofocada por el paso de los años, me invadió.


Siempre pensé que en un juego imaginario de pañuelos de sentimientos, los melancólicos que conocieran la palabra se lo llevarían siempre ante la mirada incrédula de quienes, por no tener esa suerte, lo perderían pese a haberlo rozado entre los dedos.


Hoy perdí mi pañuelo, hoy estuve al otro lado….



domingo, 26 de enero de 2014

'Otra de orquídeas.'


Serán rarezas mías, no sé, pero nunca me ha gustado regalar flores cortadas. Imagino que estoy entregando belleza sin vida, bien conservada, pero inerte al fin. Prefiero entregarlas en su maceta, dejando su destino a  la dedicación y lo acertado de los cuidados de su nuevo poseedor.
Sintiendo especial predilección por ellas, aún esperando ser sorprendido por otra especie, ayer prácticamente sabía de antemano al cruzar la puerta de la floristería que acabaría comprando orquídeas.
Habiendo entrado poco antes de las dos de la tarde, fui el último cliente de la semana en un local prácticamente vacío, a excepción de la joven dependienta junto al mostrador y un señor mayor acomodado en un banco modelo romántico situado enfrente.
Acudió enseguida a atenderme la chica, y tras aclararle que quería  una maceta con flores no tardó en enseñarme varias, entre ellas las orquídeas con especial entusiasmo. Sin pensarlo mucho, elegí una con dos ejemplares plagados de flores malvas.
Me acerqué tranquilamente a pagar al mostrador y el señor desde el banco, tras preguntar a la que resultó ser su hija por los colores del papel de regalo del envoltorio del regalo que con tanto entusiasmo estaba componiendo, me comentó:
-          Las orquídeas son las flores estrella en los últimos años, han desbancado a todas las demás. Llevo veinticinco años en la floricultura y ahora son las flores más pedidas.
-          Mmm, no sé, lo desconocía. Son bonitas, me gustan en general desde hace años. También sé que hay variedades como las azules.
-          Sí, las azules, las traemos por encargo, pero no nos gusta venderlas. Son muy caras y además tintadas artificialmente, por lo cual estamos vendiendo una planta envenenada, enferma, y se lo advertimos a los clientes…. ¿Tienes cinco minutos?
-  Mmmm sí bueno (dudé, pero en cualquier caso, su hija seguía aplicadísima haciendo superposiciones de papeles decorativos, film transparente, un lazo…).
-          Hace veinticinco o treinta años, cuando los sueldos eran de treinta mil pesetas, las orquídeas se vendían por unidad de flor y valían seis mil pesetas. En aquella época se reproducían a partir de la división del tallo. Ahora, con el cultivo in vitro, han bajado muchísimo de precio y son las flores más vendidas. Pero supongo que en poco tiempo, un año y medio quizás, aparecerá otra especie que la sustituya…..
-      Eso pasa con todo, siempre aparecen nuevos productos (la hija a punto de acabar sonreía oyendo la conversación).
Rebosante de nuevos conocimientos sobre la especie, ya dispuesto a pagar, me preguntó el señor que si conocía los cuidados. Ante cuatro ojos pendientes de mi respuesta, sabía que los segundos jugaban en mi contra, como así fue…
Comenzaron a explicarme entre ambos y quitándose de una manera  absolutamente entrañable la palabra para asegurarse de que por nada del mundo saliera yo de la tienda sin conocer los cuidados básicos de aquellas plantas de las que con tanta admiración me hablaban. Entre perplejo y por qué no decirlo, algo estresado, llegué  a dudar entre darme rápidamente por enterado o reconocer sinceramente que me estaban confundiendo con tanto entusiasmo y sobredosis de información. Conmovido por semejante amor a su profesión, elegí lo segundo….
Con la noción del tiempo perdida hacía bastante, finalmente crucé la puerta abrumado por la responsabilidad de transmitir correctamente todo lo que me habían dicho.
Sólo tenía ganas de llegar al coche cuando me sorprendió una fuerte ventolera que a punto estuvo de destrozar mis preciosas flores.
Tras haber ensayado todos los ángulos posibles de avance haciendo yo de parapeto de mi maceta, no pude evitar a mitad de acera girarme de nuevo hacia la tienda.
A unos veinte metros, la chica me observaba a través de la puerta de cristal.
Lo sabía…

domingo, 27 de octubre de 2013

'Así recordaba mi padre a mi abuelo.'


CANTO A LA MUERTE DE UN CAMPESINO

Madrugada, casi de noche;
como el que busca fortuna,
él cavaba y cavaba
alumbrado por la luna.

Torbellino de ilusiones
abriendo el surco sembraba
¡Cuánto amor pá aquellas plantas!
¡Con qué sudor las regaba!

De su trabajo hizo un culto,
un rito de su cantar,
de la esperanza su fé
y de los frutos su altar.

Muerto el campesino viejo
se rompe la tradición
harta de tanta fortuna
y para honrar su gloria
colgado está el azadón
como espejo de la luna.

Víctor Paredes Jiménez

Me encantó encontrarlo rebuscando por la biblioteca de casa y quería compartirlo.
Descansen en paz.




jueves, 25 de abril de 2013

''Perra vida.''


La vejez les pilló viejos.

De hecho, Panduro ya lo era cuando fue adoptado por los vecinos de los dueños de Ajostiernos, que a su vez tuvo mucha más suerte, pues aunque bastardo fue acogido recién nacido.

Siendo el primero un ratero marrón muy feo, algo lento y temeroso, sus dueños nunca supieron distinguir en él si tenía un problema en sus lagrimales o estaba dotado de una inusitada sensibilidad perruna.

Ajostiernos siempre fue a lo suyo, también pequeño aunque más corpulento, color azabache, vivaz y canalla.

Ya bastante mayores, con el escaso tráfico del pueblo y sabiendo que no irían muy lejos, sus dueños les dejarían la puerta abierta por las tardes para disfrutar juntos de  algo de libertad controlada.

¿Dónde iban a estar mejor que en casa?

No tenía sentido que no volvieran, algo ciegos ya, con andares renqueantes y respiración exhausta al finalizar alguna correría vespertina e infructuosa tras perras bastante más jóvenes.

Así fue todo el tiempo, o casi…

Panduro siempre volvió, Dios sabe lo que padeció antes de encontrar su hogar.

Ajostiernos, agradecido a su manera, quiso ahorrar a sus dueños verle apagarse, perder su fuerza.

Al final sólo deseó dormir en la tierra y ver amanecer.

domingo, 4 de noviembre de 2012

'Sentado ante mi futuro'

           Son muy pocos los momentos en que ocurre.
Ser consciente durante unos preciosos segundos de que estás generando unos recuerdos imborrables en el futuro, te aleja por unos instantes de ti mismo. No necesariamente son los más felices, pero siempre tienen algo diferente, que trasciende. Como si ya te estuvieras contemplando convertido en un espectador más de esa película que es  tu vida.
En aquellos años, los últimos de instituto, me ocurrió con frecuencia. Pertrechado con una pequeña cámara compacta de carrete, las tardes de los fines de semana, salía disparado con mi bici hacia un recorrido fijo por carreteras del trasvase que me llevaría a atravesar la autovía de Murcia a Cartagena,  por un puente que,  con la frecuencia de las visitas sería 'mi puente'.
Con la llegada de la primavera, y sus horas adicionales de sol, mis excursiones se harían diarias, pero disfrutaría especialmente aquellas escasas tardes nubladas, con ese brillo extraño que se produce poco antes de llover.
Esas tardes, aun a riesgo de mojarme, subiría al puente, bajaría de la bicicleta, y me sentaría un ratico en su acera a contemplar la visión de las dos calzadas paralelas de la autovía queriendo buscarse, fundirse sin éxito en el puerto de la Cadena.
Algunas veces haría fotos, otras me gustaría imaginar  la vida de los pasajeros  de aquel incesante tráfico, y todas sin excepción me preguntaría qué pintaba yo en todo aquello, qué sería de mí en un futuro próximo.
Eran tiempos de cambios, los años venideros serían difíciles, intensos, alegres, trágicos, tristes, cálidos; y aunque en aquellos momentos poco podía imaginar, los efectos de aquellos escasos ratos que allí arriba tuve, casi dos décadas más tarde, aún perdurarían en mi vida diaria.
Tras años de ausencia, cuando vuelvo de Murcia por la autovía alguna tarde extraña con nubes , aún me gusta levantar el ojo derecho por si me veo contemplándome en el puente, mi puente.






miércoles, 3 de octubre de 2012

'' De días luminosos y tramas predecibles.''

Tal vez sea cierto aquello que dicen algunos que en determinadas actividades creativas, como pueda ser el cine, pese a la ingente creación de obras, apenas se innova con argumentos realmente originales, ideas novedosas que llamen la atención por sí mismas en vez de guiones rodeados de quiebros argumentales tremendamente artificiosos…
Quizás por ello, como aficionado al séptimo arte, me gustan dos tipos de películas con independencia del género. En primer lugar, lo que más me atrapa de una trama  es no conocer su desenlace casi desde su comienzo; y si no puede ser, pues me conformo con que sea verosímil o al menos coherente, aunque sea de marcianitos….
En este sentido y como he comentado alguna vez por aquí, también como fiel asistente a la gran pantalla de la última comedia romántica de turno, a estos argumentos les pido lo mísmo. Así que últimamente casi me atrae más la comedia dramática, pues supongo que es uno de los géneros que más se puede parecer a la vida, al menos a la de la gente corriente, como es mi caso.
Os cuento este pequeño rollo introductorio porque el pasado sábado, tal y como los propios protagonistas se habían encargado de hacer saber con especial difusión en las redes sociales (‘29S’), se casaban mis primos Carmen y Jose.
Bueno, primos en el sentido de los pueblos, o sea que tu primo además del hijo de tus tíos puede ser un familiar de hasta grado séptimo, y ni siquiera es necesario que los implicados recuerden exactamente el parentesco, basta con que se acepte de mutuo acuerdo entre las partes ser ‘primos’ y ya por no hacer falta, ni es necesario llamarse por nombre de pila.
En este caso el parentesco si es conocido por ambos y casi casi somos primos según la definición de la RAE, comemos juntos por la pascua y todas esas cosas, así que les tengo mucho cariño.
Me alegro por ello que tras las trágicas tormentas del pasado viernes, el sábado nos hiciera un día fantástico, y pudieran disfrutar de una jornada inolvidable con sus familias y amigos…
A lo largo de los últimos años he asistido a muchas bodas, a veces cerca, otras lejos, en diferentes días y horarios, unas numerosas, otras no tanto; y además de la invitación en un lugar reservado en casa, me gusta quedarme con un recuerdo especial de cada una de ellas.
Aunque la totalidad de la boda fue especialmente alegre y emotiva a la vez, si tuviera que elegir un momento de la de Carmen y Jose, nunca olvidaré ‘29S: La película.’ Y es que unos días antes en exteriores de nuestra comarca mis queridos primos tuvieron el valor de sentarse cada uno en solitario delante de una cámara y hablar con total sinceridad de su historia, y aunque en este caso particular conocía el desenlace desde el principio, gustándome las tramas reales, sus palabras naturales y nerviosas a la vez, ante el objetivo fueron sencillamente de Óscar.

¡Besos y abrazos primos!

lunes, 5 de marzo de 2012

'De clases de física y canciones de Serrat.'

En mi afán por intentar situarme en este mundo, alguna vez ya he comentado por aquí mi pasión por las escalas, aunque  no es la única, pues  de la misma manera que ayuda mucho comparar unas cosas con otras para apreciar si son muy grandes, pequeñas, rápidas o increíblemente lentas, también ayuda saber si sus propiedades les son intrínsecas o por el contrario dependen de quién las observe…
Los científicos, que saben mucho de ésto, ponen como ejemplo de lo primero la masa de los cuerpos, y de lo segundo su velocidad….; o algo así me deberían de explicar en mis felicísimos años de instituto….
Así que, como no hay teoría sin su práctica, con el ánimo de comprobar el hecho de que mi masa no varía dependiendo de las veces que me pese, hace unos tres años decidí hacerlo una vez al año, y la verdad, como cualquier españolito medio sigo engordando y adelgazando cuando toca, pero sin un peso que me estrese, soy mucho más feliz…
En referencia a la velocidad, se comprueba fácilmente que el tiempo no trascurre igual desde los dos lados de la puerta del cuarto de baño.
Pero si hay algo que me maravilla son los sistemas de numeración, y en particular que hayamos adoptado de manera general el decimal aún no siendo el más práctico, por la simple y llana razón de que tenemos diez dedos en nuestras manos.
Por eso mismo me hace cierta gracia que influyan sobre nuestras vidas acontecimientos por el simple hecho de ser múltiplo entero en este sistema, de manera que circunstancias como la crisis de los cuarenta se darían en momentos muy diferentes de nuestras vidas si tuviéramos un número distinto de dedos o nuestro querido planeta se volviera vaguete y tardara más tiempo en completar una vuelta completa alrededor de ese solecico que tanto nos gusta…
Como tengo la suerte de tener amigos listísimos, conscientes de este pequeño rollo que os he soltado y mi poca afición a los números ‘redondos’, ayer a mediodía, a traición y con premeditación y alevosía, se dispusieron a realizar una invasión pacífica de mi casa al más puro estilo surrealista de ‘Amanece que no es poco.’, pertrechados con globos, regalos, y comida y bebida como si no hubiera mañana para celebrar mi ‘No cumpleaños.’


Y es que amigos míos, ayer cumplía exactamente treinta y tres años, siete meses y cinco días, y estando rodeado de los tuyos sin duda fue un gran día….

lunes, 6 de febrero de 2012

'Recuerdos borrados a golpe de reformas.'

-Luis se jubila en dos días, en el turno de la cena, te lo digo por si te apetece llamarle.
            Las conversaciones telefónicas con Bosmans tienen ese algo especial que sólo se reconoce en aquellas llamadas a verdaderos amigos, espaciadas cada muchos meses o años incluso para luego hablar mucho sin apenas decir nada, pues en el fondo basta con saber que el otro sigue bien, con ese punto melancólico que pueda tener el cine argentino a veces, y quizás algunos anuncios de móviles cuando se ponen en plan trascendente. Vosotros me entendéis.
            Pero aquel día hace ya siete u ocho años, sí tenía algo que decirme, aunque yo ya había dejado el Colegio Mayor dos o tres años antes por aquel entonces, que el más entrañable de nuestros conserjes se retirara después de vete a saber cuantas décadas (y desde luego mis seis cursos de estancia), merecía por los menos una llamada de los que más le apreciábamos.
            Dicen que la realidad supera a la ficción y la verdad es que las anécdotas y peripecias vividas en aquella etapa de mi vida mejoran con creces  cualquier guión de temática universitaria. Al menos eso pensamos la media docena de antiguos colegiales que nos volvimos a reunir este pasado sábado en Madrid, en mi caso una década después.
            La comida fue genial como os podréis imaginar, era como si el tiempo no hubiera pasado, ni en el trato ni en nuestro aspecto (nos consolamos pensando esto último), y como era de esperar, contamos cantidad de batallitas que vinieron a completar nuestra memoria colectiva. Acabamos de comer, tomamos el café y alguien propuso visitarlo de nuevo. Me debatí entre deseos encontrados y al final acepté, pues  sabía que hacía dos años había sido sometido a una reforma integral que sólo conservaba su fachada.
            Estoy seguro que sus actuales prestaciones multiplican con creces las que yo disfruté, pero la memoria es traicionera y se resiste a sustituir de golpe aquel marco de sus recuerdos.
Durante seis años viví en un lugar con costumbres y mobiliario de los años setenta, recibí cartas y postales en casilleros de madera, fui avisado por megafonía de llamadas telefónicas al número fijo del colegio, conviví con su personal, conocí a grandes amigos, conversé, disfruté, estudié, alboroté, reí, lloré y  a pesar de todo fui muy feliz…
De alguna manera, mi llamada de despedida a Luis años antes, fue mi despedida del Colegio, pues cuando volví ocho años después a cruzar sus puertas ( que ni siquiera estaban al mismo nivel para acceder), sentí que gran parte de mi vida se había esfumado a golpe de reformas.
Tan lejos, tan cerca…
           
Este post va para mis compañeros de aquellos años (1996-2002).

jueves, 3 de noviembre de 2011

El mortero.


Creo recordar que cuando me lo regaló para mi nueva casa, supongo que poco antes de mudarme, me dijo que me traería suerte.
Aunque hace unos años que nos abandonó, su alegría y sus ganas de vivir contagiosas fueron un regalo para una familia que en aquellos momentos lo necesitaba. Por ello, de alguna manera formó parte de ella desde el primer día y su recuerdo perdura a diario en nuestros corazones.
Desde hace poco, mi madrina me echa una mano en casa, y como es habitual en alguien que sólo regresa a dormir, no suelo estar cuando lo hace. Ni que decir tiene que al ordenarme la casa con todo el cariño del mundo, cuando llego me cuesta encontrar algunas cosas, de la cocina sobre todo,.
El mortero pertenece a este grupo, y reconozco que me encanta buscarlo por los armarios, los días como hoy, en los que recién llegado no lo encuentro tras su visita, para volver a ponerlo de nuevo en su sitio, sobre la encimera de la cocina, entre el microondas y la vitro.
Puede parecer una tontería, pero me gusta pensar que si me puede ver, con este trasiego de mortero las últimas semanas, sonríe y se alegra de que no deje que se guarde su recuerdo.
Podría decirle a mi madrina que no lo guarde nunca más, pero moverlo de sitio una vez a la semana no es para tanto…….  
¿O no?