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miércoles, 2 de marzo de 2016

'Al otro lado.'

Como en la canción de Los Secretos hoy la vi.


Caminaba apresurado con el tiempo justo por un bulevar de Murcia, cuando por no ser capaz de resistirme a frenar unos instantes para curiosear por los puestos de libros ambulantes, me pareció ver a punto de cruzarse conmigo a la que hace casi dos décadas fue una gran amiga.


La combinación de incredulidad, prisas, y recuerdos adormecidos luchando por salir, hizo que la certeza de que era ella llegara a dos metros tras cruzarme. No sé si me vio, pero en décimas de segundo recordé cómo demasiados años atrás formó parte esencial de una historia que sucedería entre otra de sus amigas del alma y yo. El tiempo quiso que las perdiera a las dos de golpe.


Iba con carricoche, así que me alegré y al volver a mirar, pude reconocer a la chica que iba a su lado, en paralelo con otro carricoche. Reconocí la melena y entonces, aunque alejándose de espalda, la vi.


Y aunque desde mi juventud siempre me he preguntado si el lenguaje de los sentimientos nos cambia, por permitirnos actuar en un ejercicio de autoconsciencia sobre lo que sentimos, hoy no tuve palabras para describir el extraño vacío que, en algún punto indeterminado entre una alegría pálida y una tristeza sofocada por el paso de los años, me invadió.


Siempre pensé que en un juego imaginario de pañuelos de sentimientos, los melancólicos que conocieran la palabra se lo llevarían siempre ante la mirada incrédula de quienes, por no tener esa suerte, lo perderían pese a haberlo rozado entre los dedos.


Hoy perdí mi pañuelo, hoy estuve al otro lado….



domingo, 27 de septiembre de 2015

'Se vende Mi ilusión, nº 6.'




    Tras mi habitual lectura de la prensa dominical en el chiringuito regresaba para comer caminando a casa por la avenida del Marqués de Rozalejo, personaje histórico del que (todavía) no sé nada pero sobre el cual comienzo a sentir curiosidad. Tal como la podéis imaginar, se trata de la típica calle amplia de urbanización playera, en este caso perpendicular a la costa, con mediana central, palmeras a ambos lados y un carril bici que va pasando de uno a otro, del cual estoy muy agradecido por facilitar la experiencia de mimetizarme con la mayoría de extranjeros residentes cuando me desplazo sobre dos ruedas.


    Pero por mucho que me guste sentir el viento en la cara a la vez que pedaleo y me cambio de acera acompañando al carril bici, las cosas interesantes ocurren casi siempre a menor velocidad, concretamente a la de mis pies. Es entonces cuando se me aparecen detalles desconocidos en fachadas de colores y jardines de la multitud de dúplex y apartamentos diseñados en su momento sin ningún tipo de orden ni concierto con respecto a los preexistentes.


    No suele ser extraño encontrar cualquier tipo de cartelería con variopintos mensajes, multitud de nombres de villa descoloridos por el sol, e incluso alguna muestra de algo a caballo entre arte urbano, un espantapájaros contemporáneo, o (quién sabe) el pasatiempo de unos chavales que decidieron adornar su jardín con una vieja bici de paseo puesta del revés de la que colgaron adornos multicolores y alguna botella de agua sobre la  que se reflejan los mismos rayos de luz que hacen guiñar los ojos en las fachadas blancas.

   La casualidad hizo que a mitad de mi paseo acabara mi penúltimo sueño despierto delante de una vivienda de dos (quizás tres) plantas llamada 'Mi ilusión', y que al levantar la vista encontrara en la planta de arriba un cartel informando de su venta.

    No he podido evitar volver a casa pensando en el vendedor, los motivos por lo que quería desprenderse de su ilusión, si pudo dar allí al menos parte de los besos y abrazos con los que soñó, si disfrutó mucho (como yo) de los atardeceres del Mar Menor, o si tuvo con quien compartir una taza de café caliente alguna tarde de lluvia....


viernes, 27 de marzo de 2015

'Noches de radio.'

          Nunca me sentiré lo suficientemente agradecido por saber apreciar y apasionarme a diario con esas pequeñas cosas inmateriales. Así, a lo largo de mis distintas etapas vitales, sin prisa ni pausa, siempre he intentado construirme una rutina rica en contrastes y matices en la que sentirme cómodo. En la última que me ha tocado vivir y va ya para siete años, la radio ha adquirido un papel importante por acompañarme tanto en mis cien kilómetros diarios que hago como mínimo para ir a trabajar, como en mis ratos libres entre noches y fines de semana.


Como cualquier persona, en este mundo cambiante no sé que me deparará incluso el futuro más inmediato, pero siempre guardaré con especial cariño esos paseos nocturnos por un paseo marítimo solitario de Los Narejos en pleno invierno, en los que bien abrigado y siempre en compañía de mi programa de radio favorito, caminaba durante una hora disfrutando intensamente del relax de saber el día vencido.


No recuerdo exactamente el momento en que descubrí ´La Brújula.’ en Onda Cero, pero supongo que me quedé maravillado desde el primer momento en que escuché los monólogos de Carlos Alsina a las 20.00h comenzando su programa.  Sin renunciar al humor (cuando procedía) con una exquisita combinación de suspicacia, diplomacia y brillantez, me facilitaba un breve resumen de una jornada de la que hasta ese momento desconocía la actualidad informativa. Generalmente me encontraba en el coche, o muchas veces ni podía hacerlo por seguir en la oficina, pero a lo que siempre he intentado no renunciar ha sido a escuchar al menos un par de veces por semana su tertulia de economía de las 21:00 durante mis paseos nocturnos playeros.


Hace un par de semanas me enteré por la prensa de que dejaba el programa para presentar en la misma cadena el de las mañanas, y la casualidad ha querido que oyera en el coche (como no podía ser de otra manera) su monólogo de despedida que daba comienzo a su última edición de ‘La Brújula.’ tras diez años desde que comenzó a presentarlo. Verdaderamente brillante y emotivo, a la vez que lo escuchaba animado por sus palabras no he podido evitar echar la vista atrás y recordar mi última década, sin olvidar como ha cambiado tanto el mundo como sobre todo nuestro país en estos años.


            En fin, no me quiero poner sensiblero ni rollero, iba para tres líneas y al final he retrasado lo que muy agradecido me gustaría compartir, que es el enlace tanto al audio como escrito  de ese último monólogo vespertino plagado de talento de una gran persona que comienza una nueva etapa y a la que le va ir fenomenal.  


Espero que lo disfrutéis.
 





martes, 10 de marzo de 2015

80 / 20



Son muchos los motivos por los que me apasiona un taller de escritura de relatos al que asisto desde hace unos meses y que pronto finalizará.


Entre otras cosas, me ha permitido leer una bibliografía selecta escogida con excelente criterio por mi polifacética profe. También coincidir con buenos compañeros con los que analizarla  y, por supuesto, intentar escribir algún relato decente que compartir con ellos a la vez que vamos leyendo los suyos, que están resultando ser magníficos e inspiradores, todo un ejemplo para esforzarme en mejorar.


Además, si hay algo que le agradezco es asignarme fecha, obligándome a poner literalmente el culo en la silla para preparar algo que leer en clase, volviendo a comprobar empíricamente una vez más el ‘Principio de Pareto’, algo que ya había aplicado para orientar esfuerzos en otros ámbitos de mi vida, especialmente el profesional.


Para los que no la conocéis, fue planteada por el sociólogo, filósofo y economista italiano en términos de porcentajes de distribución de la pertenencia del poder y riqueza en la sociedad (afirma que un 20%  ostenta la posesión del 80%). Sin embargo, de forma más amplia, también se puede resumir de manera coloquial en que el 20% de las causas de algo es el responsable del 80% de los efectos.


Así, con la premisa de que conocemos ese reducido grupo de acciones que origina la mayoría de las consecuencias, podemos obtener un rápido rendimiento en cualquier tarea o proyecto que nos propongamos, ya sea profesional o personal.


Si os parece demasiado abstracto, pensad por ejemplo en lo fácil que es perder los primeros kilos siguiendo un régimen alimenticio  adecuado, dejar de fumar la primera semana, o con el conveniente entrenamiento, mejorar los primeros tiempos cuando se empieza a correr….


Una vez que tenemos una mejora rápida obtenida con un rendimiento excelente en base a un esfuerzo correctamente orientado, nos invade la duda propia de cualquier jugador de casino que ha tenido una buena noche:


¿Cuando paramos?


Salvo que seamos unos optimistas irredentos embaucados por la ingente bibliografía de la psicología positiva (que en muchos casos tanto daño ha hecho), conscientes de que tenemos tiempo y talento limitados, comenzaremos a intuir que el camino que nos queda es mucho más complicado y requiere unas ingentes cantidades de esfuerzo.


Entre otras muchas opciones, algo razonable podría ser quedarse en el tramo inicial de casi todo lo que comenzamos obteniendo éxitos moderados a un coste muy razonable, porque así nos sobrará tiempo para encontrar nuestras verdaderas pasiones, aquello por lo que merezca la pena dejarse la piel por el camino para llegar a lo máximo a lo que podamos aspirar.
 
También habrá quien se machaque por igual en todas y cada una de sus metas, sin valorar demasiado los recursos que va consumiendo por el camino, ni la prioridad relativa de sus potenciales logros.


Me imagino que, tarde o temprano, cada persona encontrará su receta.


¿Y tú, la encontraste?
 







domingo, 2 de noviembre de 2014

'Con otra luz.'


Vivir bajo la influencia de un tremendo despiste nos genera a los que los que lo sufrimos bastantes inconvenientes tanto propios como para los nuestros.  

No son pocos los momentos del día en los que tu cabeza por alguna extraña programación neurológica que se me hace inescrutable, desconecta durante un instante y como si de un ordenador se tratara ‘reinicia’ tu ‘sistema operativo’.

Intentando ser algo más poético a esos momentos prefiero llamarles ‘soñar despierto’.

Afortunadamente esas exóticas ausencias también tienen su lado bueno por, al menos en mi caso, percibir con gran riqueza de detalles todo lo que me rodea, pero sobre todo percibir siempre como si fuera la primera vez la belleza de cualquier cosa o lugar aun siendo muy cotidiano.

Supongo que cualquier amante de la fotografía, pintura o poesía sabrá a lo que me refiero.

Esta noche por ejemplo a la vuelta de un paseo nocturno por un paseo marítimo de Los Narejos casi desierto he vuelto a vivir por una de las avenidas principales la extraña sensación de estar inmerso en una fotografía. Fantaseando con el hecho de que sin nadie que observe no hay tiempo que transcurra o suceso que se dé, me encanta disfrutar de esos momentos tan míos.

Pero sin embargo hoy había algo diferente que alteraba sustancialmente la experiencia de deambular por ese instante congelado imaginario.

No he tardado en darme cuenta que han cambiado las luminarias de toda la avenida. Incluso conservando los antiguos báculos, la nueva iluminación LED imprime a todo el vial una luz fría que contrasta con la antigua y cálida iluminación amarilla de todo el paseo.

Como si fuera forastero en mi tierra, tendré que acostumbrarme hasta la primavera…

sábado, 2 de noviembre de 2013

'De butacas solitarias.'


             Dos décadas acaban de cumplir un par de películas completamente diferentes como son ‘Amor a quemarropa.’ y ‘El último gran héroe.’ , pero que parten de una trama común, y es que ambas comienzan con el protagonista yendo al cine solo. No pude verlas en su estreno, pero incluso en casa, reconozco que,  aun sin haberlo experimentado todavía, la idea de visionar pelis solo en las salas, me parecía algo extraño y atractivo a la vez.

Era mi época de instituto en Torre Pacheco y ya entonces enamorado de la gran pantalla, sin carnet de conducir y con la paga semanal como únicos ingresos, tenía ciertas dificultades para trasladarme a las salas de Cartagena con la frecuencia que hubiera deseado.

Como la todos vosotros que me leéis, muchos giros argumentales de todo tipo ha dado mi vida desde entonces, y en los últimos años pienso bastante en los peculiares ingleses y de  si sabrán mucho de soledad, por lo acertado de distinguir entre los adjetivos ‘lonely’ y ‘alone’, siendo el primero aplicable a un estado voluntario, buscado; y el segundo, de alguna manera impuesto, o sobrevenido. Y es que mi vida ha oscilado en los últimos años al ritmo de un  péndulo caprichoso y escurridizo entre ambos, como resortes de un muelle imaginario que me atrae hacia uno cuando se acerca demasiado al otro.

Sin embargo, si hay algo que me ha acompañado siempre entre tanta oscilación, ha sido mi amor por el séptimo arte: como ‘lonely’, he disfrutado muchísimo entre butacas  estrenos de películas de Sofía Coppola, Quentin Tarantino, David Lynch, Isabel Coixet, Woody Allen, Lars von Triers, Julio Medem, Lasse Hallström, Daniel Sánchez Arévalo y un largo etcétera; como ‘alone’, en cambio, son muchas las noches sin plan alguno como la de hoy, en las que prefiero elegir la que menos me disgusta de la cartelera para visionar, a veces con gratas sorpresas, películas de prácticamente cualquier género.

Pero, será por sibarita, o por enamorado de la belleza en general, que no hay sesión sin excepción, en que haga una cuenta atrás mental deseando que el cero coincida con la atenuación y posterior apagado de las luces de la sala, para inmediatamente disfrutar hasta de los tráiler con la emoción de quien disfruta ensimismado de la magia de lo nuevo por primera vez…
 

 

 

sábado, 28 de septiembre de 2013

'Allá donde termina el triste azul......'


-          ‘Os veo muy tranquilos y eso que muy pronto va a cambiar vuestra vida.’
              La verdad es que a base de repetírnoslo nuestra encantadora guía con una solemnidad guasona desde el domingo, no nos costó mucho seguirle el juego entre risas, hasta la madrugada del martes al miércoles, cuando en los alrededores de nuestro precioso albergue de aquel día, quemaríamos nuestros más íntimos deseos en un plato ante la presencia de un tupilak y los haríamos elevarse y danzar en forma de cenizas para ir a fundirse con una bellísima bóveda celeste que en aquellos momentos albergaba una incipiente aurora boreal.
          
       
 
               Quedamos en escribirnos si se cumplían, y consciente de que los frutos de nuestros desvelos llevan su propio ritmo para completarse cuando lo hacen, desde el par de semanas que han transcurrido tras mi regreso de la tierra de fuego y hielo, intento volver a mi rutina, no sin cierta nostalgia de tanta belleza acumulada en mis retinas durante los seis días que recorrí entre risas, asombros y deleites compartidos,  el sur de Islandia en furgoneta en compañía de otros seis excelentes compañeros de viaje recién conocidos, más la inigualable narradora de historias y mitos.


 
Durante aquellos días, comenzaríamos la ruta en la capital Reykjavík, llegando hasta Hornafjörður por una carretera nº 1 mágicamente desierta que circunvala la isla, para volver por el interior visitando tierras altas (con algunas de las rutas de senderismo más bellas del planeta) atravesando ríos y a través de pistas solamente transitables en verano. Además y aunque poco cómodo a veces, tuvo cierto encanto dormir cada día en un  hostal o albergue distinto con el valor añadido de echar una mano como pinches a nuestra también excelente cocinera-guía preparando cenas, alguna de las cuales tuvimos que iluminar con velas.
 
 
  Disfrutamos intensamente cada momento pero sin embargo, al menos yo tuve la sensación de estirar muchísimo los días, tal vez por la ausencia de prisas o lo innecesario del reloj.  Y es que en la tierra de los elfos,  los otros hijos invisibles de Adán y Eva, el tiempo late con ritmo propio, y la mayor parte del día un azul grisáceo melancólico,  mece y envuelve unos paisajes marcados por la tremenda pureza con la que se presentan los cuatro elementos, dando lugar a acantilados ( como los de la reserva natural de Dyrhólaey) y montañas de formas imposibles, cadenas interminables de cascadas con caprichosos arco iris (río Skógar), glaciares (Vatnajökull) e icebergs (lago Jökulsárlón) de un hipnótico y profundo azul, pero a la vez tenidos de una ceniza que recuerda la no tan lejana ira de sus volcanes ( hace poco más de tres años de la erupción del Eyjafjallajökull), y por supuesto de los geisers y aguas termales (Landmannalugar) en torno a las cuales tras conducirlas a piscinas exteriores, se estructura la vida social de los islandeses (y la nuestra entre cervecitas cuando la impredecible lluvia nos impedía realizar cualquier actividad).
 
 
 
 
 
 
 
 
Con este viaje he cumplido uno de mis sueños, y  de la misma manera que de pequeño me gustaba vencer mis miedos corriendo a oscuras  por el que entonces se me antojaba largo pasilllo de mi hogar familiar, es ahora cuando tras la zozobra inicial me animo a contratar viajes solo por Europa, y al poco de llegar y conocer a mis cada vez nuevos compañeros, me siento muy afortunado, alegre de haberme decidido, y enseguida percibo tras el primer café o la primera cerveza, verdadera afinidad, una cierta calidez, algo parecido a la amistad….

 
 
Allá donde termina el triste azul, susúrrame un silencio…..
 
 

P.D. Gracias Asun de nuevo por las fotos.
P.P.D. El año que viene..... ¡Groenlandia!

 

domingo, 7 de julio de 2013

'En las nubes...'


Me da algo de pena que una de mis palabras favoritas, como es ‘pareidolia’ no esté recogida en el DRAE, y es que me parece un término interesante tanto en su escritura, como pronunciación y desde luego, por su significado.

En esencia y resumiendo, vendría a ser el fenómeno psicológico mediante el cual reconocemos formas y patrones  ante estímulos visuales vagos. Ejemplos conocidos podrían ser las formas reconocidas en nubes, tostadas, árboles, y en definitiva en un sinfín de objetos.

Antropológicamente parece ser que tenía la finalidad de protegernos de depredadores y otros peligros. Supongo que tiene su lógica, si crees reconocer la forma de un león en un matorral y te alejas, tal vez estés salvando tu vida, aunque el precio a pagar por ello sea privarte la mayoría de las veces de experiencias que lejos de ser peligrosas tal vez resultaran muy enriquecedoras. Actualmente, aun con vidas en términos generales mucho más seguras, seguimos viendo muchas formas donde no las hay, cada uno con el filtro de nuestra cultura y cómo no, de nuestras expectativas.

Incluso los que siendo algo sibaritas somos capaces de disfrutar encontrando la belleza hasta  en los más pequeños detalles (no puedo dejar de acordarme de ‘Amelie.’), además de formas, creemos o deseamos ver señales, la mayoría de las veces como resultado de una conjunción cósmica, que (ya puestos) esperamos nos sea favorable. Y es que un poco de autoengaño de vez en cuando tampoco viene mal.

En estas historias ando yo últimamente, que trato de  rebelarme ante una gran carga de trabajo, y en el intento de disfrutar intensamente el escaso tiempo libre que me queda, no dejo de recibir mensajes y señales hacia una ‘slow life.’, ya sea intercambiando impresiones con personas recién conocidas en sesiones de coaching grupales, reencontrándome casualmente con viejos amigos a los que hacía años que no veía, encontrando reseñas bibliográficas por la red como ‘Conversaciones con mi gata.' ó incluso leyendo las simpáticas camisetas de los camareros del chiringuito al que asisto casi como a una segunda residencia (*).

Desconozco si conseguiré algún día organizarme mejor la vida, de manera que tengan cabida tantas y tantas inquietudes personales como albergo, pero mientras tanto iré a reflexionar caña en mano a mi chiringuito de cabecera.

Si no nos vemos por aquí en un tiempo….. ¡Feliz verano!

 


lunes, 24 de junio de 2013

'De sudores fríos y soledades compartidas.'


                 Como la fina piel de una cebolla que cede ante la presión de algún pulgar dubitativo, la atmósfera se deja dominar en el estío por los anticiclones, de manera que durante semanas las predicciones meteorológicas se hacen relativamente monótonas.

                Si te gusta caminar, hacerlo  por localidades playeras puede ser francamente agradable: además del precioso reflejo del sol en las olas, contemplas mosaicos de sombrillas de variados colores y una incesante muchedumbre invade playa, chiringuitos y  el propio paseo marítimo otrora solitario y melancólico.

                Bien hidratado y protegido del sol, tras unos veinte minutos de adaptación, las sensaciones de caminar con paso rápido son francamente agradables, especialmente si a una adecuada respiración le acompaña buena música.

                Sin embargo, cuando más calor hace y más tonificadas sientes las articulaciones, al acompañar al paseo en alguno de su quiebros, una leve brisa  es capaz de helarte el sudor y hacerte sentir extraño por experimentar un escalofrío que te aleja completamente del momento en el que vives, buscando sin éxito entre una multitud de gente alguien que parezca haber notado algo mínimamente parecido. O dicho de una manera, durante unos instantes eternos te sientes verdaderamente solo en medio de una enorme masa imbuida en su incesante rutina.

                Dicen algunos  de los que hablan de la interpretación de los sueños que quienes sueñan con volar, escapan de una realidad que les pesa hacia donde reside su felicidad, pero desconozco qué teorías desarrollan para los que lo hacemos despiertos, al dejar nuestra mente volar mientras reflexionamos sobre temas que nos apasionan.

                Y es que las nuevas tecnologías, especialmente la red, hacen accesibles a una inmensa mayoría temas como por ejemplo nuevas tendencias sociales (*), económicas, o incluso extrapolaciones tecnológicas para el futuro, potenciando a la vez que una gran cantidad de minorías se reúnan en torno a intereses comunes alejando la sensación de incomunicación manifiesta, especialmente entre los de núcleos de poblaciones pequeños.

                Quién sabe, tal vez no volvamos a sentir frío en pleno verano.

martes, 25 de septiembre de 2012

''De lo particular al profundo azul.''

El tiempo de espera había merecido la pena, la reconstrucción casi integral de la vivienda había sido un éxito, pensaba su acaudalado propietario mientras miraba orgulloso los últimos retoques de las obras bajo la calidez de las últimas horas de una tarde cercana al verano.
Hasta el mosaico de la entrada que advertía de la presencia de su perro (al dibujo del animal se añadía la inscripción ‘Cave canem.’) no desmerecía tanto la esmerada ejecución de las obras como la calidad artística de los frescos que superpuestos a los antiguos, componían su nueva decoración.
Un pensamiento fugaz similar debió compartir algún vecino al pasar por su calle y contemplarlas mientras vacilaba entre emplear el resto de la tarde y las primeras horas de la noche en algún thermopolium  bebiendo vino con sus amigos o quizás en el lupanar retozando con alguna esclava, en ambos casos a su salida de las termas.
Aquellos pompeyanos superaron con éxito un terrible terremoto ajenos a la gran tragedia que en poco más de década y media les sepultaría junto a su ciudad durante casi diecisiete siglos y a que casi veinte más tarde, turistas de prácticamente todos los rincones del planeta pasearíamos por sus calles, visitaríamos libremente sus viviendas, sus edificios públicos, plazas, teatros, y en definitiva, sus vidas.
Ya en nuestros días, me gusta imaginar que probablemente hace unos meses, quizás al comienzo de la primavera, un muchacho desgarbado se jugaba de la vida dejando tirada su vieja vespa quizás heredada de su hermano mayor, en el escaso arcén de una de la numerosas curvas robadas a los bellísimos acantilados de la famosa carretera estatal 163 que recorre la ‘Costiera Amalfitana’, para escribir en la calzada raudo un grafiti (‘Francesca ti amo. By Nicola’), jugándose la vida ante un  posible atropello por un conductor de autobús como el nuestro en su ruta diaria, antes de llegar a Positano, camino de Amalfi, tal vez también desde Sorrento.
Como amante de la buena mesa, tampoco me cuesta visualizar cortando tomates para las bruschettas y metiendo cervezas en la cámara frigorífica a la abnegada cocinera y tal vez propietaria del albergue situado junto a la cumbre del monte Epomeo, en Isquia, un par de horas antes de que a sedientos senderistas como nosotros nos asaltara la tremenda duda de continuar ascendiendo escasos metros más para poder contemplar las magníficas vistas de la totalidad de la isla o directamente pasar a las allí también llamadas birras desde las casi igualmente incomparables perspectivas de la terraza del precioso refugio.
Tras esa inolvidable jornada  disfrutando la vuelta desde la cubierta del ferry, aquella misma noche casi me jugaría el tipo ante las miradas expectantes de mi compañeras de viaje paseando una noche por la principal vía comercial de Sorrento camino del local cuyo propietario con más aspecto de diseñador de moda que de artesano heladero, ofrecía productos con una calidad y variedad digna del Guinness.
Animado por el vino blanco fresquito de la cena se me ocurrió decirles  que: ‘Hay quien dice por ahí que las mujeres sois más analíticas, de preocuparos por lo particular, por el detalle, mientras los hombres somos más sintéticos, de pensar en ideas generales…’
¿Tendrían razón los tal vez psicólogos, o quizás neurólogos de quien hace tiempo leyera aquello? ¿O por el contrario serían justificadas las miradas tensas que alguna me echó?
No sabría decirlo, muchas veces me parece que sí.
Aunque un par de tardes antes, al navegar en una barquita guiñando un poco los ojos para que los rayos de luz del atardecer que lograban superar los preciosos acantilados de la isla de Capri no me impidieran contemplar unas aguas de un profundo y luminoso azul como no había visto en mi vida, durante los escasos minutos previos a mi zambullida desde la embarcación, os puedo asegurar que como tantas otras cosas, en una tregua con mi mente, por unos momentos no me  importaba lo más mínimo….



Saludos.

viernes, 14 de octubre de 2011

'Manchando lienzos, buscando faros.'

Hay quien dice que lo que realmente nos cuesta de elegir una entre varias opciones no es estar seguros de que es la que realmente queremos, sino renunciar a las otras que dejamos atrás...
                Yo no sé si eso es cierto, pero a lo largo de mi vida me ha tocado contemplar más de una vez como mi primera opción se desmoronaba, y tras un periodo de desconcierto inicial, intentar pensar que no era tan malo volver hacia aquello que voluntariamente había descartado antes……
Vivir durante una temporada más o menos larga mi particular ’Plan B’, me ha hecho, salvo algún año ‘raro’, ir anotando en un cuaderno mental, esas cosas que siempre quise hacer, y que por estudios, trabajo, circunstancias personales, e incluso pereza, tenía pospuestas sin fecha…
Y puestos a hablar de fechas, dicen también por ahí que cuando a los sueños e ilusiones se les pone fecha, se llaman objetivos, y para mí uno de ellos este curso escolar que ahora comienza podría llamarse ‘manchar lienzos buscando faros’, o lo que es lo mismo, recibir clases de pintura en una vieja cochera de San Javier los viernes por la tarde.
Como no podía ser de otra manera para alguien como yo (cuyos días deberían tener 27 horas por lo menos), he llegado tarde, pues fiel a mis principios, no he renunciado a mi vermú de los viernes mediodía con mis compis del curro, ni a mi siestecica en tierras galileas.
Estresado antes de entrar y cargado de pinceles y óleos de los chinos, pero sin caballete ni paleta,  he llegado a la cochera de mi profe, y una vez que este paciente hombre ha completado mi equipo, me he enfrentado a mi primer lienzo en blanco, en el que me gustaría conseguir un borrón parecido a la fotografía que os adjunto del Faro de Cabo de la Roca.
La verdad es que la primera tarde no ha ido mal. En primer lugar he dibujado a lápiz las líneas principales; y el resto del tiempo lo he dedicado a los colores base de prado y cielo, con cierto complejo de daltónico. En general, al igual que cuando comienzas a conducir(o incluso a bucear), en tus primeras prácticas estás más pendiente de tus propias reacciones ante lo que haces, que de lo que realmente haces.
Pero en cualquier caso, como ilusión no me falta, y no tengo prisa ninguna, sé que voy a disfrutar mucho los viernes de este curso, y ya estoy elaborando mentalmente una ‘playlist' adecuada para estas clases, en la que, de momento, no faltarán Portishead, Radiohead o Sigur Rós…
Entretanto los chinos se frotan las manos….
Saludos.
Santi.