Mostrando entradas con la etiqueta ingeniería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ingeniería. Mostrar todas las entradas

martes, 10 de marzo de 2015

80 / 20



Son muchos los motivos por los que me apasiona un taller de escritura de relatos al que asisto desde hace unos meses y que pronto finalizará.


Entre otras cosas, me ha permitido leer una bibliografía selecta escogida con excelente criterio por mi polifacética profe. También coincidir con buenos compañeros con los que analizarla  y, por supuesto, intentar escribir algún relato decente que compartir con ellos a la vez que vamos leyendo los suyos, que están resultando ser magníficos e inspiradores, todo un ejemplo para esforzarme en mejorar.


Además, si hay algo que le agradezco es asignarme fecha, obligándome a poner literalmente el culo en la silla para preparar algo que leer en clase, volviendo a comprobar empíricamente una vez más el ‘Principio de Pareto’, algo que ya había aplicado para orientar esfuerzos en otros ámbitos de mi vida, especialmente el profesional.


Para los que no la conocéis, fue planteada por el sociólogo, filósofo y economista italiano en términos de porcentajes de distribución de la pertenencia del poder y riqueza en la sociedad (afirma que un 20%  ostenta la posesión del 80%). Sin embargo, de forma más amplia, también se puede resumir de manera coloquial en que el 20% de las causas de algo es el responsable del 80% de los efectos.


Así, con la premisa de que conocemos ese reducido grupo de acciones que origina la mayoría de las consecuencias, podemos obtener un rápido rendimiento en cualquier tarea o proyecto que nos propongamos, ya sea profesional o personal.


Si os parece demasiado abstracto, pensad por ejemplo en lo fácil que es perder los primeros kilos siguiendo un régimen alimenticio  adecuado, dejar de fumar la primera semana, o con el conveniente entrenamiento, mejorar los primeros tiempos cuando se empieza a correr….


Una vez que tenemos una mejora rápida obtenida con un rendimiento excelente en base a un esfuerzo correctamente orientado, nos invade la duda propia de cualquier jugador de casino que ha tenido una buena noche:


¿Cuando paramos?


Salvo que seamos unos optimistas irredentos embaucados por la ingente bibliografía de la psicología positiva (que en muchos casos tanto daño ha hecho), conscientes de que tenemos tiempo y talento limitados, comenzaremos a intuir que el camino que nos queda es mucho más complicado y requiere unas ingentes cantidades de esfuerzo.


Entre otras muchas opciones, algo razonable podría ser quedarse en el tramo inicial de casi todo lo que comenzamos obteniendo éxitos moderados a un coste muy razonable, porque así nos sobrará tiempo para encontrar nuestras verdaderas pasiones, aquello por lo que merezca la pena dejarse la piel por el camino para llegar a lo máximo a lo que podamos aspirar.
 
También habrá quien se machaque por igual en todas y cada una de sus metas, sin valorar demasiado los recursos que va consumiendo por el camino, ni la prioridad relativa de sus potenciales logros.


Me imagino que, tarde o temprano, cada persona encontrará su receta.


¿Y tú, la encontraste?
 







domingo, 31 de agosto de 2014

'Agárrate que vienen curvas.'

             Con el paso de los años, nunca terminas de estar seguro de si esta actitud vital de vivir analizándolo todo es un premio o un castigo, pero al final terminas dándote cuenta de que es inútil imaginarte sin hacerlo porque con la pérdida de algo tan íntimo,  serías entonces otra persona.
           
En mi época de estudiante, esta forma de ser tenía sus ventajas, por ser mucho más fácil asimilar algo que has entendido aunque fuera incluso bibliografía técnica. Me viene a la memoria por ejemplo, que en la normativa para el diseño de carreteras te limitaban la longitud máxima de las rectas a intercalar entre las inevitables curvas, y también la relación entre los radios consecutivos de éstas últimas. Me resultaba entonces mucho más fácil para memorizar que se debían evitar las rectas largas para que el conductor no redujera su nivel de atención ante la conducción y que, intercalar después de forma súbita una curva cerrada (de pequeño radio) sin antes pasar por una más amplia, como si de un garrote de caramelo se tratase, podía aumentar sensiblemente la accidentalidad creando un punto negro.
           
Viviendo en un permanente (y muchas veces involuntario) escrutinio de todo lo que te rodea resulta difícil aburrirte, pero si incluso la apasionante y a la vez dramática época de cambio que nos toca vivir no resulta suficiente, siempre está ahí el eterno comodín de la especulación sobre el futuro, cuestión muy interesante además de para reflexionar sobre ella, también para compartir unas cervezas.
           
Normalmente lo que ocurre al tratar este tema con amigos soñadores como los lectores de este blog, surge una tormenta de ideas aparentemente inconexas o contrapuestas, que en medio de una animada charla no siempre es fácil conectar o reconducir, algo que sin embargo resulta más fácil por escrito.
           
Al hablar el progreso, la cuestión estrella, hay un consenso generalizado acerca de que estamos en el mejor momento de la historia de la humanidad, por tener acceso a productos y servicios (sanitarios, educacionales o asistenciales), que han hecho que se haya duplicado la esperanza de vida en el último siglo y que siga aumentando a un ritmo de dos años y medio por década. También en contra de la intuición, parece ser que estamos viviendo la época con los índices de violencia en mínimos absolutos. Puede parecer un contrasentido esto que afirmo, no ya por la inevitable comparación entre países desarrollados y el resto, sino incluso en nuestro propio país, donde parece que día a día  aumentan las desigualdades sociales; y sin embargo no son en absoluto hechos incompatibles.
           
Imaginad a dos coches recorriendo una carretera diseñada con las pautas generales que os he comentado antes, con rectas no demasiado largas, y curvas de diversos radios que aumentan o disminuyen gradualmente; el primero de ellos es relativamente nuevo y potente, además de ir cargado de combustible, mientras que el segundo es viejo, de prestaciones convencionales y además no va sobrado de combustible. A priori, ambos coches avanzan en una marcha a distintas velocidades, por lo que inevitablemente la distancia entre ellos es variable,  y aumenta especialmente en las curvas, donde al motor del segundo por su menor potencia y carga de combustible le cuesta más obtener potencia extra para salir de la curva; por el contrario en alguna de las rectas, algunas veces el segundo vehículo puede recuperar algo de la distancia perdida frente al primero. No cuesta demasiado extrapolar el primer coche a las naciones o colectivos ricos y desarrollados, el segundo al resto de colectivos, las rectas a los periodos de paz y crecimiento económico, y  finalmente las curvas a las crisis.
           
Incluso con una visión tan simplificada del progreso, es inevitable pensar en qué se basa, lo que conduce indefectiblemente a pensar en materias primas procedentes de la minería, en las áreas cultivables a nivel mundial, las destinadas a la ganadería, y en última instancia, al consumo de energía global. Es entonces cuando a nadie se le escapa que no se puede sostener un crecimiento indefinido basado en recursos claramente finitos. No pretendo escribir aquí una entrada apocalíptica, pero al menos sí sembrar la duda acerca de si el modelo capitalista basado en un consumismo desaforado es sostenible. Los defensores del modelo actual argumentan que siempre habrá un salto tecnológico que aumente increíblemente la eficiencia en el uso de los recursos, pero aunque no me cabe duda de que la tecnología conseguirá logros increíbles a día de hoy en las próximas décadas en campos como la nanotecnología, la ingeniería genética y la inteligencia artificial, tal vez alguno de ellos llegue tarde, de manera que antes de llegar a disfrutar de la increíble calidad de vida que nos proporcionarán, muchos coches como el segundo del ejemplo se quedan tirados en unas imaginarias curvas cada vez más cerradas.
           
Continuando con mis especulaciones, también me planteo cuestiones como que incluso sin conocer los límites del planeta, si la población mundial se ha duplicado desde 1970 hasta ahora, dudo que fuera sostenible sea posible que lo volviera a hacer en los próximos cuarenta años. En este sentido, soy consciente de que la evolución demográfica mundial es la agregación de las de los distintos continentes, que son absolutamente dispares en este sentido, pues nada tiene que ver una cada vez más envejecida Europa con Latinoamérica ó África, así como de existen países con grandes tasa de crecimiento y otros como China con una política demográfica muy estricta. No obstante, la tendencia actual, aun con cierto ralentizamiento, es de continuar creciendo.

Por todo esto que os comento, no me cuesta imaginarme un futuro próximo con aumento de presión migratoria (con el consiguiente mestizaje) tanto entre distintos continentes como entre países cercanos debida a esta crisis actual que parece que vaya a hacerse endémica, causando muchas tensiones sociales y xenofobia debidas a las dispares interpretaciones  de diversos colectivos en cada país sobre el aumento de las desigualdades, con el consiguiente surgimiento de partidos políticos en ambos extremos del espectro político. Esto tal vez ocasione entre otras cosas, que ante el dilema moral de los gobernantes entre seguridad colectiva y libertad individual, termine ganando la primera, con las inevitables consecuencias sociológicas que ello tendrá, entre ellas reforzando la actual tendencia de que la forma de relacionarnos se base cada vez más en la tecnología frente a los encuentros reales. Tampoco me cuesta imaginar el aumento de las crisis entre las relaciones de los países del primer mundo por el control de las fuentes de energía, aunque la versión oficial para los medios sea que las causas de estas crisis siempre sean cuestiones éticas apelando a la solidaridad entre los pueblos. Visto así, hasta futuras grandes guerras no parecen descartables como un motor más (junto a las catástrofes naturales, la obsolescencia programada, o hacer creer a los consumidores que tienen necesidades materiales muy por encima de las que realmente tienen)  de un sistema capitalista que necesita destruir bienes prácticamente a la misma velocidad que los crea, para seguir vendiendo otros nuevos que los sustituyan.

Así, siempre termino elucubrando si el futuro que nos espera será como las carreteras que me enseñaron a diseñar, o  si por el contrario, tras la última recta larga de más, la próxima curva será muy cerrada como aquel garrote de caramelo, que esta vez sería de todo menos dulce. 


           





lunes, 18 de noviembre de 2013

'De grifos abiertos y patadas a la piedra.'


                A menos que esté fuera de la Región, tras una intensa semana laboral en Murcia, los fines de semana me gusta salir a pasear por la playa con la compañía de algún programa de radio.

Hace unos días, por ejemplo, sintonizaba ‘Te doy mi palabra.’ de Isabel Gemio en Onda Cero, cuando a mitad de entrevista a José Luis Garci (con motivo de la publicación de su último libro sobre cine descubriría después), y en un determinado momento afirmaba algo así como ‘Las crisis ocurren cuando lo viejo no termina de irse y lo nuevo no termina de llegar.’

Hablando también de crisis, hace un par de semanas, esta vez en televisión, en el programa ‘Salvados.’, Arturo Pérez Reverte con cierta resignación afirmaba ante Jordi Évole que ‘lo más triste es que deseamos que pase esta crisis para volver a hacer lo mismo que la causó’.

Me parecieron interesantes ambas afirmaciones, especialmente la segunda que remarcaba el carácter cíclico de los vaivenes de la economía (como conjunto de decisiones de la sociedad). Así vivimos en el contexto de una economía siempre en constante cambio, y que si alguna vez parece estar equilibrada lo es por el equilibrio puntual e inestable del comportamiento macroeconómico de las variables más importantes (PIB de un país y sus componentes, tasa de empleo, inflación, tipos de interés, etc) , como el de un lavabo en el que se deja un grifo abierto y por el sumidero desagua exactamente las misma cantidad  de agua que la del chorro que pretende hacerlo rebosar.

Precisamente esta analogía entre comportamiento de una economía y un circuito hidráulico sirvió de base para que el economista neozelandés William Phillips inventara en 1949 un ordenador hidráulico (MONIAC), que en definitiva consistía en un entramado de tuberías y vasos transparentes por el que el agua, que representaba el dinero, debía circular. El circuito comenzaba con la emisión de dinero del Tesoro, y a lo largo de una red de bifurcaciones, con otros depósitos y válvulas y bombas, se iban simulando los efectos de importaciones, exportaciones, impuestos, inversiones ahorro, superávit, déficit etc. Se pretendía conocer con anticipación cualquier efecto en la economía de la alteración de alguna de las variables citadas, intentando evitar que el sistema se secase o encharcase. Con independencia de que la economía tiene un comportamiento de una complejidad muy superior a la que dicho ordenador conseguía representar, hay que reconocer que el invento resultaba tremendamente ingenioso y pedagógico, por lo que me encantó poder contemplar en su momento una de los escasas máquinas  fabricadas en el Museo de la Ciencia de Londres.
Máquina MONIAC exhibida en el
Reserve Bank of New Zealand (Fuente: Wikipedia.)

Así que pensando en los flujos económicos como caudales de líquidos que llenan recipientes, se me hace extraño entender una economía como la nuestra, en la que se da por sobreentendido que (representada por el PIB como variable fundamental) tiene que crecer indefinidamente para que las cosas vayan razonablemente bien, siendo por ejemplo ahora mismo una de las mayores preocupaciones sobre la economía de nuestro país discernir cuánto tiene que crecer para generar empleo: que si un 1,5%, o tal vez un 2,5%,…; quién sabe.

En primer lugar, para crecer constantemente de manera indefinida ( en un mundo en el que además cada vez somos más) , se intuye que como poco (a igualdad de precios), hay que consumir (destruir) al menos a la misma velocidad que se crea. Aquí entrarían en juego la obsolescencia programada de infinidad de bienes producidos, el marketing para estimular las motivaciones de compra de muchos productos que en sentido estricto o no necesitamos o vienen a sustituir a otros aun útiles y en última instancia, la capacidad destructiva de los siempre indeseables desastres naturales y las temidas guerras.

En segundo lugar, nunca hay que olvidar que no se cuenta con recursos ilimitados que respalden indefinidamente dicho crecimiento, en particular el (tan estrechamente ligado al PIB) consumo de energía, y otros factores limitantes como la capacidad del planeta para absorber la contaminación generada por la actividad económica humana, o la superficie cultivable, entre otros…

Bajo esta premisa de razonamiento que cuestionaba la posibilidad de un crecimiento ilimitado basado en recursos limitados, en 1968 se fundó el Club de Roma en dicha ciudad, una asociación de tipo ONG integrada por políticos y científicos. Esta asociación prácticamente desde sus orígenes es mundialmente conocida por haber encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) el célebre informe ‘Los límites al crecimiento.’ publicado por primera vez en 1972, y que desde entonces ha sido motivo de revisiones aproximadamente decenales. Para elaborarlo se utilizó una técnica llamada Dinámica de Sistemas, que a través de un programa informático específico (World3) realizó diversas simulaciones, obteniendo la siguiente conclusión principal:

              ‘Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años.’ (Fuente: Wikipedia).

                Como os podréis imaginar, algunos de los escenarios que contempla no son muy atractivos, pues habla de agotamiento de recursos naturales, seguido de un colapso de producción agrícola e industrial y un brusco decrecimiento de la población humana. Lógicamente desde su publicación han generado no pocas controversias, siendo las principales críticas que no tiene en cuenta los efectos favorables de nuevas tecnologías que puedan aparecer hasta entonces. También se les acusa de haber manipulado datos para obtener tan catastrófico resultados. En cualquier caso no se puede negar que más allá de la precisión de sus terribles predicciones, tratan de alertar sobre peligros relativamente inminentes, y aportan posibles soluciones constructivas en la búsqueda de un futuro mejor a largo plazo.

                En mi opinión (a nivel de barra de bar), qué duda cabe de que en las próximas décadas se van a desarrollar espectaculares avances tecnológicos en las áreas de ingeniería genética, nanotecnología e inteligencia artificial, que van a alterar sustancialmente la forma de  alimentarnos, sanarnos, educarnos y relacionarnos. También llegarán la fusión nuclear como fuente de energía y se desarrollarán muchísimo las renovables: la cuestión es si estos avances llegarán a tiempo como la mano amiga que salva del precipicio al escalador protagonista de la película en el último minuto.

                Mientras  tanto, en vez de esperar a esos desarrollos, y seguir con el mismo modelo económico como el que paseando se encuentra una piedra y le da una patada  a sabiendas de que se la volverá a encontrar unos metros más adelante… 

¿No sería mejor comenzar a plantearnos modelos económicos alternativos, más austeros y sostenibles?

domingo, 3 de noviembre de 2013

'De planos coloreados y programas que no vi.'


No hace mucho emitían en una cadena una serie que nunca vi de la que sólo recuerdo su título: ‘El Noble Oficio de la Construcción’. Supongo que sabría de su existencia por algún anuncio  o quizás una breve reseña en la guía de programación del periódico.

El caso es que se refería a mi profesión, y sonaba bien en mi mente llamarla noble, porque como a quien más o a quien menos, me gusta saber que me gano la vida aportando mi pequeña contribución a la sociedad, siempre intentando dar lo mejor de mí. Además, todo hay que decirlo, me enorgullece que en nuestro sector, constructoras e ingenierías españolas estén a la vanguardia a nivel mundial, aún a pesar de lidiar en casa con una crisis sin precedentes, tanto en la edificación residencial como en el conjunto de inversiones en obras públicas.

Os adelanto todo esto porque sin incidir demasiado en los entresijos de la construcción, como os podréis imaginar, en el día a día de la profesión pese a la gran cantidad de imprevistos, contratiempos y dificultades de todo tipo (muchas veces causadas por esta peculiar idiosincrasia patria), resulta tremendamente gratificante ver crecer día a día cualquier proyecto pasando del papel a la realidad.

Recuerdo  por ello con mucho cariño cuando, como jefe de obra, te daban tus jefes un proyecto y tras una revisión preliminar rápida en la pantalla de tu ordenador, te ibas imprimiendo un juego personalizado de planos, en los que ibas anotando con una amplia gama de colores todas tus impresiones iniciales, dudas, revisiones de textos y acotaciones, consiguiendo con ello la doble tarea de hacerte una imagen mental precisa de la obra terminada y a la vez de sentir tuya  la ilusión por construirla.

Emociones similares sentías posteriormente, al realizar una programación precisa de los trabajos a realizar, obligándote a la vez con tu empresa y contigo mismo a cumplir (y si es posible mejorar) tanto los costes y plazos parciales de las distintas fases de la obra como los totales previstos.

Y es que, esto es importante, cuando a los sueños se le ponen fechas pasan a llamarse objetivos, así que de alguna manera todo lo que he aprendido en los últimos años en mi profesión sobre esta forma de trabajar por proyectos es tremendamente útil por ser extrapolable a cualquier otra actividad o faceta de nuestra vida.

Aunque eso sí, con la enorme diferencia de que en nuestra vida personal, no nos van a traer ningún proyecto, nadie va a venir a soñar por nosotros….

Fotografía  cortesía de Carmen Pizarro. ;)


 
 
 




domingo, 4 de noviembre de 2012

'Sentado ante mi futuro'

           Son muy pocos los momentos en que ocurre.
Ser consciente durante unos preciosos segundos de que estás generando unos recuerdos imborrables en el futuro, te aleja por unos instantes de ti mismo. No necesariamente son los más felices, pero siempre tienen algo diferente, que trasciende. Como si ya te estuvieras contemplando convertido en un espectador más de esa película que es  tu vida.
En aquellos años, los últimos de instituto, me ocurrió con frecuencia. Pertrechado con una pequeña cámara compacta de carrete, las tardes de los fines de semana, salía disparado con mi bici hacia un recorrido fijo por carreteras del trasvase que me llevaría a atravesar la autovía de Murcia a Cartagena,  por un puente que,  con la frecuencia de las visitas sería 'mi puente'.
Con la llegada de la primavera, y sus horas adicionales de sol, mis excursiones se harían diarias, pero disfrutaría especialmente aquellas escasas tardes nubladas, con ese brillo extraño que se produce poco antes de llover.
Esas tardes, aun a riesgo de mojarme, subiría al puente, bajaría de la bicicleta, y me sentaría un ratico en su acera a contemplar la visión de las dos calzadas paralelas de la autovía queriendo buscarse, fundirse sin éxito en el puerto de la Cadena.
Algunas veces haría fotos, otras me gustaría imaginar  la vida de los pasajeros  de aquel incesante tráfico, y todas sin excepción me preguntaría qué pintaba yo en todo aquello, qué sería de mí en un futuro próximo.
Eran tiempos de cambios, los años venideros serían difíciles, intensos, alegres, trágicos, tristes, cálidos; y aunque en aquellos momentos poco podía imaginar, los efectos de aquellos escasos ratos que allí arriba tuve, casi dos décadas más tarde, aún perdurarían en mi vida diaria.
Tras años de ausencia, cuando vuelvo de Murcia por la autovía alguna tarde extraña con nubes , aún me gusta levantar el ojo derecho por si me veo contemplándome en el puente, mi puente.






domingo, 28 de octubre de 2012

¿Alguna idea?

            Aunque suelo ver poco la tele, reconozco que no me desagradan una serie de canales que están proliferando e incluyen una variada programación de documentales de todo tipo.
            Por esa faceta mía de cocinero (o repostero) frustrado, los que más me gustan son los de cocina, pero también hay algunos vinculados al mundo de la construcción que no están nada mal.
En estos últimos no es nada extraño contemplar tanto el desarrollo de grandes infraestructuras (en las que por cierto, las empresas españolas destacan a nivel mundial), como visitar casas de ensueño con un entorno, diseño y materiales tan sólo al alcance de unos pocos privilegiados.
Os comento esto porque estos programas (con ciertos matices, cómo no) me parecen una buen manera de acercar mi sector al gran público, a falta de esas series tan surrealistas de otras profesiones como puedan ser las de hospitales o bufetes de abogados.
Cómo os podréis imaginar si habéis visto alguno, la casuística al abordar la construcción de un proyecto singular es elevada, pues pueden aparecer todo tipo de condicionantes que se alejen de lo habitual, en tanto su diseño, los materiales o usos tengan una componente innovadora.
Fue en los años previos a la crisis cuando planificando construir uno de estos últimos comentaba con el arquitecto:
-‘La verdad es que tu diseño es genial. Qué pena no tener más presupuesto para hacerlo más espectacular.’
-‘No te creas. Muchas veces nos escudamos en el dinero como excusa. Tener dinero ilimitado no necesariamente daría los mejores proyectos. Anularía parte del ingenio, la creatividad.’
La verdad es que no me dijo nada nuevo, pero a lo largo de los meses siguientes tuve la oportunidad de participar en el proceso creativo del  aquel proyecto poniendo en práctica  esta premisa, y os puedo decir que con verdadera voluntad de colaboración, eliminando prejuicios, y perdiendo el miedo a equivocarse se pueden hacer realidad grandes proyectos tanto profesionales en esta caso particular, como también personales en general.
Y es que últimamente se  comenta en muchos ámbitos que hacen falta nuevas ideas que nos saquen de la crisis, y me apena que  a diferencia de otros países, en el nuestro apenas se forme a profesionales en la rama técnica de la creatividad, ni en la universidad ni en la empresa privada.


Y es que además del famosísimo ‘Brainstorming.’ existen multitud de técnicas de creatividad (como puedan ser SCAMPER,  la Sinéctica, Reversal, Seis Sombreros, los Mapas Mentales, etc), que pueden ser de tremenda utilidad en la generación de nuevas soluciones a nuevos problemas, cuando nuestra experiencia en resolución de problemas anteriores se nos queda escasa…
Así que, si  de la misma manera que nos parece natural que alguien que dibuja bien perfeccione su técnica en clases de pintura o estudiando bellas Artes, o que un buen cocinero pase por una escuela de hostelería...
¿Creemos que otra vez la célebre inventiva española por si sola nos sacará de ésta?

domingo, 21 de octubre de 2012

'De canciones de Julio y ese aire fresco que tanto te gusta.'

Posiblemente no tenía ni los veinte cumplidos cuando ya me gustaban las pelis de treintañeros.
Y es que,  a lo largo de los años he disfrutado mucho esas tramas en las que un puñado de amigos de dicha edad iban desgranando sus miedos, ilusiones, decepciones, nostalgias e incertidumbres en general.
Me gusta citar como ejemplos del género: ‘Las razones de mis amigos.’, ‘El principio de Arquímedes.’ o ‘Marta y alrededores.’  obras siempre con el trasfondo de la pérdida de la juventud y el alejamiento de los sueños. Aquellos últimos que,  aunque aun todavía presentes en el otro extremo de una palanca imaginaria, son más difíciles de alzar debido al punto de apoyo que se nos acerca atraído por la rutina y el peso de las circunstancias cotidianas.
Sin embargo aunque ahora que he llegado a la edad de los protas de algunas de estas películas puedo por mi propia experiencia vital apreciar mejor aquellos sentimientos, lo que más noto pese a que a veces me fastidie, es el peso de lo relativo. O dicho de otra manera, ya no tengo una visión maniquea de la vida. Hace tiempo que los blancos y negros fueron dando paso a una enorme variedad de grises.
Lo explicaba magníficamente Carmen Posadas en una de sus columnas dominicales, comentando cómo una de sus amigas aplicaba en sus relaciones personales ‘la teoría de Julio Iglesias’ según la cual no hay por qué ir encasillando a las personas que vamos conociendo, pues todos reaccionamos de manera cambiante ante entornos cambiantes como en la célebre canción del cantante ‘ a veces tú, a veces yo….a veces sí, a veces no …’.
Y es que si hasta para diseñar ese aparato de tu casa que te da ese fresquico que tanto te gusta, aparentemente cuadriculados ingenieros y matemáticos aplicaron algo llamado lógica difusa, flexibilizando con ello los criterios por los que se enciende y se apaga en función del rango de temperaturas exterior, ¿no obtendríamos nosotros mismos mejores resultados en nuestros retos cotidianos  personalizando los criterios por los que aceptamos o reprobamos una gran variedad de hechos y personas?

Bueno, os dejo, voy a apagar el aire…
Santi.

martes, 11 de septiembre de 2012

''Necesito ver atardeceres.''

Sostienen algunos no sin cierta suspicacia que, puestos a elegir entre un reloj convencional averiado y otro digital, es preferible el primero pues al menos marca correctamente la hora en dos ocasiones al cabo del día.
No puedo afirmar que en mi caso por esa razón llevo uno de los primeros con la pila agotada desde hace dos o tres meses, supongo más bien que en las últimas semanas de intenso trabajo apenas he sacado tiempo para cambiarla. Mi frenética actividad laboral de estos días se debe a la naturaleza de mi trabajo,  que debe atender a demandas punta muchas veces imprevisibles y en la mayoría de las ocasiones coinciden con vuestras vacaciones.
Mentiría si afirmara tajantemente que siempre lo llevo bien, pero cuando intento relajarme me gusta pensar que estos inconvenientes forman parte de una profesión que tanto me gusta, de la misma manera que lo hace el trabajo nocturno de la de los  panaderos.
Y es cuando vivo estas semanas recluido entre mis cálculos y mis planos cuando más reflexiono sobre nuestra percepción del paso del tiempo.
En este contexto, me vienen mucho a la mente las experiencias vividas hace unos años los pocos meses en los que tuve la suerte de formar parte del equipo técnico que construía un túnel, repartiendo mi jornada laboral entre tareas de diseño y planificación en mi despacho de las instalaciones provisionales, y las de supervisión dentro de la propia obra. No os extrañará mucho entonces el hecho de que no era nada difícil en las visitas regulares al túnel en construcción, sometido a iluminación, temperatura y humedad constantes, perder la noción del tiempo sin ser consciente de haber invertido horas en tareas pensadas para resolverse en minutos o comprobar con perplejidad que salías por la boca de túnel muy avanzada la noche habiendo entrado de día.
Supongo que la inmensa mayoría de vosotros no construye túneles, pero quizás estéis bastante más familiarizados con esa sensación al salir de unos conocidos grandes almacenes, en los que decidieron premeditadamente, una vez construidas sus fachadas (salvo la de la planta baja) sin ventanas al exterior, aclimatarnos a la ausencia de calor o frio, a una luz que no cesa, y en definitiva, privarnos de las estaciones, del día y de la noche.
Los que más me conocéis sabéis que soy un fiel defensor del esfuerzo como principal medio para lograr nuestros propósitos, y que para canalizarlo son adecuadas las rutinas, y en definitiva un orden en los horarios que rigen nuestra vida. No puedo negar que aunque a veces estresado y desbordado, soy un feliz hámster en mi rueda, pero la verdad es que necesito dejarla de lado unos días, comer cuando tenga hambre, dormir cuando tenga sueño, sentir el paso del tiempo, necesito…
Necesito ver atardeceres.

domingo, 9 de septiembre de 2012

''De abejas geómetras y la hormiga despistada.''

Siempre me he considerado una persona afortunada por tener tanto sensibilidad para apreciar la belleza que encierran ciencias, como la propia para disfrutar de las artes.
En el caso de las primeras además, tantos años de formación imprimen carácter, y si algo me queda de mi carrera técnica es ser bastante maniático en la planificación y la búsqueda de la eficiencia en los procedimientos de desarrollo de cualquier tarea o proyecto en general.
En este sentido, básicamente lo que busco en mi día a día es hacer las tareas planificadas con el menor esfuerzo posible, y dedicar el tiempo que me sobra a mejorar la planificación de las siguientes.
Por ello no son pocas las veces que recuerdo que allá por segundo de carrera estudié que además de las leyes de Newton para determinar las trayectorias de los cuerpos en movimiento, el matemático, físico y astrónomo Lagrange reformuló las leyes del primero en términos de mínima energía, de manera que en esencia y simplificando mucho, los cuerpos (incluyendo los planetas, el agua de la bañera y el balón del hijo de vuestros vecinos) se mueven como menos les cuesta.
Reflexionando sobre esto desde hace mucho, también me maravilla por ejemplo como las admirables abejas, sin haber pasado por escuela secundaria alguna, construyen sus colmenas con hexágonos y las cierran con rombos, de manera que almacenan la máxima cantidad de miel gastando la mínima cantidad de cera en su construcción.


A su vez mis adoradas hormigas, no tienen nada que envidiarles, pues su habilidad para optimizar la búsqueda colectiva de alimento supone un modelo a estudiar en el campo de la inteligencia artificial. En general, en la búsqueda inicial al salir del hormiguero sólo tienen que tardar algo más de lo óptimo algunas de las hormigas que primero salen para que el resto encuentre el camino más corto y en definitiva en este caso, el mejor.
Si sois más aficionados a la  jardinería y tenéis macetas, también es interesante recordaros que sus hojicas crecen según un conocido patrón matemático que optimiza la cantidad global de luz recibida por vuestras plantas.
No quiero aburriros con más ejemplos pero en definitiva, pensando en estas cuestiones es fácil sentirse tentado a pensar que la naturaleza está dotada de una inteligencia colectiva que la orienta a hacer las cosas de la mejor manera posible, aunque a veces se pierda un poco por el camino.
¿Y nosotros? ¿Para qué malgastar tanta energía a veces en hacer lo contrario?
Pues es curioso, pero en contra de la intuición, no es descabellado pensar que a nivel global, estamos mejor que nunca, con unos índices globales de violencia en mínimos históricos, y una esperanza de vida en máximos.
¿Podrían  situaciones indeseables como las guerras o las crisis (como la de nuestro país) ser la de la hormiga despistada?
¿Encontraremos pronto el hormiguero?

jueves, 16 de agosto de 2012

'Los recortes del barbero.'

Con la reciente incorporación del término friki a la última revisión del Diccionario de la R.A.E. me puedo dar el gusto de usarlo para definirme correctamente como tal por ejemplo por, entre otras cosas, mi pasada afición de mi época de estudiante a repasar con mucha curiosidad los libros de texto ó colecciones de apuntes de las diferentes asignaturas nada más adquirirlos curso tras curso.
Ya en la universidad, uno de los que más me llamó la atención fueron los apuntes encuadernados de ‘Algebra Lineal.’ del profesor Mateos, fundamentalmente porque al tratarse de un libro de matemáticas pretendía encontrarme muchos números en  ejemplos o ejercicios, y la verdad es que haciendo memoria creo que no aparecerían hasta casi las lecciones finales del texto.
Y  como os podéis imaginar las clases siguieron la misma pauta, ante un grupo numeroso de ilusionados alumnos de primer curso, se presentaba  a las primeras horas de la tarde el ya mayor y muy delgado profesor perfectamente trajeado a explicarnos  de manera casi paternal, y con buen humor a la vez cosas como:
‘Hoy vamos a hablar acerca del concepto de relación, por ejemplo la relación ‘ser antepasado de’. Podemos afirmar que los antepasados de nuestros antepasados son también nuestros antepasados, a diferencia de lo que ocurre en otras relaciones como la de ‘ser hijo de’….’
Según fueron pasando las semanas y los meses, ya superado el desconcierto inicial, reconozco que mi afición por las matemáticas siguió intacta y hasta hoy me sigue gustando leer sobre su historia y la de sus grandes genios.
Uno de ellos, Kurt Gödel, apenas conocido fuera de su ámbito, es reconocido como uno de los pensadores más influyentes del s.XX tanto en el campo científico como filosófico, porque de alguna manera puso límites al conocimiento con sus teoremas de la incompletitud , que en esencia y de manera muy grosera (pido perdón a algún matemático que me pueda leer) demuestra que hay sistemas sobre los cuales al hacerse afirmaciones muy fuertes, aparecen aspectos que no pueden decidirse, de manera que nunca podernos tener la información completa sobre dichos sistemas.
Hay ejemplos sencillos para ilustrar la tremenda complejidad que ello entraña, siendo uno de los más célebres la paradoja del barbero (B. Russell), que se puede enunciar de esta forma:
‘‘En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

-- En mi pueblo soy el único barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo, ¡que soy yo!, ya que si lo hago, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto ¡no debería afeitarme! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero debería afeitarme, ¡pero yo soy el único barbero de allí!
El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz’’.

Me resulta inevitable acordarme de esta historia estos días por la imagen mental del barbero que asocio a recortes, y a la vez a que la causa de los mismos es debida en gran parte a haber mantenido como verdades inmutables posturas políticas que probablemente deberían haber sido cuestionadas a tiempo.
Seguramente afirmaciones tan tajantes como que había que descentralizar en cualquier caso y lugar casi todas las competencias fundamentales del Estado, o que había que conceder o denegar ayudas y subvenciones haciendo tabla rasa, nos puede costar perder nuestra soberanía nacional como consecuencia inmediata de perder el control sobre nuestra política económica al ser intervenidos.
Discriminar casuísticas con independencia de las ideologías, exige en primer lugar mucho esfuerzo en la búsqueda de la equidad, valentía para adoptar las decisiones tomadas, y pedagogía para explicarlas…

¿Llegaremos a tiempo?
¿Tendremos el final feliz del barbero?
No perdamos la ilusión.
Un abrazo.
Santi.

lunes, 18 de junio de 2012

''De clases de estadística e ilusiones que no se cumplirán.''

‘’Una vez presentado, me gustaría comenzar este curso de estadística, por ejemplo, comentando con vosotros una verdad objetiva, a ver qué os parece:
‘Las personas bajas son menos inteligentes’
Si, no  os sorprendáis, es un hecho contrastado…’’
Y así, en aquella primera clase de tercero de carrera, finalizando los noventa, pensaba que iba a ir sólo a lo habitual, es decir apuntar el nombre del profesor, las fechas de los parciales y básicamente las reglas del juego, para irme rápido a la cafetería después a comentar el verano con mis queridos amigos.
La verdad es que me llevé algo más valioso, quizás la mejor enseñanza que de esta materia he recibido hasta ahora, y es que por muy veraz que sea una información, para su análisis no hay que focalizar sólo en los datos principales  obviando otras variables como en este ejemplo……….
¡¡¡ La edad !!!
Acordándome de este profesor, ahora que todo va tan mal, pensé en buscar el indicador PIB per cápita de nuestra querida España de los últimos años, para ver cuán profundo era el agujero……
Ah no!, que según los datos estamos como entre 2006 y 2007 , y ya no sé si antes éramos menos ricos de lo que pensábamos, o ahora menos pobres…

¿No será que ese índice no necesariamente es el mejor para países desarrollados?
¿No será que es un índice de media que obvia desigualdades?
Ojala pudiera seguir escribiendo sin que me invada el mal humor, tan contrario a la ilusión (malas hierbas) que da título a este blog…
Buenas noches y buena suerte.
Santi.

domingo, 26 de febrero de 2012

'Ingenieros: Reinventando el puzle.'

Resulta que este año además de acabarse el mundo como proclama una importante campaña turística mejicana, se cumplen diez años de que acabé mi carrera en un contexto laboral vinculado al sector de la construcción tremendamente diferente al actual, como todos sabéis.
En este contexto, aunque es prácticamente imposible reflexionar sobre esta primera década de experiencia laboral, sin la influencia de esta gran crisis, como a cualquier hijo de vecino, los números redondos según nuestro sistema decimal, siempre dan que pensar.

¿Qué fue de aquella ingente cantidad de sistemas de dibujo técnico, sofisticadas ecuaciones, curvas de complejas geometrías y numerosas clases y tardes de laboratorio?


             
              Pues la verdad, es que me gustaría pensar que conservo las ideas generales de la mayoría de las materias, y supongo que no me sería difícil recordar alguna de ellas si la necesitara de manera específica…. Ojalá, pues en parte significaría que alguna rama de mi sector se está reactivando.
 Pero lo verdaderamente importante que creo que aprendí, es a dividir cualquier problema en varios más simples, intentar solucionarlos en función del tiempo y de la información que tenga en cada momento, para finalmente intentar abordar el problema general como si de un puzle se tratara, encajando las soluciones parciales de los problemas más pequeños.
¿Fácil?..... Puede, pero no hay que olvidar que, como en cualquier aspecto de la vida, lo primero que hay que hacer es identificar el problema o necesidad a satisfacer, para luego poder identificar los factores importantes por los que se ve influido….
Para todo los demás…; en ingeniería están los fantásticos ordenadores y en la vida están la ilusión, constancia y sentido común, de los que con frecuencia hablo en este blog.
Así que con esta forma de ser tan nuestra, frecuentemente tildados de cuadriculados y metódicos hasta el absurdo a veces, nos toca prepararnos para un futuro para el que no nos educaron, bien resolviendo puzles nuevos o quizás marchando con el puzle a otra parte….