lunes, 31 de octubre de 2011

Desde que estoy sordo caigo mejor a la gente.

           Siempre he vivido en las nubes, o mejor dicho, en mis nubes. Nunca he ocultado que sueño despierto, y a veces desconecto por un tiempo que para mí puede ser un instante y para la gente que me acompaña minutos.
Afortunadamente, cuento con excelentes amigos que no se enfadan conmigo por ésto, ni cuando no les saludo por la calle porque voy ensimismado en mis cosas, pues saben que les adoro…
Me cuesta también mucho esfuerzo prestar atención a cualquier conversación normal pues mis pensamientos, muchos y variados, van muy deprisa, y se atropellan en mi cabeza mientras me hablan.
Consciente de estos problemas de comunicación, intento usar técnicas de escucha activa desde hace años, y resulta paradójico que ahora que creo que llego a tener un nivel aceptable escuchando me estoy quedando sordo., También es posible que me hayáis visto en alguno de los múltiples actos sociales a los que me ha tocado asistir, un poco apartado sujetando una copa por el tallo y mirando al infinito.
Sin embargo sordo y todo, en estos actos creo que cada vez caigo mejor a los desconocidos con los que me encuentro y muchas veces comparto mesa. Supongo que me voy dando cuenta de que aunque sin oír, asintiendo y llamando al resto de comensales por su nombre, me voy apañando. Lógicamente, cuanto menos oigo menos hablo, y en esos casos hablo sólo del contexto que le interesa a mi interlocutor, mostrando interés sincero…
Espero volver a oír pronto, pero reconozco que la ausencia de unas habilidades me está sirviendo para potenciar otras que os animo a practicar…

martes, 25 de octubre de 2011

'Alucinando en colores'

A veces pienso que debí nacer tres horas tarde, pues suelen ser las que me faltan casi a diario para completar mi rutina como me gustaría….
Así que muchas veces el tiempo se lo robo a la tv, y lamentablemente otras tantas al sueño, así que, en este sentido, las series de internet son una buena solución para ver algo a sin horarios impuestos ni anuncios….
Una de las últimas series que estoy viento es ‘The Big Bang Theory’,  simpática comedia en la que convergen los mundos  opuestos de unos físicos teóricos, con su atractiva vecinita eterna aspirante a actriz…
Además de las divertidas tramas y un montón de alusiones frikis (con perdón de la RAE), resulta que la serie incluye cantidad de chistes y alusiones a efectos y fenómenos físicos reales, algunas de mucho nivel teórico e incomprensibles para cualquier cristiano.
Como en mis años mozos el tiempo que no invertía en ver fútbol en tv lo dedicaba a leer libros de física teórica y astrofísica (a quien le interese le recomiendo ‘Superfuerza’), sin ánimo de causaros excesiva repulsión, os diré que entiendo la mayoría de los exóticos guiños. Por ello hace unas pocas semanas sentí una mezcla de sorpresa y admiración al oír en un episodio dos palabras que nunca pensé que oiría en una comedia: ‘Cromodinámica cuántica’.
Por no enrollarme más, os esquematizo ( de forma bochornosa si me lee un físico’): hay unas partículas muy chiquititas que componen parte de los átomos y se llaman ‘quark’, que a diferencia de otras (protones por ejemplo) que tienen carga eléctrica que es simple y sólo puede ser positiva o negativa, tienen una carga de cualidad triple…
¿Qué pensáis que hicieron los descubridores de ésta propiedad?
Pues usaron colores primarios para definirla, la llamaron ‘Carga de color’, y dijeron que esquemáticamente podía ser roja, verde o azul; y sus opuestos anticolores serían cian magenta y amarillo.
Pensad por un momento que razonáramos igual que estos originales investigadores en el campo de nuestras emociones cotidianas....
De igual manera que cada idioma reconoce multitud de términos asociados a las emociones, lamentablemente cuando  sentimos algo por alguien y lo expresamos, la mayoría de las veces recurrimos a adverbios de cantidad ‘te quiero mucho’, ‘muchísimo’, ‘un montón’………; como si el amor o el afecto fueran una cualidad medible que se expresa en una sola dimensión como la carga eléctrica o la temperatura de los cuerpos, una línea tan simple como la que vemos en el  avanzar o retroceder del mercurio en los termómetros..
¿No sería tremendamente curioso y original decirle a alguien que le quieres azul, sientes un afecto verde, un desprecio magenta, o una indiferencia amarilla…?

lunes, 17 de octubre de 2011

Del otoño y mis viejas suelas...

Si pudiera valorar de alguna manera la dificultad que me supone tomar una decisión de mi vida personal, la forma más adecuada a mi forma de vida actual que se me ocurre, es medirla en kilómetros caminados por el paseo marítimo de mi barrio hasta alcanzar una determinación particular en cada caso.
Hasta ahora no lo he hecho, pero sí me doy cuenta de que, por alguna razón que desconozco, debo tener algún extraño gen que hace sea capaz de tomar decisiones más o menos difíciles con mucha más facilidad que otras cotidianas.
¿Recordáis cuando de niños nos tapábamos con mantas y nos creíamos que así estábamos protegidos de cualquier monstruo o amenaza imaginaria?
Por esa misma razón infantil quizás el otoño sea mi estación favorita, pues año tras año siento que cuando llega esta estación, en contra del sentido común y de mi propia coherencia, me haya ido bien o mal en el año que acaba, me autoengaño pensando que da igual posponer decisiones hasta el año que viene, y me quedo en mi zona cómoda

          

viernes, 14 de octubre de 2011

'Manchando lienzos, buscando faros.'

Hay quien dice que lo que realmente nos cuesta de elegir una entre varias opciones no es estar seguros de que es la que realmente queremos, sino renunciar a las otras que dejamos atrás...
                Yo no sé si eso es cierto, pero a lo largo de mi vida me ha tocado contemplar más de una vez como mi primera opción se desmoronaba, y tras un periodo de desconcierto inicial, intentar pensar que no era tan malo volver hacia aquello que voluntariamente había descartado antes……
Vivir durante una temporada más o menos larga mi particular ’Plan B’, me ha hecho, salvo algún año ‘raro’, ir anotando en un cuaderno mental, esas cosas que siempre quise hacer, y que por estudios, trabajo, circunstancias personales, e incluso pereza, tenía pospuestas sin fecha…
Y puestos a hablar de fechas, dicen también por ahí que cuando a los sueños e ilusiones se les pone fecha, se llaman objetivos, y para mí uno de ellos este curso escolar que ahora comienza podría llamarse ‘manchar lienzos buscando faros’, o lo que es lo mismo, recibir clases de pintura en una vieja cochera de San Javier los viernes por la tarde.
Como no podía ser de otra manera para alguien como yo (cuyos días deberían tener 27 horas por lo menos), he llegado tarde, pues fiel a mis principios, no he renunciado a mi vermú de los viernes mediodía con mis compis del curro, ni a mi siestecica en tierras galileas.
Estresado antes de entrar y cargado de pinceles y óleos de los chinos, pero sin caballete ni paleta,  he llegado a la cochera de mi profe, y una vez que este paciente hombre ha completado mi equipo, me he enfrentado a mi primer lienzo en blanco, en el que me gustaría conseguir un borrón parecido a la fotografía que os adjunto del Faro de Cabo de la Roca.
La verdad es que la primera tarde no ha ido mal. En primer lugar he dibujado a lápiz las líneas principales; y el resto del tiempo lo he dedicado a los colores base de prado y cielo, con cierto complejo de daltónico. En general, al igual que cuando comienzas a conducir(o incluso a bucear), en tus primeras prácticas estás más pendiente de tus propias reacciones ante lo que haces, que de lo que realmente haces.
Pero en cualquier caso, como ilusión no me falta, y no tengo prisa ninguna, sé que voy a disfrutar mucho los viernes de este curso, y ya estoy elaborando mentalmente una ‘playlist' adecuada para estas clases, en la que, de momento, no faltarán Portishead, Radiohead o Sigur Rós…
Entretanto los chinos se frotan las manos….
Saludos.
Santi.

domingo, 9 de octubre de 2011

‘‘Carreteras secundarias. La entrañable boda segoviana de Marta y Miguel.’’

(Publicado en facebook 9/07/2010)

No os descubro nada nuevo a ninguno de vosotros, si os digo que a veinte minutos, de cualquier salida de autovía y previo paso por las correspondientes carreteras secundarias, este país de contrastes en el que vivimos, alberga lugares maravillosos que merecen ser visitados.

En concreto, este fin de semana pasado, Marta y Miguel, con motivo de su enlace, regalaron a unos cuantos afortunados, la posibilidad de visitar Sepúlveda y sus alrededores……..

Haciendo honor al carácter reposado y tranquilo que la mayoría de sus amigos de la carrera tenemos, decidimos quedar la noche antes en un hotel de Sepúlveda (Vado del Duratón), cuyos dueños serían los mísmos que al día siguiente nos servirían el banquete.

Si no conocéis Sepúlveda, os sitúo, preciosos pueblo castellano de piedra y teja, con estrechas calles empedradas e irregulares, la mayoría en rampa., y por supuesto eso sí, con una precisa plaza mayor central, con sus tiendas de productos tradicionales, y varios bares con terrazas, en definitiva, idílico.

¿El hotel?, pues …… ‘con encanto’, que si, sin coñas, pequeño, coqueto, y con excelentes vistas panorámicas……

Yo llegué el primero, al haberme tomado el día libre para llegar en coche (muy importante para que no se arrugara el traje, faltaría……), y para mi sorpresa, pronto llegarían el novio con su encantadora madre al hotel:

-Miguel¡¡¡ Enhorabuena ¿cómo estás? ¿nervioso?
-Mmmmm (pausa de tres segundos, mirada seria y gesto dubitativo) No se, Paraguay puede ser un rival difícil, ya veremos. Como en el restaurante no hay tele, supongo que después de la boda iremos a verlo a los bares del pueblo…

Poco a poco, y a lo largo de la tarde noche fue llegando la peña, algunos directamente a los bares de tapas, dónde cenamos, y en un acto de responsabilidad, que aún me sorprende, no recogimos temprano , y por una vez, sólo nos tomamos ‘n-3’ copas y cervezas, siendo ‘n’ las que nos tomamos habiatualmente cuando nos juntamos, y el novio, en un comportamiento impecable ‘n-4’ ( toma ya¡¡).

El sábado, ya desayunados y vestidos de boda, tras comprar unos paraguas, nos acercamos en coche de nuevo por carreteras secundarias e incluso caminos de tierra, a una de las celebraciones más pintorescas a las que he tenido la suerte de asistir.

Por una rampa de tierra completamente embarrada, desfilábamos a partes iguales, empapándonos por la lluvia con viento racheado, invitados y excursioncitas, y cómo no podía ser de otra manera, tuvimos nuestras charlas….

- Qué valor tiene los novios, anda que haceros venir así, ya os darán bien de comer…..
-Eso espero señora……
-Y dime joven ¿ por aquí suele hacer este tiempo?.
-No lo se señora, yo vengo de Murcia.
-¡¿ Y has venido de Murcia?!, Pues te estás poniendo perdido de barro el traje. Anda ven que te recoja los bajos del pantalón.

Y con lo bajos remangados como si fuera un pescador, más o menos un kilómetro después, llegué a la maravillosa Ermita de Frutos (s. XI).

Marta llegaría, un cuarto de hora más tarde, preciosa y cabreada a partes iguales……., y la boda fue íntima y entrañable, con escapadita de algunos guiada por su tío a los alrededores (me pareció bonito hasta el cementerio).

Tras la boda, para tranquilidad y sosiego de Marta, los paraguas para el temporal nos fueron de gran utilidad, para el solanero que nos cayó subiendo lo que con barro antes bajamos, y tanto se alegró la novia, que se pasó media boda bailando la jota ¿segoviana?.....

Tras la vuelta a Sepúlveda, entre fotos cañas y copas, disfrutamos de un excelente banquete, y posterior juerga, que sólo se interrumpiría para los más forofos para ver a ‘La Roja’ frente a Paraguay.

Después del partido….., pues algunos se cambiaron, y otros, de la misma guisa, quemamos la noche sepulvedana, hasta que nos echaron del último garito, ( supongo, porque esto último no lo recuerdo muy bien).

Y el domingo ya de vuelta, de nuevo agotado y encantado a partes iguales, con Gardel en la radio, muy a mi pesar (había hasta un concurso de pintura rápida en el pueblo), tuve que dejar las carreteras secundarias para volver a la autovía.

Un abrazo enorme, a novio, familia y amigos, por un fin de semana inolvidable.

Ermita de san Frutos.

Sepúlveda.