No es ningún secreto para los que
llevéis tiempo leyendo este blog que tengo escasos (por no decir nulos) conocimientos
de técnica narrativa. Si por el contrario sois neófitos, en unas pocas líneas
lo comprobaréis enseguida.
Será
porque en esta cultura tan de siempre de los yanquis de fracasar repetidamente
soy alumno aventajado en todos los campos en los que he podido emplearme, que a
los variados fracasos profesionales, sentimentales, y personales en general,
últimamente también estoy añadiendo los literarios.
En este
sentido y ya más cerca de los cuarenta que de los treinta, no sólo no me
molesta, sino que como complemento a aprender de quienes (tanto empresas como
personas) lo hacen bien en base a sus ‘FCE’
(‘factores clave del éxito’), también me interesan los ‘FCF’ (‘factores clave
del fracaso’) de quienes no lo hacen tan bien, porque me parece esencial algo
que estudié hace años en mi escuela de ingeniería para los materiales, la
resiliencia, desconociendo en aquel momento que también se aplica a las
personas, como la capacidad de sobreponerse a situaciones adversas.
Decidido también a continuar con mi resiliencia literaria, a base de presentarme con mucha moral pero sin
ningún éxito hasta la fecha a unos cuantos concursos de relatos, me gustaría
compartir con vosotros un reciente descubrimiento interesante que he hecho
entre el penúltimo y el último fracaso: el verdadero sentido de la poesía.
Echando
una ojeada a esta ventana al mundo que es internet en busca de la receta mágica
para escribir microrrelatos (con la osadía de no haber leído antes), encontré
entre los variados blogs de escritores, uno que se despachaba en trece jugosos
consejos bastante interesantes en general, de los cuales el segundo me
maravilló:
‘2. Acción, acción, acción. Sólo los
genios conciben micros eficaces empleando la inmovilidad. Si no eres un
escritor de genio, y no puedes
resistirte
a la inmovilidad, dedícate a la poesía,
la pintura o la fotografía; o a construir edificios, que es más rentable.’(*)
Con la lección aprendida de mi anterior fracaso a partir de de los consejos de una excelente escritora murciana, acerca del delicado
equilibrio entre el tiempo narrativo y la extensión del relato, con estas anteriores
frases que he transcrito literalmente descubrí algo casi mágico: si escribes no
puedes pretender encorsetar un tiempo narrativo muy extenso propio de una
novela dentro de un relato, ni por el contrario resulta adecuado escribir
escasas líneas sobre un breve instante en el que no hay apenas acción, lo que en
definitiva es… poesía.Continuando con el amable consejo nº2 y obviando el simpático hecho de que ya me he probado construyendo edificios, haciendo fotografías o pintando cuadros, me apasiona el concepto que tiene el autor de las anteriores líneas. Si para él, la poesía es la descripción breve de la inmovilidad, queridos amigos lectores tengo el gusto de deciros que la podemos encontrar por todas partes.
Así, en este excelente domingo que ahora acaba y que he disfrutado con buenos amigos, he encontrado poesía en tener que guiñar los ojos ante un sol de justicia y una incipiente brisa marina, en la escarcha de las jarras de cerveza helada, en las sonrisas sinceras de quien se alegra al verme, en el profundo carmesí del buen vino compartido….
Y a vosotros….
¿Os gusta la poesía?




