domingo, 12 de enero de 2014

'Compartiendo literatura: Diez obras que recordaré.'

            Ayer leía en el muro de facebook un amigo uno de estos textos en cadena en el que se etiquetaba a diez amigos y se animaba a continuar la cadena a los etiquetados.
               
Básicamente el etiquetado, sin pensarlo mucho, tenía que hacer la lista de diez obras literarias que le hubieran marcado, ya fuera por su calidad general, su argumento, trama, por el momento de su vida en que la leyó o simplemente por lo que pudieran significar algunos de sus párrafos. Por supuesto, no tenían que ser grandes obras, pero sí importantes para el etiquetado.
               
 No me pude resistir a hacer mi lista mental, y como sabéis que me encanta hablar de libros con aquellos amigos con los que comparto mi pasión por la literatura, enseguida me puse también a hacer mi lista mental de los diez de vosotros a los que iba a etiquetar, con la única intención de que alguno os animarais a compartir vuestra lista, o al menos a charlar un poco de vuestras novelas favoritas por cualquiera de los medios que internet ofrece.
               
Bien, tras pensarlo un poco prefiero no etiquetaros, entre otras cosas, porque a algunos sé que nos os gusta, y además tampoco os conocéis entre todos, pero sin embargo, no me quedo con las ganas de compartir con vosotros una lista, aun dejándome muchas,  de diez obras que por muy diversos motivos he disfrutado muchísimo:

1.    ‘1984.’ – George Orwell
2.    ‘Ensayo sobre la ceguera.’ – José Saramago
3.    ‘El camino.’ – Miguel Delibes
4.    ‘La sonrisa etrusca.’ – José Luis Sampedro
5.    ‘El juego del ángel.’ – Carlos Ruiz Zafón
6.    ‘Al sur de la frontera, al oeste del sol.’ – Haruki Murakami
7.    ‘El banquete.’ – Platón
8.    ‘El amor en los tiempos del cólera.’ – Gabriel García Márquez.
9.    ‘El último encuentro.’ – Sándor Márai
10. ‘El jugador.’ – Fiódor Dostoievski

Me encantaría que aportarais la vuestra o al menos comentarais cualquier obra que os haya apasionado.




domingo, 29 de diciembre de 2013

'Belleza serena de ojos tristes.'



        Una promesa siempre es una promesa, aunque se cumpla siete siglos y medio después.
                 
      Aunque supongo que algunos de vosotros ya conoceréis parte de la fascinante historia de la bella princesa nórdica, me gustaría compartir con el resto unas pocas líneas acerca de su vida, de la que pude tener conocimiento en una reciente visita guiada al municipio burgalés que sería en el siglo X capital del infantado de Castilla, la villa de Covarrubias. Sumando a lo que aprendí en mi viaje lo que he podido leer a mi vuelta os cuento:
                
       En el año 1958 estudiando los sepulcros de la Colegiata de San Cosme y San Damián en dicha villa, apareció el cadáver momificado de una mujer con los cabellos rubios intactos, de una altura (poco más de 1,70 m) inusual para las mujeres castellanas de siglos anteriores.  Como indicadores de su alta alcurnia, aparecieron joyas y estaban también incorruptos ropajes con restos de bordados de oro y piedras preciosas.
               
       Se trataba de la princesa Kristina de Noruega, hija del rey Haakon IV de Noruega y nacida en el año 1234 en la localidad noruega de Bergen.
                
      Según nos explicó la guía, vino a Castilla como fruto del acuerdo de nuestro entonces rey Alfonso X (aconsejado por su abuela Berenguela la Grande) con su padre Haakon allá por el año 1257. En primera instancia venía para casarse con nuestro rey, quien casado desde hacía años con Violante de Aragón (hija de Jaime I de Aragón, que en el momento de casarse con él tenía diez años) no conseguía tener descendencia (legítima, pues ilegítima ya tenía) y estaba a punto de repudiarla. De esta  manera se afianzaban las relaciones comerciales y estratégicas entre las dos coronas, tal y como era habitual en la época.
                
      Así, acompañada por un embajador de su país, partió con veintitrés años el verano de ese mismo año la bella princesa desde su país (Tönsberg, cerca de Oslo) en un viaje que le llevaría junto con un séquito de más de cien personas, en una nave vikinga de remo y vela (cargada de un valioso cargamento de oro, plata, pieles preciosas que constituían su dote ), desde su país hasta Inglaterra (el puerto inglés de Yarmouth), para después cruzar el Canal de la Mancha hasta Francia (Normandía), donde comprarían caballos para continuar el viaje y entrar a nuestro país desde Cataluña. Ya en nuestros territorios sería recibida con todos los honores por numerosas comitivas allá por donde pasaba, en particular por el Conde de Gerona (que la recibió con trescientos hombres), y por el propio Jaime I el Conquistador de quien según se cuenta cayó rendido a sus pies y con escaso éxito le propuso matrimonio. También pasaría por Soria, donde fue recibida el 22 de diciembre por el obispo de la ciudad y por el infante Don Luis. Finalmente pasó la Nochebuena en Burgos, tras atravesar Palencia y poco antes de entrar en Valladolid salió a recibirla el propio Alfonso X con todos los honores correspondientes a su linaje, para entrar juntos en la ciudad el 4 de Enero de 1258.
                
      Al parecer, (y en esto hay fechas que no coinciden), para cuando llegó la todavía esposa de Alfonso X, Violante de Aragón  ya estaba embarazada, por lo que para solventar honrosamente el desaguisado, nuestro entonces rey le ofreció elegir para casarse entre sus tres hermanos casaderos (Fadrique, Sancho y Felipe). Eligió al que había sido arzobispo de Sevilla, Felipe de Castilla, se casaron en Valladolid el 31 de marzo de 1.258, y se trasladaron a vivir a Sevilla. En aquella ciudad moriría sin descendencia cuatro años después.
                
      Si como yo, tenéis curiosidad por el tema, podréis leer que aunque no está documentado, en la mayoría de los casos se habla de que murió de tristeza, de añoranza de  su lejana tierra, y en definitiva de no adaptarse a un entorno tan diferente al suyo. También podría haber muerto de meningitis  (en su sarcófago se encontró una receta para tratar el mal de oído con "xugo de ajo"), e incluso algunos historiadores especulan con la posibilidad de que fuera envenenada por Violante (que tenía antecedentes por anteriormente ya haber envenenado por envidia y celos a su propia hermana Constanza), por haber estado secretamente enamorada de Alfonso X desde que salió a recibirla y en resumen, no soportar su presencia en el reino.  Finalmente fue enterrada en la ya citada Colegiata de San Cosme y San Damián de Covarrubias, por haber sido abad de aquel lugar su esposo Felipe.
                
      En cualquier caso, su figura cayó en el olvido hasta que se abrió su sepulcro. Después de aquello, en un tremendo gesto de humanidad, el párroco de Covarrubias viajó a la ciudad de Tönsberg y entregó una réplica del sepulcro con trozos del vestido, siendo acogido el gesto con profundo agradecimiento por los vecinos de la localidad.
                
     Años más tarde, en 1992, se creó la  Fundación Princesa Kristina de Noruega, cuyo patronato hispano-noruego, en colaboración con la Junta de Castilla y León, además del colaborar y fomentar las ya excelentes relaciones entre España y Noruega, se marcó como principal objetivo cumplir la promesa de construir una capilla en su nombre que le hizo el infante Felipe de Castilla a la princesa  tras su boda y que no fue cumplida en su momento por su prematura muerte.


Estatua de la princesa en Covarrubias. (Brit Sørensen,1978) 
Fuente fotografía: Wikipedia.

                
       Finalmente, el pasado 18 de septiembre de 2011 se inauguró en Covarrubias la capilla de San Olav, y como no puede ser de otra manera si vais por allí por esas fechas cualquier año, no os debe extrañar ver una auténtica feria hispano-noruega ('Notas de Noruega.'), con multitud de visitantes de ambos países, transformando en nórdica con abundante decoración y también entre comida, música y bebida noruegas nuestra antaño capital castellana.

        Espero que os haya gustado esta preciosa historia, y si no lo habéis hecho ya, podéis leer sobre el tema alguna de las escasas obras en castellano,  entre las que destacan por su impacto mediático la reciente novela ‘La flor del Norte.’ de Espido Freire (publicado en 2011), o la también novela ‘Los escarpines de Kristina de Noruega.’ de Cristina Sánchez-Andrade (publicada en 2010). 
      
        Y es que como yo, ambas autoras quedaron fascinadas por la más que intrigante vida de la  belleza serena de ojos tristes.

lunes, 9 de diciembre de 2013

'A la vuelta de la esquina...'


Aún lejos de los cuarenta y me estoy haciendo un batallitas insufrible, lo sé. No quiero ni pensar cómo voy a ser de viejo si llego, pero es que me encanta daros la tabarra con los miles de temas, aficiones o inquietudes que rondan mi cabeza, en fin….

Esta entrada la llevo en mente hace semanas, sin un momento de sosiego para escribirla como a mí me gusta, o sea, sin prisa, con fanta zero (mi genial profe de relatos dice que no es bueno drogarse ni beber para escribir) y mi lista de favoritos de Spotify puesta.

Así que hoy quisiera compartir con vosotros los mejores deberes que he tenido que hacer en los últimos años. Concretamente hace un par de ellos, estudiando estrategia aplicada al mundo empresarial me mandaron resumir las ideas que prefiriera de un fantástico documento que se llama ‘La lista de HBR Ideas innovadoras para 2006.’ Evidentemente la mayoría de ellas eran fundamentalmente relacionadas sólo con el mundo de los negocios, pero otras, en mi opinión las más valiosas también eran extrapolables a nuestra vida personal.

La primera que me gustaría comentar es que según algún premio Nobel el rasgo personal más valioso para el siglo XXI es la capacidad de sintetizar (*). Aunque muchos sabéis que la información generada por la acción humana crece exponencialmente, enfrascados en nuestras vidas diarias, no somos realmente conscientes de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, y sólo podemos sentir vértigo si nos informamos aunque sea un poco sobre el tema. Para que os hagáis una idea, existen muy diversas estimaciones por la red, y a modo de ejemplo algunas ilustran que si consideramos como base la cantidad de información generada por la totalidad de la humanidad hasta 2003, en 2011 esa cantidad se generaba….: ¡Cada dos días!

En definitiva, en el artículo se cita como fundamental saber decidir adecuadamente los criterios bajo los cuales se debe discriminar la información considerada esencial de la que será descartada. Y en resumen, afirma que los líderes serán aquellos que sepan  sintetizar percibiendo relaciones y anomalías que no siempre serán obvias, teniendo por tanto mayor probabilidad de tener ideas y enfoques imaginativos e innovadores.

La segunda y última, se titulaba ‘Riesgo, incertidumbre y duda.’, y desarrollaba estos puntos cruciales en la toma de decisiones, ordenados por dificultad creciente al abordarlos.

El riesgo, explicaba el artículo, se refiere al aspecto expresable en términos probabilísticos de la gestión de lo que desconocemos. Se me ocurren infinidad de ejemplos en nuestra vida diaria, como pueden ser los juegos de azar; a su vez, en el mundo empresarial hay departamentos enteros en grandes bancos y multinacionales dedicadas a los aspectos calculables de análisis de sus futuras inversiones.

La incertidumbre por el contrario, es sencillamente incalculable, y no hay base científica que permita hacerlo, por lo que las relaciones causa-efecto son cada vez más difíciles de descubrir. Actualmente vivimos en un entorno de creciente incertidumbre, entre otras cosas porque el comportamiento de los agentes económicos en un mundo cada vez más globalizado dista mucho de ser racional, siendo predominantemente emocional. Sobre incertidumbre sobran los ejemplos, pero pensad en los efectos en vuestras vidas de lo que hagáis mañana.

Finalmente, la duda también nos espera a la vuelta de la esquina y aparece cuando no existe ningún resultado adecuado, cuando inevitablemente hay que escoger entre dos soluciones malas, o entre diversas opciones que aun siendo buenas acarrean todas ellas desagradables efectos. A modo de ejemplo muy ilustrativo imaginad a un padre aguantando a sus dos hijos en un precipicio con ambos brazos, siendo consciente de que sólo tiene fuerza para salvar a uno. A nivel global la duda está presente en el crecimiento sin control de internet, en la modificación genética de los seres humanos o la tan vigente drástica elección de los estados entre seguridad colectiva y libertad individual.

Y es que amigos, aun sin planteárnoslo la mayoría de nosotros vivimos marcados en mayor o menor medida por la aversión al riesgo y la incertidumbre. No me podréis negar que muchos queremos por ejemplo practicar deportes de riesgo sin riesgo, siendo esto una forma más de autoengaño. La duda, a su vez implica aceptar las diferencias entre los valores en base a los cuales tomamos las decisiones. En este sentido, no tener claros nuestros valores en las decisiones trascendentes de nuestra vida nos aboca a un fracaso casi seguro.

Saber lidiar con todos, implica aceptar las consecuencias de nuestras decisiones y, en definitiva, tomar las riendas de nuestra vida.
(*) Si no me creéis, probad sólo a leer lo escrito en negrita.

lunes, 18 de noviembre de 2013

'De grifos abiertos y patadas a la piedra.'


                A menos que esté fuera de la Región, tras una intensa semana laboral en Murcia, los fines de semana me gusta salir a pasear por la playa con la compañía de algún programa de radio.

Hace unos días, por ejemplo, sintonizaba ‘Te doy mi palabra.’ de Isabel Gemio en Onda Cero, cuando a mitad de entrevista a José Luis Garci (con motivo de la publicación de su último libro sobre cine descubriría después), y en un determinado momento afirmaba algo así como ‘Las crisis ocurren cuando lo viejo no termina de irse y lo nuevo no termina de llegar.’

Hablando también de crisis, hace un par de semanas, esta vez en televisión, en el programa ‘Salvados.’, Arturo Pérez Reverte con cierta resignación afirmaba ante Jordi Évole que ‘lo más triste es que deseamos que pase esta crisis para volver a hacer lo mismo que la causó’.

Me parecieron interesantes ambas afirmaciones, especialmente la segunda que remarcaba el carácter cíclico de los vaivenes de la economía (como conjunto de decisiones de la sociedad). Así vivimos en el contexto de una economía siempre en constante cambio, y que si alguna vez parece estar equilibrada lo es por el equilibrio puntual e inestable del comportamiento macroeconómico de las variables más importantes (PIB de un país y sus componentes, tasa de empleo, inflación, tipos de interés, etc) , como el de un lavabo en el que se deja un grifo abierto y por el sumidero desagua exactamente las misma cantidad  de agua que la del chorro que pretende hacerlo rebosar.

Precisamente esta analogía entre comportamiento de una economía y un circuito hidráulico sirvió de base para que el economista neozelandés William Phillips inventara en 1949 un ordenador hidráulico (MONIAC), que en definitiva consistía en un entramado de tuberías y vasos transparentes por el que el agua, que representaba el dinero, debía circular. El circuito comenzaba con la emisión de dinero del Tesoro, y a lo largo de una red de bifurcaciones, con otros depósitos y válvulas y bombas, se iban simulando los efectos de importaciones, exportaciones, impuestos, inversiones ahorro, superávit, déficit etc. Se pretendía conocer con anticipación cualquier efecto en la economía de la alteración de alguna de las variables citadas, intentando evitar que el sistema se secase o encharcase. Con independencia de que la economía tiene un comportamiento de una complejidad muy superior a la que dicho ordenador conseguía representar, hay que reconocer que el invento resultaba tremendamente ingenioso y pedagógico, por lo que me encantó poder contemplar en su momento una de los escasas máquinas  fabricadas en el Museo de la Ciencia de Londres.
Máquina MONIAC exhibida en el
Reserve Bank of New Zealand (Fuente: Wikipedia.)

Así que pensando en los flujos económicos como caudales de líquidos que llenan recipientes, se me hace extraño entender una economía como la nuestra, en la que se da por sobreentendido que (representada por el PIB como variable fundamental) tiene que crecer indefinidamente para que las cosas vayan razonablemente bien, siendo por ejemplo ahora mismo una de las mayores preocupaciones sobre la economía de nuestro país discernir cuánto tiene que crecer para generar empleo: que si un 1,5%, o tal vez un 2,5%,…; quién sabe.

En primer lugar, para crecer constantemente de manera indefinida ( en un mundo en el que además cada vez somos más) , se intuye que como poco (a igualdad de precios), hay que consumir (destruir) al menos a la misma velocidad que se crea. Aquí entrarían en juego la obsolescencia programada de infinidad de bienes producidos, el marketing para estimular las motivaciones de compra de muchos productos que en sentido estricto o no necesitamos o vienen a sustituir a otros aun útiles y en última instancia, la capacidad destructiva de los siempre indeseables desastres naturales y las temidas guerras.

En segundo lugar, nunca hay que olvidar que no se cuenta con recursos ilimitados que respalden indefinidamente dicho crecimiento, en particular el (tan estrechamente ligado al PIB) consumo de energía, y otros factores limitantes como la capacidad del planeta para absorber la contaminación generada por la actividad económica humana, o la superficie cultivable, entre otros…

Bajo esta premisa de razonamiento que cuestionaba la posibilidad de un crecimiento ilimitado basado en recursos limitados, en 1968 se fundó el Club de Roma en dicha ciudad, una asociación de tipo ONG integrada por políticos y científicos. Esta asociación prácticamente desde sus orígenes es mundialmente conocida por haber encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) el célebre informe ‘Los límites al crecimiento.’ publicado por primera vez en 1972, y que desde entonces ha sido motivo de revisiones aproximadamente decenales. Para elaborarlo se utilizó una técnica llamada Dinámica de Sistemas, que a través de un programa informático específico (World3) realizó diversas simulaciones, obteniendo la siguiente conclusión principal:

              ‘Si el actual incremento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y la explotación de los recursos naturales se mantiene sin variación, alcanzará los límites absolutos de crecimiento en la Tierra durante los próximos cien años.’ (Fuente: Wikipedia).

                Como os podréis imaginar, algunos de los escenarios que contempla no son muy atractivos, pues habla de agotamiento de recursos naturales, seguido de un colapso de producción agrícola e industrial y un brusco decrecimiento de la población humana. Lógicamente desde su publicación han generado no pocas controversias, siendo las principales críticas que no tiene en cuenta los efectos favorables de nuevas tecnologías que puedan aparecer hasta entonces. También se les acusa de haber manipulado datos para obtener tan catastrófico resultados. En cualquier caso no se puede negar que más allá de la precisión de sus terribles predicciones, tratan de alertar sobre peligros relativamente inminentes, y aportan posibles soluciones constructivas en la búsqueda de un futuro mejor a largo plazo.

                En mi opinión (a nivel de barra de bar), qué duda cabe de que en las próximas décadas se van a desarrollar espectaculares avances tecnológicos en las áreas de ingeniería genética, nanotecnología e inteligencia artificial, que van a alterar sustancialmente la forma de  alimentarnos, sanarnos, educarnos y relacionarnos. También llegarán la fusión nuclear como fuente de energía y se desarrollarán muchísimo las renovables: la cuestión es si estos avances llegarán a tiempo como la mano amiga que salva del precipicio al escalador protagonista de la película en el último minuto.

                Mientras  tanto, en vez de esperar a esos desarrollos, y seguir con el mismo modelo económico como el que paseando se encuentra una piedra y le da una patada  a sabiendas de que se la volverá a encontrar unos metros más adelante… 

¿No sería mejor comenzar a plantearnos modelos económicos alternativos, más austeros y sostenibles?

domingo, 3 de noviembre de 2013

'De planos coloreados y programas que no vi.'


No hace mucho emitían en una cadena una serie que nunca vi de la que sólo recuerdo su título: ‘El Noble Oficio de la Construcción’. Supongo que sabría de su existencia por algún anuncio  o quizás una breve reseña en la guía de programación del periódico.

El caso es que se refería a mi profesión, y sonaba bien en mi mente llamarla noble, porque como a quien más o a quien menos, me gusta saber que me gano la vida aportando mi pequeña contribución a la sociedad, siempre intentando dar lo mejor de mí. Además, todo hay que decirlo, me enorgullece que en nuestro sector, constructoras e ingenierías españolas estén a la vanguardia a nivel mundial, aún a pesar de lidiar en casa con una crisis sin precedentes, tanto en la edificación residencial como en el conjunto de inversiones en obras públicas.

Os adelanto todo esto porque sin incidir demasiado en los entresijos de la construcción, como os podréis imaginar, en el día a día de la profesión pese a la gran cantidad de imprevistos, contratiempos y dificultades de todo tipo (muchas veces causadas por esta peculiar idiosincrasia patria), resulta tremendamente gratificante ver crecer día a día cualquier proyecto pasando del papel a la realidad.

Recuerdo  por ello con mucho cariño cuando, como jefe de obra, te daban tus jefes un proyecto y tras una revisión preliminar rápida en la pantalla de tu ordenador, te ibas imprimiendo un juego personalizado de planos, en los que ibas anotando con una amplia gama de colores todas tus impresiones iniciales, dudas, revisiones de textos y acotaciones, consiguiendo con ello la doble tarea de hacerte una imagen mental precisa de la obra terminada y a la vez de sentir tuya  la ilusión por construirla.

Emociones similares sentías posteriormente, al realizar una programación precisa de los trabajos a realizar, obligándote a la vez con tu empresa y contigo mismo a cumplir (y si es posible mejorar) tanto los costes y plazos parciales de las distintas fases de la obra como los totales previstos.

Y es que, esto es importante, cuando a los sueños se le ponen fechas pasan a llamarse objetivos, así que de alguna manera todo lo que he aprendido en los últimos años en mi profesión sobre esta forma de trabajar por proyectos es tremendamente útil por ser extrapolable a cualquier otra actividad o faceta de nuestra vida.

Aunque eso sí, con la enorme diferencia de que en nuestra vida personal, no nos van a traer ningún proyecto, nadie va a venir a soñar por nosotros….

Fotografía  cortesía de Carmen Pizarro. ;)